Mensaje para los líderes del G8 en L’Aquila

Durante muchos años, el mundo ha sido consciente de los desastrosos efectos del sida, que se ha llevado por delante millones de vidas y ha afectado a muchos otros. El mundo ha sido, sin embargo, menos consciente de que, precisamente en los últimos años, se han salvado millones de vidas.

En 2001, cuando el G-8 se reunió bajo la presidencia italiana en Génova, los países más poderosos del mundo constituyeron el Global Fund to Fight AIDS, Tuberculosis and Malaria -Fondo Mundial de lucha contra el Sida, la tuberculosis y la malaria-, con el que pusieron en marcha un esfuerzo multilateral sin precedentes contra las tres enfermedades que en mayor medida afectan a los pobres del mundo y, con especial virulencia, a África. En poco más de siete años, este Fondo Global ha financiado planes que han salvado la vida de cuatro millones de personas: 3.000 al día.

Personalmente, estoy muy preocupada por las mujeres y por los niños en particular, porque en casi todos los lugares del mundo suelen ser quienes figuran al final de todas las colas. Aunque todavía nos queda un gran camino por recorrer para proteger a madres e hijos del Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH), el tratamiento eficaz del sida ha permitido evitar que más de medio millón de madres transmitan el virus a sus hijos. Millones de niños que se han quedado huérfanos por el sida reciben hoy alimentación, educación y ayuda social gracias a programas financiados por este Fondo Mundial.

Este extraordinario vuelco de la situación, así como los avances en la lucha contra la malaria, la tuberculosis y otras enfermedades que se han podido prevenir mediante vacunación a lo largo de los últimos años, ha hecho llegar a centenares de millones de personas de todo el mundo nuevas esperanzas de que vamos a ser capaces de controlar estas enfermedades. He visitado recientemente Burkina Faso y he visto clínicas que ahora ofrecen análisis del VIH, tratamiento y atención médica a mujeres embarazadas. Sus médicos y enfermeras me han hablado de las renovadas esperanzas de estos sectores sociales y de una revolución que está teniendo lugar en algunos de sus servicios de salud, ahora que estos medicamentos están a su alcance y que médicos y enfermeras pueden ayudar a sus pacientes a experimentar una auténtica mejoría y no limitarse a aliviar su sufrimiento.

Esta revolución está empezando a transformar África, aunque buena parte de los avances está en peligro a consecuencia de la crisis económica. Las inversiones en asistencia sanitaria, no obstante, reducen las desigualdades y, en una época de penurias económicas, son más importantes que nunca para garantizar la estabilidad social. Hemos conseguido unos avances espectaculares y alentadores, pero este viaje no ha hecho más que empezar. Más de 300.000 niños, principalmente en África, se infectan de VIH cada año, en el momento del nacimiento o poco después, lo que resulta inaceptable cuando tenemos medios baratos y eficaces para impedir que las madres transmitan el VIH a sus hijos. Ésta es la razón por la que me he mostrado de acuerdo con prestar la máxima atención a esta desigualdad como embajadora global por la prevención del VIH en mujeres y niños, una vez que he sabido que millones de personas siguen en estado de necesidad cuando ya existen remedios eficaces.

Ahora que el G-8 se reúne en L’Aquila (Italia), debería sentirse orgulloso de la revolución que, en materia de asistencia sanitaria, puso en marcha hace ocho años. Espero que los dirigentes del Grupo celebren todo lo conseguido hasta ahora con una ampliación de la inversión para la salvación de vidas y la reducción de desigualdades. No sólo es posible, es que está produciéndose, está teniendo resultados, aunque todavía queda mucho por hacer.

Carla Bruni-Sarkozy, primera dama de Francia y embajadora para la protección de mujeres y niños frente al VIH/sida del Fondo Mundial de lucha contra el sida, la tuberculosis y la malaria.