‘Mental constipation’

Por Aitor Ibarrola-Armendariz (EL CORREO DIGITAL, 05/07/07):

Supongo que la diversidad y emotividad de las reacciones al anuncio del final de la tregua de ETA hace un par de semanas habrán tenido un espectro tan amplio en nuestra tierra como el de las distintas sensibilidades de las gentes que en ella cohabitamos. Así pues, la mía no deja de ser una más -y, por supuesto, no la mejor informada ni la más sesuda- de las muchas posibles. Sí es cierto, sin embargo, que debido a mi formación y mi trabajo a caballo entre varias culturas diferentes mi reacción puede resultar un tanto atípica y no carente de una serie de matices que sería interesante analizar con cierta minuciosidad.

Curiosamente, lo primero que me vino a la cabeza tras escuchar en los medios la inquietante noticia, lejos de ser un juramento en euskera o una expresión de hartazgo en castellano, fue la construcción relativamente poco frecuente en inglés que sirve de título a esta colaboración. Sólo con el paso de los días he llegado a comprender que, en efecto, tal giro puede tener alguna relevancia e incluso arrojar algo de luz sobre la situación que vivimos en nuestro reducido -pero muy querido- rincón del planeta.

Sobre el adjetivo que introduce el giro poco hay que decir, pues su significado no difiere en lo sustancial del mismo en castellano. El nombre, sin embargo, es lo que especialistas en traducción y estudios lingüísticos llaman un ‘amigo falso’, esto es, palabras o expresiones que aunque presentan una forma similar en distintas lenguas, poseen un significado radicalmente distinto en cada una de ellas. Sería el caso de los vocablos ingleses ‘carpet’, ‘library’ o ‘to molest’ que, como cualquier conocedor de esa lengua bien sabe, difieren totalmente en sus referentes reales de una carpeta, una librería o la acción de molestar o distraer a alguien. La palabra inglesa ‘constipation’, sin embargo, resulta doblemente paradójica ya que, además de no tener nada que ver con el constipado (catarro o resfriado) en castellano -excepto en su acepción más especializada en medicina-, las implicaciones semánticas del término son exactamente las opuestas. Mientras nuestros constipados tienden a expulsar y expurgar todo tipo de fluidos nauseabundos, la ‘constipation’ inglesa seca, inmoviliza y retiene impurezas hasta hacer difícil su expulsión del cuerpo humano. Hasta aquí mi digresión sobre la cuestión lingüística.

La primera vez que escuché la expresión ‘mental constipation’ fue, hará ahora una década, en boca de un sociólogo de la Universidad de Michigan con el que coincidí en un seminario sobre pluralismo y multiculturalidad en la sociedad estadounidense. El profesor Rumbaut era un investigador cubano-norteamericano -con lo que esta categorización pueda tener de problemática e incluso espinosa; piénsese en alguien auto-denominándose como vasco-español en nuestra tierra, por ejemplo- al que le gustaba emplear este giro idiomático para describir la rigidez, pesadez y carencia de versatilidad que observaba en la mente de algunos de los participantes en el seminario.

Según Rumbaut, todos estos rasgos psicológicos resultaban particularmente preocupantes en especialistas (en migraciones y relaciones interétnicas) que habían de enfrentarse a diario a problemas y situaciones cambiantes que demandaban todo tipo de soluciones flexibles e imaginativas. El peor pecado ante tales realidades era, desde su punto de vista, intentar recuperar conceptos, tipologías y formas de ver del pasado cuya inoperancia para estudiar y dar respuesta a las cuestiones del presente era fácilmente demostrable. Su estrategia propedéutica favorita era la de poner en evidencia las disfunciones y contrasentidos a los que podía dar lugar la aplicación mecánica de paradigmas derivados de situaciones en otros tiempos.

Es posible que en un principio no resulte sencillo establecer una conexión directa entre contextos tan dispares como un seminario de especialistas sobre los temas arriba mencionados y una región/nación que lleva casi treinta años negociando su nueva identidad y estatus político. Sin embargo, una serie de similitudes vienen de inmediato a la mente: la heterogeneidad de ambos contingentes humanos, el impresionante peso que determinadas tradiciones de pensamiento social y político tienen para algunos de ellos o el planteamiento de problemas complicados por la emergencia de todo tipo de nuevos factores. Salvando las evidentes diferencias -sobre todo la de que en el primer caso se trataba solamente de un ‘laboratorio’ de ideas, mientras en el segundo nos enfrentamos a dilemas y conflictos reales a resolver-, es posible que algunas de las amenazas y disfunciones detectadas por el profesor Rumbaut tengan también cierta presencia en el contexto de la delicada situación sociopolítica en nuestra tierra. O, al menos, tal sería mi explicación al hecho de que fuese precisamente ese inusual giro inglés el que me vino a la cabeza tras oír la desesperanzadora noticia.

La ‘mental constipation’ -o ‘psycho-retentive condition’, como el sociólogo cubano-norteamericano también se refería a esta disfunción- puede tener su origen en diversos motivos. Al igual que su variante física, pueden existir componentes genéticos o de metabolismo (psicológico, en este caso) que ocasionen una excesiva absorción de líquidos (o ideas) que compliquen luego la liberación de desechos poco saludables para nuestro cuerpo (y facultades mentales). Habitualmente, esta clase de ‘constipation’ es relativamente fácil de corregir por medio de un cambio de dieta alimenticia (o ideológica), o de la adquisición de unos hábitos que ejerciten músculos (o partes del cerebro) que con anterioridad permanecían aletargados.

Más complicados son los casos de estreñimiento mental ocasionados por factores externos. ¿Quién no ha visto su metabolismo alterado por un viaje o por condiciones climáticas adversas? Cuando el entorno se nos presenta inhóspito o incluso violento hacia nuestras funciones vitales es de esperar que nuestro cuerpo (y mente) empiecen a generar comportamientos y reacciones poco naturales o incluso disfuncionales. Sin descartar que en Euskadi, como en todas las demás partes del planeta, haya casos de ‘mental constipation’ del primer tipo, me atrevería a afirmar que en la mayoría de los casos han sido unas condiciones ‘ambientales’ adversas y prolongadas en el tiempo las que han producido la inusitada generalización de esta disfunción. Ni que decir tiene que ofrecer soluciones a esta segunda clase de ‘mental constipation’ resulta más arduo y, por lo general, requiere unos tratamientos más agresivos para procurar reestablecer el equilibrio y la fluidez mental perdidos.

Aun a riesgo de sonar un tanto pretencioso -dadas mis limitaciones tanto en el campo de la psicología como de la teoría política-, me gustaría concluir con un par de recomendaciones que considero de sentido común en estos casos. Por una parte, parece ingenuo asumir que va a ser el entorno el que de un día para otro vaya a facilitarnos una actividad (física o mental) largamente anquilosada por unos hábitos inadecuados. Son los sujetos -ya sean individuales o colectivos- los que han de mostrar la flexibilidad y adaptabilidad suficientes para ajustar sus comportamientos, valores y aspiraciones a las necesidades del momento. El manido ejemplo de nuestros ancestros los dinosaurios habla por sí solo a este respecto. Por otra parte, rara vez resulta recomendable intentar aplicar fórmulas que pudieron tener su eficacia en otras épocas y otros lugares del planeta. Sin desdeñar por completo las enseñanzas que, indudablemente, la Historia nos ofrece, parece más inteligente realizar análisis detallados de las condiciones (internas y externas) de la presente situación y actuar de acuerdo a principios tan básicos como el del máximo bien común o el del menor daño (Ignatieff). No es mala política, en este sentido, el comenzar por admitir que la solución al problema o la disfunción está en nuestras propias manos y no en las de toda una serie de galenos y chamanes que nos bombardean con sus remedios mágicos por doquier.