Mentiras, malditas mentiras, y las estadísticas del crecimiento europeo

“Grecia finalmente ha regresado al crecimiento económico”. Esa fue la trama oficial de la Unión Europea a fines de 2014. Desgraciadamente, los votantes griegos, poco impresionados por esta celebración, destituyeron al gobierno en funciones y, en enero de 2015, votaron por una nueva administración en la que me desempeñé como ministro de Finanzas.

La semana pasada, de Bruselas emanaron informes igualmente celebratorios pregonando el “retorno al crecimiento” en Chipre, y contrastando esta “buena” noticia con el “regreso a la recesión” de Grecia. El mensaje de la troika de prestamistas de último recurso europeos -la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional- es alto y claro: “Hagan lo que les decimos, como ha hecho Chipre, y se recuperarán. Resistan nuestras políticas, eligiendo a gente como Varoufakis, y sufrirán las consecuencias de una mayor recesión”.

Esta es una historia potente. Sólo que se basa en una mentira inverosímil. Grecia no se estaba recuperando en 2014, y el ingreso nacional de Chipre no se ha recuperado aún. Las afirmaciones de la UE que sostienen lo contrario se sustentan en un foco inapropiado en el ingreso nacional “real”, una métrica que tiende a ser engañosa en los períodos de caída de los precios.

Si a usted le preguntaran si está mejor hoy que hace un año, respondería de manera afirmativa si su ingreso monetario (es decir, el valor de su dólar, libra, euro o yen) aumentó durante los 12 meses anteriores. En los tiempos inflacionarios pasados, usted también podría haber acompañado su respuesta con la queja (razonable) de que los incrementos en el costo de vida erosionaron su mayor ingreso monetario.

Para atender a esta brecha entre su ingreso monetario y su capacidad de utilizarlo para comprar cosas, los economistas se centraron en su poder adquisitivo ajustando su ingreso monetario para los precios promedio.

El ingreso agregado de un país se mide de un modo similar. Los economistas empiezan por sumar los ingresos monetarios de todos para extraer el Producto Interior Bruto -o, en aras de la simplicidad, el ingreso monetario total del país (N)-. Luego ajustan N a los cambios en los precios promedio (P) dividiendo N por P. Este ratio es el ingreso “real” del país (R = N/P).

Durante tiempos inflacionarios, el objetivo de calcular la cifra del ingreso nacional real, R, fue que impidió que nos entusiasmáramos en exceso con los informes de que el ingreso monetario había aumentado sustancialmente. Por ejemplo, en un momento en que los precios promedio aumentaban, digamos, un 8%, un incremento del 9% en el ingreso monetario se tradujo en una tasa de crecimiento real de apenas 1% en nuestra capacidad de comprar cosas.

De modo que, claramente, en tiempos inflacionarios, la cifra del ingreso nacional real, R, era la que había que mirar antes de celebrar que la economía estaba creciendo. Sólo cuando R aumentó fuertemente tuvimos un buen motivo para creer que la actividad económica estaba creciendo.

Pero en períodos de deflación (cuando los precios caen), como los que enfrentó Grecia y hoy se viven en Chipre, R puede ser profundamente engañoso. Consideremos la representación hipotética de una economía deflacionaria en la tabla a continuación.

Año 1

Año 2

Año 3

Ingreso Nacional Monetario (N)

100

98

96

Índice de Precios Promedio (P)

100

99

93

Ingreso Nacional Real (R = N/P)

1

98/99

96/93

Crecimiento de N

-2%

-2,04

Tasa de Inflación

-1%

-6,06%

Crecimiento de R

-0,01%

+4,28%

Del Año 1 al Año 2, el ingreso monetario del país (N) se redujo el 2% (de 100 a 98), mientras que el índice de precios promedio cayó el 1% (de 100 a 99). En el año siguiente (Año 3), la recesión se agudizó, con una caída adicional del ingreso monetario del 2,04% (de 98 a 96) y una caída aún mayor en los precios en tanto la deflación alcanzó el 6,06%.

Este es el panorama de una economía que se desliza de una recesión hacia algo reminiscente de una depresión: la caída de los ingresos y descensos aún más rápidos de los precios. Pero denle una mirada a la última hilera: el ingreso nacional “real” parece haberse recuperado drásticamente en el Año 3, habiendo subido un saludable 4,28%.

Ahora bien, esto es un espejismo -una ilusión causada por la caída de los precios-. En otras palabras, en economías deflacionarias, donde la gente y el estado tienen deudas significativas, sólo los aumentos del ingreso monetario (y no el real) son causa de algarabía.

Uno podría retrucar diciendo que un incremento del ingreso nacional real, R, es siempre una buena noticia, aún si los ingresos monetarios están cayendo. Porque si los precios (P) caen más rápido que los ingresos monetarios (N), esto sin duda significa que podemos comprar más por menos. ¿Acaso esto no es algo bueno?

En verdad, lo es -pero sólo sin la trabaja habitual: la deuda-. Cuando la gente y los gobiernos están muy endeudados, y mientras paguen un interés positivo sobre esa deuda, la caída del ingreso monetario es una receta para la insolvencia colectiva.

Eso es lo que estaba sucediendo en Grecia en 2014, cuando R había aumentado el 0,8% pero P había caído el 2,6%. También es lo que estaba sucediendo en Chipre durante el último trimestre de 2015, con R en 0,4% en enero de 2016 pero P en -0,75%. Por cierto, gran parte de la periferia europea está atrapada en un atolladero deflacionario, en el que los ingresos caen, las deudas se disparan (como porcentaje de los ingresos monetarios) y los bancos están inundados de préstamos morosos que les impiden prestarles inclusive a empresas rentables.

Desde hace varios años, los responsables de las políticas de Europa han estado paralizados. Han invertido demasiado capital político en sus políticas fallidas en el intento de revertir el curso. Pero nadie debería dejarse engañar por la prestidigitación estadística: centrarse en los datos del ingreso nacional real durante un período de deflación no es más que un esfuerzo por reempaquetar una depresión económica y venderla como una gran historia de éxito.

Yanis Varoufakis, a former finance minister of Greece, is Professor of Economics at the University of Athens.

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