Mercados: ricos y pobres

La última semana del pasado mes de junio una delegación de quince empresas españolas aceptamos la invitación de la Secretaría de Estado de Comercio para, en colaboración con el Consejo Superior de Cámaras de Comercio y la CEOE, acompañar en Nigeria al presidente del Gobierno en su reunión con los miembros de la Comunidad Económica de los Estados de África Occidental (CEDEAO-Ecowas).

En términos de coyuntura inmediata es de resaltar el acierto del presidente Zapatero al hacer coincidir el encuentro empresarial Nigeria-España con la reunión de los países del Ecowas, lo que nos permitió a los miembros de la delegación empresarial española la posibilidad de reunirnos directa y personalmente nada menos que con los propios presidentes de Liberia, Guinea-Bissau, Senegal, Gambia y Nigeria. Una oportunidad que quizá en alguna ocasión pueda estar al alcance de grandes corporaciones como CAF, Gamesa, Repsol, Gas Natural o Iberia, pero que de otra forma sería prácticamente imposible para una empresa familiar como es Ega Master.

En términos de estrategia a más largo plazo, sería de agradecer que los diversos gobiernos, con sus presidentes al frente, profundizaran en este ámbito de relaciones y se comprometieran de forma sistemática a planes de actuación continuados en el tiempo. De todos es sabido que así como en el mundo occidental la política gubernamental apenas influye en el día a día de la relación comercial, son sin embargo muchos los países de otros continentes en los que el mercado se desenvuelve con frecuencia paralelamente a las políticas públicas. Somos muchos los empresarios que sentimos una sana envidia cuando vemos a Nicolas Sarkozy visitar diversos países y volver a París con enjundiosos pedidos comerciales bajo el brazo. Por razones que se me escapan, esta cultura político-comercial apenas tiene consideración alguna ni en el Gobierno del Reino de España ni en los de sus autonomías.

Sea como fuere, Nigeria se nos ha demostrado como un mercado propicio para las exportaciones españolas en general y vascas en particular. Por un lado, es relevante el propio potencial del país, no en vano es con sus 150 millones de habitantes la segunda economía más importante del continente africano después de Sudáfrica. Como mayor productor de petróleo de África y el decimoprimero en el mundo, Nigeria es uno de los países emergentes a nivel mundial y sus planes de desarrollo contemplan llegar a ser para el año 2020 una de las veinte mayores economía del mundo. Por otra parte, Nigeria ha vivido hasta fechas muy recientes al margen de la economía mundial y esta debilidad se convierte en fortaleza en el momento en que la crisis global afecta sobremanera a los países cuyo desarrollo está relacionado con las economías occidentales y sus dificultades financieras. Además, en el caso del reciente viaje que nos ocupa, el mero hecho de que nuestros potenciales clientes pudieran comprobar con sus propios ojos que hemos sido recibidos por su presidente ayuda sin duda a consolidar nuestra presencia en los mercados subsaharianos.
Pero Nigeria no es más que un botón de muestra de los grandes cambios que se nos avecinan en el mercado mundial. Todos los datos que se barajan apuntan a que el actual equilibrio existente entre países variará sustancialmente en apenas una generación. En veinte años, el PIB de China será superior al de Estados Unidos, el de India superará al de Japón y el PIB del G-7 (Alemania, Canadá Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido) será inferior al de los BRIC (Brasil, Rusia, India y China) en la década de los treinta. Y, junto al liderazgo de estos cuatro Estados, el futuro económico pasará en los próximos cuarenta años por México, Corea, Turquía, Indonesia, Irán, Pakistán, Nigeria, Filipinas, Egipto, Bangladesh y Vietnam.

Hablar de lo que vaya a poder pasar en los próximos veinte, treinta o cuarenta años se nos antoja en la práctica como muy lejano y aventurado. Con mayor o menor escepticismo asentimos ante las propuestas de cambio que se nos auguran, pero apenas reaccionamos. Sin embargo, todo apunta a que los cambios van a ser aún más duros de lo que somos capaces de imaginar. Y no precisamente porque el sistema capitalista que básicamente rige nuestras vidas, empresas y mercados vaya a cambiar, sino porque, precisamente para poder mantenerse, el capitalismo va a experimentar fuertes innovaciones. Juan Urrutia (‘El capitalismo que viene’. Barcelona, 2008), tras dejar constancia de que el capitalismo se ha quedado solo, sin posibilidad de otros sistemas alternativos, estudia las modificaciones que en la propiedad privada, la empresa, el mercado y el Estado se van a producir por la globalización creciente, el rápido desarrollo de las nuevas tecnologías y la consolidación de la sociedad del conocimiento, y asegura que «deberemos estar convencidos de que nada va a ser como hasta ahora (…) Y todo ello en un ambiente competitivo como nunca hemos visto y que pondrá en juego no pocas verdades heredadas sobre la política de la competencia».

Mientras tanto, muchas de nuestras empresas siguen apegadas al mercado doméstico y nacional, nuestras tan cacareadas exportaciones se limitan en gran medida a Europa, Sudamérica y al Magreb, y Nigeria, con tantos habitantes como media Unión Europea y cabecera de toda la región subsahariana, nos sigue pareciendo tremendamente pobre e incómodamente periférico.

Es cierto que nosotros seguimos siendo ricos y ellos son todavía pobres. Pero no es menos cierto que nosotros somos cada vez más pobres y ellos son cada vez más ricos. El día que nos convenzamos de que Europa no es el centro del mundo quizá nos decidamos a cambiar. Pero, quizá, será ya demasiado tarde.

Aner Garmendia, director general de EGA MASTER, miembro de Innobasque y Premio Principe Felipe 2008 a la Excelencia Empresarial.