Mesas extraparlamentarias

Por Andrés Montero Gómez, especialista en psicología de la violencia (EL CORREO DIGITAL, 27/06/06):

Los medios de comunicación franceses hicieron caso omiso al último comunicado de ETA. La banda terrorista demandaba al Gobierno de París, también a sus ciudadanos, involucrarse «directamente» en la resolución del ‘conflicto’ vasco. Interpelando directamente a Francia en su manifiesto, quien redactara la nota del grupo terrorista estaba soslayando, evidentemente de forma interesada, que Francia ya lleva décadas implicándose en la resolución del pretendido problema vasco. Lo que ocurre es que el papel que ha tenido Francia no le gusta demasiado a ETA. Cierto es que durante años, hasta los 90, nuestros vecinos del norte han sido, por decirlo suavemente, espectadores pasivos y hospedadores distraídos, de los variopintos criminales de ETA y aledaños. Eso le agradaba al grupo terrorista. Ahora, y desde hace más de dos décadas, el papel francés ha dejado de complacer a los terroristas, puesto que Francia y España han tejido una cooperación policial y judicial, basada en el entendimiento intergubernamental, que conforma uno de los pilares para que ETA y su banda estén hoy en esa denominada ‘actitud de diálogo’.

El comunicado de ETA a la población y autoridades francesas estuvo dirigido, como bien sugirieron los Socialistas vascos, a los propios terroristas y a los militantes y simpatizantes de la izquierda abertzale. Era un comunicado para consumo interno. Igual de internas serán las claves que escuchemos de ETA de aquí en adelante. Hemos de tener en cuenta que ETA debe continuar construyendo y alimentando la percepción de que asesinar y mutilar han tenido algún sentido para el terrorista individual, sobre todo para el finalmente encarcelado. A nadie le es más necesaria la ideación argumentativa de un asesinato que al propio asesino y, en paralelo, a quienes le justifican o legitiman. El resto, quienes hemos asistido horrorizados al lenguaje de la violencia de ETA, sabemos muy bien que no existe ninguna causa independentista vasca, ningún conflicto irresuelto, al que sea lícito apelar por vías no democráticas. El resto reconocemos el crimen y al criminal, también a quienes les han apoyado, justificado o respaldado, mirado para otro lado interesadamente o a quienes se han aprovechado de los espacios de beneficio creados por el terror. Si la violencia no hubiera sido un generador histórico de beneficios para alguien, no existiría socialmente en cualquiera de sus manifestaciones.

Éste es el momento en que ETA pretende recoger beneficios o, cuanto menos, transmitir la percepción de un beneficio. El lenguaje de sus expresiones, a través de comunicados y entrevistas, o en interlocuciones clandestinas con unos y otros, continuará siendo belicista y tendrá referentes de victoria. ETA pretenderá hacernos creer, pero sobre todo hacerse creer, que ha obtenido réditos a décadas de asesinato. Las mesas de diálogo gestadas en Anoeta son los espacios donde ETA buscará construir un escenario que pueda ser presentado, ante ellos mismos, como una ganancia del terrorismo, o de la ‘lucha armada’ si empleamos el lenguaje distorsionado de surealidad criminal.

Las mesas de Anoeta son extraparlamentarias porque no son mesas políticas. Las conversaciones que reunirán al Gobierno y a ETA en un espacio de diálogo, con intermediación internacional, es una mesa técnica. Ya saben, fundamentalmente centrada en cómo acordar libertades de presos, en escalonamiento progresivo, sin que parezcan indultos directos. Después se instituirá la mesa entre la nueva marca de Batasuna y el resto de formaciones políticas vascas. Esta mesa es extraparlamentaria como la otra porque no es política, sino partidista.

Como ha argumentado Savater, entre otros, si la mesa política propuesta en Anoeta tuviera la real naturaleza que su denominación indica, sería el Parlamento vasco la sede soberana más adecuada para dirimir cuestiones políticas. Tanto más cuanto la nueva marca de Batasuna estará operativa a tiempo para obtener un escaño en el Parlamento de Vitoria y quién sabe si algún sillón en Ajuria Enea. Sin embargo, la segunda mesa no es política, sino partidista. Estará dedicada a garantizar para Batasuna discriminación positiva en el escenario político vasco en los próximos, pongamos, diez años. Y el garante de esa discriminación positiva pudiera ser el Partido Socialista de Euskadi, en primer término, y el nacionalismo peneuvista, de manera concurrente.

La segunda mesa de Anoeta reunirá, con toda probabilidad, a una Batasuna legalizada. Esta segunda mesa es, en buena medida, una tercera, porque alguna mesa ha debido de constituirse ya de forma activa para ir avanzando en el proceso. No sería, por tanto, habilidad prospectiva sobrenatural pormi parte pensar que la mesa partidista ya ha sido organizada. Probablemente es discreta y no está sometida a escrutinio alguno. Quizás esté reuniendo ya a socialistas vascos y batasunos. En ella se acordarían las condiciones del retorno de Batasuna a la legalidad, que es la operación sencilla. La legalidad de la izquierda abertzale es tan factible como pasar a denominarse de otra manera y, en principio, que sus cabezas de lista sean hombres o mujeres de paja no encausados por relación o pertenencia a ETA, manejables por unos Otegi y Barrena que no podrían estar nominalmente en una lista legal si se respeta la Ley de Partidos (no permite el mismo perro con distinto collar). El resto de condiciones negociables en esa mesa en la sombra serían, precisamente, las relativas a los parámetros para una discriminación positiva de la izquierda abertzale.

¿Cómo podría conseguirse que Batasuna obtuviera beneficios sin que pareciera que los obtiene, de manera que a Josu Ternera le compensara el esfuerzo que está realizando para desactivar a ETA? Pues con un pacto o algo que se le parezca mucho. Una buena conjetura sería imaginar que los socialistas vascos pueden ofrecer a Batasuna dos cosas. La primera, impulso de un generoso estatuto autonómico en la segunda legislatura de Zapatero y ‘stock options’ para renovarlo en quince o veinte años, hacia el federalismo. La siguiente, apoyo expreso, con coalición de gobierno de izquierdas si llegara el caso, a la marca Batasuna en ayuntamientos y corporaciones, además de en la propia Ajuria Enea, a fin de que el propio abertzalismo tuviera la cuota de poder, el tiempo y los recursos como para traducir el autonomismo en federalismo durante los próximos años. Tal vez no llegue a tanto el pacto, o ni siquiera haya pacto, y este relato no sea más que una especulación.