Metamorfosis y escaparate en los Juegos Olímpicos de Pekín

Por Augusto Soto, consultor y profesor en ESADE, Barcelona (REAL INSTITUTO ELCANO, 20/07/07):

Tema: Los Juegos Olímpicos de 2008 en Pekín se están viendo precedidos por una inédita serie de medidas y actuaciones rápidas, que incluyen la imagen, las relaciones públicas y las infraestructuras, y que resumen los espectaculares avances así como las contradicciones de China.

Resumen: Este ARI analiza, en primer lugar, algunos de los más espectaculares cambios del Pekín preolímpico. Segundo, intenta perfilar algunos de los efectos de las transformaciones más de fondo. Y tercero, reflexiona sobre las oportunidades y desafíos que brinda el evento a actores estatales y no estatales.

Análisis: Los Juegos Olímpicos (JJOO) representan el capítulo más reciente de la modernización de Pekín, y por ampliación, de toda China. Sus preparativos, desde hace un lustro, rompen con algunos de los antiguos moldes propiciados por el Estado, desdoblado en la promoción de acciones directas o por delegación a la hora de alzar las infraestructuras deportivas y modernizadoras de la ciudad. Sus efectos pueden ser calificados de transformistas a la par que transformadores.

Ideas y proyectos de carácter transformista

Los Juegos cuentan con una frase de evidente alcance global: “un mundo, un sueño”. Fue ideada por la consultora China Click2 International Consulting, ganadora de un concurso abierto a participantes de varios países en el que se recibieron 210.000 propuestas por correo electrónico. Es una traducción de la frase original en inglés “One World, One Dream”, que recuerda al tema We Are the World, We Are the Children del cantante Michael Jackson y al enfoque omnipresente de medios como la CNN. Según los organizadores, el lema fue escogido porque aunaba la antigüedad de la cultura del país con el espíritu olímpico. Una vez elegido, fue enviado por SMS a los usuarios de teléfonos móviles de todo el país.

Para las ceremonias de apertura y cierre de los Juegos, entre el 8 y el 24 de agosto de 2008, se cuenta con un equipo local encabezado por el director de cine Zhang Yimou y por un asesor artístico de la talla de Steven Spielberg. Por las trayectorias de ambos creadores es posible esperar imágenes grandiosas a la vez del pasado y futuristas, una obsesión en el seno del Partido Comunista Chino (PCC).

Una medida que se sopesó seriamente y luego fue abandonada por influencia del Comité Olímpico Internacional (COI) fue la de aprovechar el acontecimiento para superar definitivamente la imagen internacional de China, devaluada por la represión de 1989, celebrando el voleiplaya y el triatlón en la mismísima plaza de Tiananmen.

Por otro lado, por presión interna de los sectores tradicionalistas y nacionalistas en el contexto de una mayor exposición de la Ciudad Prohibida al mundo, se han reavivado los clamores por cerrar allí el establecimiento de café de la cadena norteamericana Starbucks, cuyo perfil, por otro lado, es mínimo, si se considera que el icono de la empresa de tarjetas de crédito American Express tiene una presencia ubicua como patrocinador de las señales explicativas del lugar.

El Pekín preolímpico igualmente sorprende por la actual apertura del Gran Palacio del Pueblo, que, junto a las sesiones del Partido y del Parlamento y a la recepción de ilustres visitas extranjeras, también puede albergar ahora conciertos de música pop, presentaciones de modelos de coches o asambleas para managers de restaurantes, previo pago del correspondiente alquiler.

Mucho más sorprendente es el plan de trasladar tras los Juegos el centro residencial y de poder decisorio de Zhongnanhai a la vecindad de la Villa Olímpica, en el norte de Pekín, según el siempre bien relacionado sinólogo Orville Schell. Puesto que los organizadores promueven conceptualmente el lema “Juegos Olímpicos Verdes, Juegos Olímpicos de Alta Tecnología y Juegos Olímpicos para el Pueblo”, de darse el cambio, el corazón del poder político se situaría en un emplazamiento que finalmente reflejaría el eclecticismo y el pragmatismo ideológicos de los últimos 30 años.

Si se concreta ese precedente no cabría descartar un apoyo político al proyecto del arquitecto pequinés Ma Yansong, quien tras los Juegos pretende cubrir de jardines y árboles la plaza de Tiananmen y convertirla en un espacio que vuelva a atraer a los pequineses, que ya no la consideran como centro de la ciudad.

Por otro lado, hay edificios cuya firma no corresponde a arquitectos chinos ni tampoco a las formas tradicionales alentadas por el Partido, pese a que se emplazan en los lugares simbólicamente más significativos. Destaca el Gran Teatro Nacional de China, con forma de huevo, del arquitecto francés Paul Andreu, junto a la Asamblea Nacional de China, que contrasta con el espacio político axial vecino de Tiananmen, de estructuras rectangulares. También resaltan las formas de la sede de la Televisión Central China (la CCTV) del arquitecto holandés Rem Koolhaas, con una enorme apertura espacial central que sugiere comunicación y transparencia informativa. En fin, la ampliación del aeropuerto, obra del británico Norman Foster, es una estructura que se asemeja a una torre Eiffel tumbada donde destacan las gigantescas estrellas de la bandera china.

Lo anterior refleja en parte que la residencia de cargos del Partido y de empresarios ligados a ellos también está variando. Por ejemplo, el empresario inmobiliario y miembro del PCC, Zhang Yuchun, ha construido en años recientes una serie de 600 lujosas residencias en la capital, precedidas por los correspondientes desalojos. Destaca la réplica ampliada del palacio del siglo XVII francés conocido como “Chateau Zhang Lafitte”. Como en muchos países, los nuevos ricos chinos consideran como referente la edificación histórica europea.

Los efectos de algunas transformaciones estructurales

Pese a que su antigüedad se estima en 3.000 años, el salto arquitectónico pequinés se dio en 1421, año de su inauguración como capital, y se volvió a catapultar tras 1949. Los últimos 15 años y la remodelación actual han echado abajo, hasta ahora, más de la mitad de las zonas tradicionales.

Desde la era del defenestrado ex alcalde, Chen Xitong, hoy en la cárcel por corrupción inmobiliaria, se definió que el olimpismo pequinés debía asociarse al orgullo nacional. Así, hay cerca de 8.000 sitios en construcción, en medio de los que se ven viejos o nuevos barrios irreconocibles para los propios pequineses si se ausentan de ellos durante pocos meses. Los promotores utilizan los terrenos que les ha vendido el gobierno local y construyen en tiempo récord, con los consabidos turnos de 24 horas los siete días de la semana, sin parangón en el mundo, y acaban drásticamente con las casas y callejones de aire campestre enclavados por toda la capital y con una serie de reliquias en el subsuelo. Es una pérdida del patrimonio histórico de siglos, sin precedente en Europa occidental excepto en tiempos de guerra.

Los desplazados acaban dispersos en extremos de la ciudad o en ciudades satélite del extrarradio. Y así se rompe la proverbial vida comunitaria de barrio con la ayuda y control mutuos inherentes al sistema socialista chino.

Adicionalmente, en el Pekín preolímpico aumenta drásticamente el parque automotriz puesto que el coche es visto como uno de los pilares de la economía nacional de consumo y es promovido ampliamente como símbolo de autoestima y estatus en la televisión, en Internet y en los móviles.

Las cerca de 4 millones de bicicletas aún en tránsito son sinónimo de pobreza frente a los 3 millones de coches, un 80% de ellos de uso privado, que aumentan a razón de 1.000 cada día. De acuerdo con el Comité Municipal de Pekín, el transporte público representa menos de la mitad del de Nueva York o el de París y un tercio del de Tokio. La apuesta oficial para el tráfico es seguir generando avenidas y agregando líneas de metro. También cabe consignar nuevos autobuses y, desde hace un año y medio, una permisiva legislación favorable a las bicicletas eléctricas. En conjunto, se agravan los embotellamientos donde sólo hace 15 años aún fluía un tráfico lento pero continuo.

Más paradójico es, como se sabe, que el aprovisionamiento energético es el talón de Aquiles de la política exterior del país y que la contaminación lastra el crecimiento económico. Por el momento, la gran transformación contempla el gasto de 13.000 millones de dólares para descontaminar lo que se estimula por otro lado. Así, el aire de la que será la ciudad emblemática del deporte mundial es, por el momento, uno de los más insalubres del planeta. En la era de la bicicleta (hasta mediados de la década pasada) la ciudad se distinguía por ser una de las capitales con una de las poblaciones más en forma del mundo. Hoy se registran severas molestias respiratorias y aumentan los problemas de obesidad y sedentarismo.

Los efectos del modelo urbano tienen connotaciones especialmente graves porque tienden a repetirse en las ciudades del país que miran a Pekín como fuente de emulación, cuando, al mismo tiempo, el país envejece siendo aún una sociedad subdesarrollada, hecho único en la historia reciente de los tránsitos al desarrollo.

Por otra parte, Pekín es más cosmopolita que antaño. Primero, en el marco del país-continente destacan los inmigrantes de las provincias de Zhejiang, Anhui, Henan, Xinjiang y de otras regiones, engrosados sustancialmente por albañiles y peones que trabajan mayoritariamente en la construcción preolímpica. Se integran sirviéndose de sus dialectos y acentos del mandarín claramente extranjeros a oídos pequineses. Esta población registrada y no registrada, que enfrentaba restrictivas reglas de asentamiento y trabajo, derogadas hace dos años por el Congreso Municipal del Pueblo de Pekín, podría perfectamente representar hoy un cuarto de la población total de la capital.

Por otro lado, ha de consignarse también que, a diferencia de los expatriados de corta duración de hace pocos años, se han agregado residentes prácticamente arraigados de Asia, las Américas, Europa y África, entre ellos varios chinoparlantes, con un vínculo notablemente mayor con la población local que hace dos décadas. La población extranjera también influye a su escala en los gustos de algunas edificaciones, además de en el ámbito laboral y en la cultura en su más amplio espectro.

Pero, en general, las transformaciones a gran escala comportan un estilo uniformizante, “como mil ciudades con la misma apariencia”, según Qiu Baixing, viceministro de Construcción, quien ve la metamorfosis abanderada por la capital como equiparable a los destructivos efectos del Gran Salto Adelante y la Revolución Cultural.

Así, entonces, las pancartas en Pekín que llaman a edificar “una nueva civilización” corresponden a una propaganda relativamente vacua porque los edificios y el trazado urbano proyectado con rapidez, excepto los edificios de vanguardia y la Villa Olímpica, tienen como modelo que emular a otras urbes gigantescas del mundo, erigidas más lentamente en el siglo pasado.

La complejidad de la proyección de imagen en el escaparate de los Juegos

Se estima que se están gastando directamente cerca de 30.000 millones de euros en preparativos para la competición. China ha entrado en contacto con firmas transnacionales, marcas y nombres de prestigio. He aquí el desafío para los actores estatales y no estatales que aspiran a hacer avanzar más sus intereses en estas fechas.

Destaca el caso del Año de España en China, que se desarrolla durante éste e inicios del próximo año. El desafío de penetrar en la China preolímpica es notable. Se ha mencionado a menudo el gran activo que representa José Antonio Samaranch, “amigo de China para siempre”, como reza un eslogan olímpico local que adapta el “amigos para siempre” de los Juegos Olímpicos de Barcelona. Samaranch es conocido en China como el “abuelo Sa”, como cariñoso recuerdo por apoyar la candidatura de Pekín y anunciar su aprobación oficial.

Ciertamente su figura reside en la memoria política y diplomática china, pero no como imagen de marca-país para los urbanitas, en un contexto con tantos nuevos estímulos propios de la globalización a una escala que no conoce otra sociedad y donde destacan bienes y servicios. Telefónica registra que en el primer cuatrimestre de 2007 los chinos enviaron y recibieron 135.800 millones de mensajes vía teléfono móvil. Las novedades circulan y, por ejemplo, tiene un interesante potencial de difusión urbano el reciente paso del BBVA, que, con su socio chino Citic, establecerán una aseguradora de automóviles, de un tamaño hasta el momento inexistente en el país.

Una decisión acertada fue inaugurar el mayor Instituto Cervantes del mundo en Pekín en una zona de edificios impactantes, puesto que la población local actualmente vive de superlativos y entre éstos destacan las infraestructuras gigantescas u originales y los conceptos más famosos y auspiciosos del mundo.

Así, habrá aspectos añadidos que enfrentar para proyectar lo propio en el Pekín y en la China de estos próximos meses. Por ejemplo, la receptividad de estímulos coexistirá con la grandeza preolímpica y las expectativas olímpicas, que los medios de comunicación estatales se encargarán de resaltar con intensidad.

Segundo, el Pekín oficial habrá de contar con interferencias temáticas provenientes del exterior cuyos indicios ya se advierten. Son noticias antiguas que regresan con fuerza a los medios de comunicación internacionales y a la blogosfera, en inglés y en chino. Atañen a los derechos humanos, al soberanismo de Taiwán, a la relación de Pekín con el Tíbet y Xinjiang, a las nuevas responsabilidades de China en la escena internacional, al aporte a la contaminación mundial, al gasto en armamentos y al trabajo infantil, entre muchos otros asuntos. Por el control selectivo que ejerce el Estado con las informaciones sensibles, varios de estos temas pasarán en gran medida desapercibidos para la población, pero obligarán a los funcionarios a un mayor despliegue de cara al exterior, con un recargo de sus agendas.

Tercero, Pekín ya concede atención en varios frentes oficiales. Actualmente China está celebrando su año en Rusia. Añadidamente, 2008 coincidirá con el año de Grecia en China, el país que da referencias más frescas, por haber sido sede de los JJOO inmediatamente anteriores de 2004.

Y cuarto, a lo anterior se suman crecientes estímulos típicos de las sociedades de consumo (shows, happenings, sorteos en los medios) transmutados en sus versiones autóctonas, y festividades internacionales de despliegue asociadas a un cierto hedonismo. Aquí entran las Navidades, el Año Nuevo, el Halloween, fechas precedidas de marketing. Gu Qing, ex presentador de televisión, empresario y conectado a la elite decisoria, ha dicho a este autor recientemente en Pekín que hay una recarga de estímulos ambientales que incluso amenaza el contenido de las celebraciones tradicionales propias.

El dos veces ex embajador de España en Pekín, Eugenio Bregolat, aboga por un adecuado apoyo mediático que logre llegar a decenas de millones de personas, no a decenas de miles, y acertadamente menciona la importancia de acceder a la televisión china. Un interesante paso lateral es el reciente acuerdo logrado por Telefónica con su socia Netcom, tercera empresa de telefonía del país, con casi 150 millones de usuarios, por el que éstos dispondrán de una información de las competiciones olímpicas y sobre la ciudad de Pekín en chino, español, portugués e inglés.

Así, el español se situará en la cresta de la ola mediática y con una retaguardia perdurable en la iniciativa del Instituto Cervantes en Pekín, que ha firmado un acuerdo con el Consejo Superior de Deportes con miras a preparar a traductores e intérpretes chinos para su desempeño en los equipos olímpicos y paralímpicos españoles. Éstos son recursos humanos que podrían igualmente ser un activo futuro para las relaciones del mundo hispánico con China en el campo de las relaciones deportivas.

Conclusiones: Los Juegos Olímpicos sublimarán las tensiones sociales y probablemente serán en años el último gran acontecimiento que congregue un similar sentimiento de sintonía nacional, que no logrará la Exposición Universal de Shanghai en 2010 por su carencia de resultados competitivos.

Por otra parte, un triunfo absoluto en la suma de medallas se difundiría como una novedosa confirmación de la “correcta línea del Partido”, porque sería a costa de la supremacía norteamericana y rusa, las potencias de referencia en las últimas décadas.

En tercer lugar, durante los Juegos la capital logrará inflamar las mentes de chinos y extranjeros, pero seguirá sin ser, al igual que Shanghai, una ciudad cuna de ideas e ideologías de impacto global de la forma que sí lo han sido París o Nueva York.

Cuarto, la urbanización frenética emulada en provincias acompaña a la prosperidad y a la vez supone un tipo de alienación para muchos pequineses, con un latente impacto en la armonía social, preocupación que se renovará tras unos Juegos que obviamente tienen su inevitable cuota de concentrada fachada.

Quinto, en contrapartida, la demolición del patrimonio coincide con una fiebre en la construcción de museos en Pekín y en todo el país, y con una enorme apertura a ideas en arquitectura, diseño e infraestructuras venidas del exterior y propias, en el contexto de un auge de las nuevas tecnologías. Es una conjunción que encierra unas sinergias que no se corresponden con la República Popular tradicional.

Sexto, el país está encaramándose a la vanguardia en la tecnología específica de la imagen, un dato importantísimo para los países que, como España, quieren promover más aún su propia imagen allí. En este campo está entrando incipientemente Telefónica y previsiblemente lo seguirá haciendo con recursos tecnológicos exclusivamente de vanguardia, porque es la única alternativa que cabe.

Así, séptimo, la China post-olímpica previsiblemente se abrirá más a las empresas típicas de los países posmodernos, en los que cuentan las energías renovables y la preocupación por el medio ambiente, el ocio y el mayor cuidado por la salud y el deporte, temas todos contenidos en la Villa Olímpica pequinesa. El país vive una verdadera “rebelión de las masas” y especialmente en estos sectores España previsiblemente potenciará la cooperación que ya está impulsando. Por último, la Barcelona post-olímpica, con su actual proliferación de bicicletas, es un referente del largo sendero que el Pekín crecientemente motorizado deberá transitar, como ya están haciendo otras ciudades chinas.