México: el petróleo y la democracia

Por Carlos Fuentes (EL PAÍS, 03/06/08):

El senador Preston Brooks de Carolina del Sur tomó su bastón y con el pomo le sorrajó 30 golpes en la cabeza al senador Charles Sumner de Massachusetts. El motivo: la disputa acerca de la abolición de la esclavitud. El clima de la disputa: una lluvia de epítetos selectos entre figuras políticas y columnas periodísticas: “Rufianes”, “monos”, “hienas”, “burros”, “víboras venenosas”, “vagabundos obscenos”. Un resultado de la violencia verbal: la muerte del editor Elijah Lovejoy, defensor de los derechos de los ciudadanos de raza negra, asesinado por una muchedumbre racista en Illinois -el Estado, por cierto, de Barack Obama-.

Todo esto sucedió en Estados Unidos en los años previos a la Guerra Civil de 1861. Lo ofrezco como ejemplo de los extremos de brutalidad a los que puede llegar la animosidad política -y eso que nadie, entonces, acusó de traición a la patria a nadie-. Quiero decir que hay que emplear el vocabulario político, aun el más intenso y partidista, con una medida de moderación. De lo contrario, insensiblemente se puede pasar de la injuria al garrote, la furia colectiva y el crimen.

Por eso, en el caldeado ambiente político mexicano, son más que bienvenidos los llamados a la razón, el diálogo y la reflexión respecto a los temas -y son muchos- que dividen a la ciudadanía mexicana. Por ejemplo, en la disputa sobre el futuro de Petróleos Mexicanos (PEMEX), Cuauhtémoc Cárdenas ha demostrado que se puede y se debe reformar a PEMEX para fortalecer a PEMEX sin privatizar a PEMEX. Esta postura, con la que personalmente concuerdo, no necesita llamar traidores a la patria a quienes, inclusive, desearían otro estatuto: la empresa mixta o la privatización. Yo pienso que la empresa estatal puede y debe ser la mejor, sin satanizar a quienes piensen de otra manera y a condición de que la empresa del Estado se reforme a fin de ganar en eficacia y competitividad, en vez de sacrificar gran parte de sus ingresos al mantenimiento de la burocracia de estado y sus (buenos y malos) programas.

Las propuestas de Cárdenas para modernizar a PEMEX sin violentar el status constitucional son minuciosas, precisas y efectivas. Autonomía de gestión, consejo técnico que decida montos y modalidades para explotar yacimientos. Consejo de administración que rinda cuentas. Una sola red de transporte. Despetrolizar los ingresos fiscales, invertir recursos liberados en modernización. Adquirir tecnología de punta. Abrir oportunidades para proveedores y constructores de la industria. La proposición de Cárdenas es más extensa que este listado. Al hacerla, tácitamente llama al diálogo y evita la demagogia y el insulto.

Un llamado a la razón es, también, el discurso de Juan Ramón de la Fuente al recibir el reconocimiento al mérito ciudadano de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal. El doctor De la Fuente no esquiva los males que nos afectan: la corrupción arriba y la impotencia abajo; la desigualdad, la intolerancia y el autoritarismo. Pero rechaza el denuesto y la diatriba que no sirven para superarlos y, todo lo contrario, aumentan “las sombras de la sinrazón”. Aboga, en cambio, por la “coexistencia respetuosa entre la crítica, el disenso y la oposición”.

Ello se obtiene, explica el ex rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), mediante el diálogo abierto, con quien lo pida, con tolerancia, escuchando los argumentos de la parte contraria, no demonizándolos aun antes de oírlos. Las diferencias entre mexicanos son naturales y bienvenidas, sobre todo, pienso, porque fortalecen nuestra incipiente democracia, tan expuesta a la frivolidad, la demagogia, la mentira, la inexperiencia y al cabo, un desengaño que favorezca la nostalgia de la paz priísta. Peligro cierto si se piensa que el desarrollo sin democracia, signo nacional del PRI, es hoy la enseña mundial del capitalismo autoritario de la potencia china. Oigo voces que dicen: Volvamos a la dictablanda priísta. Estados Unidos vivió cómodamente con ella durante siete décadas. Estados Unidos, quizás. El pueblo de México, no. El camino a la democracia ya se inició, con tropiezos graves, pero no creo que la ciudadanía apruebe una marcha hacia atrás.

María Zambrano, la gran pensadora andaluza, hablaba con fervor e inquietud, en 1933, de “la república niña” de España. Ojalá sepamos mostrar fervor e inquietud, también, hacia “la democracia niña” de México.