Mi Primero

Al Cabo Primero de la BRIPAC don Luis Fernando Pozo.

Mi Primero. Me presento. Me llamo Alfonso Ussía Muñoz-Seca y soy Cabo Primero del Ejército de Tierra, Arma de Ingenieros, desde el año 1971. Soy, por lo tanto, más antiguo que usted, pero me pongo a sus órdenes incondicionalmente. Por otra parte, en compañía del Teniente General Eduardo González-Gallarza y de Antonio Mingote Barrachina, el 24 de febrero de 2004, en presencia de Su Majestad El Rey Don Juan Carlos I, recibí la boina paracaidista y el nombramiento de Caballero Paracaidista Almogávar de Honor, en el anterior acuartelamiento de Alcalá de Henares. La vida me llevó por el campo de la Literatura, pero mi mayor honra es la de mantenerme siendo un otoñal Cabo Primero y seguir cumpliendo con mi juramento y lealtad a España, a su Bandera y a su Rey, desde mi profesión, 48 años más tarde.

Serví en la Mili durante quince meses, los mejor invertidos de mi vida. Allí aprendí a no ser más que otros y menos que los demás. Y la disciplina, el honor a la verdad, el cumplimiento de las órdenes, la cortesía con mis superiores y compañeros, y tantas cosas que Aznar privó a los jóvenes españoles suprimiendo el Servicio Militar para contentar a Pujol. El amor a España ya lo llevaba puesto desde mi casa. Pero mi carrera militar no fue brillante y pasó bastante desapercibida. Mi única acción cercana a la heroicidad fue la de llevar, como guión del CIR 16, en los desfiles de Jura de Bandera a un cabrón de mono amazónico que le habían regalado al teniente coronel Jefe de Instrucción, un mono llamado Puskas, que durante el desfile me mordía en la oreja derecha y la dejaba en los predios cercanos a la carne picada para hacer albóndigas. Como han transcurrido 48 años de aquello, y el delito ha prescrito, le informo, mi Primero, que la bofetada que se llevó Puskas después de una Jura le dejó inútil para el servicio activo.

No le muestro mi admiración por el desgraciado accidente del 12 de octubre en La Castellana. Le muestro mi gratitud por su hombría de bien y su señorío. Accidentes en la vida tenemos todos, y el valor está en superarlos. Le muestro mi admiración porque usted es un Cabo Primero de la BRIPAC de verdad, con más de seiscientos saltos en su haber. Los idiotas creen que ustedes saltan sólo el día del desfile. Esos saltos que usted lleva acumulados, mi Primero, son los mismos que en silencio efectúan para defendernos a todos los españoles. Los que llevan a cabo para mantenerse dispuestos a jugarse la vida por los demás, incluídos los que desprecian a las Fuerzas Armadas y la Guardia Civil. Y le muestro mi agradecimiento por haber reaccionado como un paracaidista, como un tío –aunque las paracaidistas mujeres nada tienen que envidiar el valor de los hombres–, por una mala racha de viento que le hizo golpearse contra una farola y quedar atrapado en la altura. Usted tenía la orden de llevar la Bandera a tierra, y la cumplió, superando los dolores y la contrariedad y rescatándola de su pie derecho para dejarla caer en manos de sus compañeros. Los Reyes y sus hijas, la ministra y el JEMAD, le trasladaron el cariño y la gratitud que por usted sentían todos los españoles de bien que siguieron las incidencias del desfile del Día del Pilar, el de la Hispanidad, el de 500.000.000 de seres humanos esparcidos por el mundo, Patrona de la Guardia Civil.

También hay personas infectas, surgidas de las cloacas, que se divirtieron con su golpe. Una mala actriz y peor persona, Anabel Alonso, que se hace la graciosa, escribió: «¿Iba de farol? Impacta contra una farola el paracaidista que llevaba la bandera – ella lo escribe con minúscula–, de España». Y la columnista de referencia de «La Vanguardia», la insoportable Pilar Rahola, en su cuenta oficial celebró su herida. «Boníssim! Visca les faroles!». Escorias.

Recordé los tres últimos versos de un poema satírico sobre el viejo Madrid de finales del XIX. «Y las meretrices, sólas/ se mostraban en la plaza/ a la luz de las farolas».

Mi Primero don Luis Fernando Pozo, soldado de España, paracaidista de la BRIPAC, servidor de todos los españoles, escorias incluídas. Aunque sea más moderno que yo, permita que me ponga a sus órdenes y le envíe un fuerte abrazo de compañero.

Alfonso Ussía, periodista.

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