Mientras haya zoológicos, la matanza de animales continuará

El zoológico de Copenhague, que obtuvo mala fama el mes pasado por matar a una joven jirafa llamada Marius y darle sus restos a los leones, ha sido mencionado en los titulares de nuevo, ya que una familia de leones saludables se ha unido a su creciente conteo de muertes.

Dos leones adultos y dos cachorros han sido sacrificados para poder introducir un nuevo macho en el grupo en cautiverio a fin de “dejar espacio para una nueva generación”. En declaraciones similares a las que se hicieron para justificar la muerte de Marius, el director del zoológico, Steffen Stræde, afirmó que los leones tuvieron que ser sacrificados “en parte para evitar la endogamia entre dos jóvenes leonas y su padre”. En cualquier caso, expuso, los jóvenes cachorros habrían sido asesinados por el nuevo macho.

Como era de esperarse, la respuesta a este nuevo suceso ha sido una de incredulidad; miembros del público general llamando a un un boicot y al despido del personal responsable. Pero ésta no es la respuesta.

No hay una solución rápida que vea un fina a la la matanza de animales sanos por parte del negocio del zoológico.

Los zoológicos manejan animales en espacios confinados. Los animales se reproducirán y tendrán descendencia. Con la excepción de aquellos utilizados en acuarios, pocos animales ahora son sacados de su hábitat natural para poblar zoológicos, por lo que la diversidad genética de la población cautiva es finita, al igual que el espacio para albergarlos. Los individuos pueden ser trasladados de un zoológico a otro sobre una base de caso por caso ,pero esto no hará que el problema desaparezca. Es evidente que mientras haya zoológicos, la matanza continuará.

Podría no haber una solución rápida, pero sí hay una solución, y ésta es retirar el apoyo al negocio del zoológico y aceptar que la exhibición de animales como forma de entretenimiento ya no es aceptable. Muchos podrían considerar que esta opinión es muy radical, pero realmente tenemos muy poco que perder al deshacernos de nuestro afecto por los zoológicos. Los animales, por otro lado, tendrían mucho que ganar.

Mucha gente cree ahora que mantener a los animales en cautiverio es desagradable, y el negocio del zoológico ha buscado reinventarse en los últimos años a fin de sugerir que su trabajo está basado en la conservación y la educación, pero los animales que nacen en el zoológico rara vez son liberados en la naturaleza y la gran mayoría pasará toda su vida en cautiverio.

Los esfuerzos de conservación son más efectivos cuando se llevan a cabo in situ, ya que es solo en el hábitat natural del animal que las complejidades de la destrucción del hábitat o la caza furtiva, por ejemplo, pueden ser abordadas de forma significativa.

Un informe encargado y publicado por la industria del zoológico en 2011 demostró que ésta se encuentra por detrás de las organizaciones sin fines de lucro The Nature Conservancy y la Red Global WWF respecto a su apoyo financiero a los esfuerzos de conservación. De hecho, el informe demostró que la contribución financiera de la “comunidad global de zoológicos” en conjunto es menos que la contribución hecha por dos organizaciones sin fines de lucro independientes una de la otra. El argumento tradicional presentado por los zoológicos de que las personas necesitan ver animales para poder apoyar la conservación, por lo tanto, no queda confirmado por la evidencia.

La educación podría ser un objetivo plausible para que los zoológicos lo establezcan, pero la sugerencia de que los animales deberían permanecer encerrados durante toda su vida a fin de que nosotros podamos cumplir nuestro deseo de aprender de ellos es moralmente cuestionable, en el mejor de los casos. Esto es particularmente cierto cuando consideramos que hay muchas otras fuentes que podemos utilizar para aprender acerca de los animales y la conservación. De hecho, un estudio encargado por el gobierno del Reino Unido, publicado en 2010, dejó en claro que, si bien existen los programas de educación en zoológicos, su eficacia nunca ha sido demostrada.

Podría parecer difícil imaginarse un mundo sin zoológicos, pero no se trata de un concepto tan extremo.

Si nos tomamos la conservación en serio, nuestros esfuerzos deberían enfocarse en los hábitats naturales.

Si nos preocupamos por los animales, no deberíamos apoyar a una industria que los trata con un desprecio tan cruel.

Si queremos que la matanza termine, debemos dejar de ir al zoológico.

Liz Tyson es la directora de The Captive Animals’ Protection Society (CAPS), una organización sin fines de lucro del Reino Unido. Anteriormente vivió y trabajó en proyectos de protección del medio ambiente en la región Amazónica de Colombia. Es miembro del consejo de la organización sin fines de lucro de conservación Neotropical Primate Conservation y participa en el programa de posgrado de la facultad de derecho de la Universidad de Essex. Las opiniones expresadas en este comentario son únicamente suyas.

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