Migraciones sin respuestas

Un fantasma recorre Europa, pero esta vez no es aquél que anunció Karl Marx en el «Manifiesto comunista», sino que se trata de los movimientos migratorios irregulares que provienen de África o de Medio Oriente.

Sin embargo, las cifras reales y también las previsiones a medio plazo muestran que esos movimientos migratorios, aun siendo a veces trágicos, no son cuantitativamente preocupantes. En la actual «invasión» africana Europa sólo recibe entre el 3 y el 4% de los flujos migratorios que se mueven desde y dentro de África.

El problema en Europa no es la inmigración sino, en primer lugar, la sensación que de ella tiene una parte notable de la población, fácilmente manipulable por intereses políticos. No podía ser de otra forma cuando los medios enfatizan con imágenes y tragedias los rescates de esas personas. Por ejemplo, los italianos imaginan que los inmigrantes constituyen la cuarta parte de la población, cuando en realidad no llegan al 7%. Como es obvio, las sensaciones y las emociones conducen en el campo ideológico y político a la simplificación y como consecuencia de esta a la partición -generalmente en dos- de las opiniones. Pero el problema no es la cantidad de inmigrantes, sino su integración social. Problema que abarca desde el empleo a la religión, pasando por las costumbres.

El pasado verano ha sido pródigo en «sensaciones» y en «emociones» a causa de un barco de matrícula española fletado por una ONG autotitulada Open Arms (Brazos Abiertos). La Open Arms ha conseguido dividir a su favor las opiniones. De un lado, los partidarios del humanitarismo caritativo de la citada ONG y de otro los xenófobos y racistas contrarios a este buenismo salvador. Según la última encuesta de Sigma Dos, el 39,1% de los españoles consideraba que Open Arms lo había hecho bien o muy bien, mientras que sólo el 22% consideraba que lo había hecho mal o muy mal.

A esa dicotomía mentirosa contribuye de manera evidente la omnipresencia del fenómeno migratorio en los medios. Sin embargo, nada o casi nada se ha contestado a las preguntas que cualquier ciudadano tiene el derecho -y yo diría que la obligación- de hacerse sobre los actores del drama. Por ejemplo:

Migrantes: ¿quiénes son? ¿Por qué vienen? Se sabe que son jóvenes africanos, en su mayor parte nacidos al sur del Magreb. ¿Cómo se les ocurre ir a Libia, que es hoy un estado fallido donde pueden ser sometidos a todo tipo de sevicias: extorsión, detenciones o condiciones de esclavitud?

Se suele decir que huyen de persecuciones políticas, pero no es cierto, pues la mayor parte no alega esa razón. ¿Qué esperan, por ejemplo, de España, cuando de todos los embarcados en el famoso navío ni uno habla español y muy probablemente tampoco italiano?

Salvavidas. ¿Cómo se financia Open Arms? ¿Quién les informa del momento y el sitio en donde recoger a los emigrantes? No deja de ser llamativo que tras «tropecientas» entrevistas al «líder salvador» nadie le haya hecho tan elementales preguntas. Y en este caso concreto, ¿por qué se empeñan en desembarcar en territorio italiano, sabiendo que en aquel momento el Gobierno de allí tenía cerradas todas las puertas? Yo me pregunto, aunque esa pregunta nunca se la haría a ellos: ¿Cuáles son sus intenciones, especialmente las de carácter ideológico y político?

La dirección de la UE: ¿Piensan ustedes que este es un problema exclusivamente de los países de sur de Europa? No es cierto que la UE no haya hecho nada. Por ejemplo, en 2016 la UE alcanzó un acuerdo con Turquía para detener la oleada migratoria en Anatolia, pero ese acuerdo fue, en opinión de especialistas, «un éxito logístico y un desastre humanitario». Otra pregunta sin respuesta: señores de la UE, ¿no se han planteado ustedes sentarles la mano a las mafias in situ?

El Gobierno de Pedro Sánchez. En el verano de 2018 llegaron más inmigrantes irregulares a España que a cualquier otro país europeo (7.900 personas sólo en el mes de julio), con un aumento del 123% respecto al año anterior. Sin embargo, tras un acuerdo con el Gobierno de Marruecos, las cifras han caído muy significativamente. Ahora bien, hay una pregunta que sigue ahí: ¿Por qué dan ustedes tantos bandazos en este asunto? Un balanceo que va desde el «buenismo salvador» al realismo weberiano (la ética de las convicciones frente a la ética de la razón).

En fin, ¿cuál es la situación actual de los inmigrantes en España? En primer lugar, conviene saber que más del 75% de los nacidos en el extranjero y que residen en España son, bien americanos (un 40% y de ellos 92% son hispanoamericanos), bien europeos (37,5%). Los africanos son el 16% de los inmigrantes (de los cuales más de un 70% son marroquíes), y los asiáticos son un poco más del 6% (de los que más de un 40% son chinos).

En cuanto a refugiados político-económicos, hay en España una apreciable colonia de personas procedentes del exilio cubano y, más recientemente, venezolano. En cambio, hay muy pocos refugiados procedentes de Oriente Próximo y del norte de África.

Las tasas de delincuencia de la población extranjera son apreciablemente superiores a las de los españoles, un fenómeno común a casi todos los países de la Unión Europea, pero en igualdad de condiciones sociales, probablemente los extranjeros no sean más delincuentes que los españoles.

En enero de 2017, entre el 2,2% y el 2,6% de los habitantes de España eran musulmanes nacidos fuera de aquí, por lo tanto, nada de invasión islámica.

Se trata de una población apreciablemente más joven que la población española autóctona (8 años menos en media a comienzos de 2017, según el Padrón municipal), y dado que la ocupación hospitalaria y los gastos farmacéuticos crecen exponencialmente con la edad, no hay perjuicio sanitario alguno por causa de la inmigración.

Finalmente, los chinos residentes en España tienen tasas de afiliación a la Seguridad Social no solo superiores a las de casi todas las demás colonias extranjeras, sino también a las de los españoles.

Joaquín Leguina, expresidente de la Comunidad de Madrid.

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