Migrar, la nueva gran crisis

La migración ilegal a Europa desde África y Oriente Medio se ha convertido en los últimos meses uno de los principales puntos de la agenda internacional. Sin embargo, hasta hace poco parecía, sobre todo, una tragedia en el Mediterráneo occidental con embarcaciones atestadas zozobrando y la pérdida de la vida de cientos de personas cada mes. Muy triste pero no era un tema político importante. Pero a medida que pasaba el tiempo nuevos asuntos pasaron a primer plano y es ahora más que un desastre naval que debe ser resuelto con un esfuerzo internacional. Se ha convertido en un escándalo internacional con aspectos criminales incluyendo el asesinato, la explotación y la corrupción. Además esta odisea moderna tiene complicaciones políticas en las que pocos pensaban hasta ahora.

Así que el acceso a Europa a través del Mediterráneo occidental se vuelve más peligroso, se utiliza cada vez más la puerta trasera para llegar desde Grecia, Macedonia o Hungría. Pero allí también hay peligros y no pasa semana sin la pérdida de vidas humanas. Tampoco es sólo un problema europeo, es una emergencia asiático-pacífica. Cientos de miles de personas huyen por razones económicas o políticas de Bangladesh, Birmania, Camboya, Laos, Pakistán, tratando de llegar no sólo a Australia o los países ricos en petróleo de Oriente Medio, sino también a Brunei, Hong Kong, Singapur, Corea del Sur y Japón. El tráfico de personas se ha convertido en una industria importante. La gente paga miles de dólares para alcanzar uno de los objetivos desedos. Desde Somalia y Eritrea hay que pagar 4.500 euros. Pero los traficantes con frecuencia no cumplen sus promesas y abandonan a los emigrantes lejos de donde quieren ir, tras haberlos despojado de sus posesiones. Ellos son los responsables de tanta miseria y a veces de tanta muerte. ¿Deben quedar impunes? ¿Qué pasa con los refugiados musulmanes que lanzaron a los pasajeros cristianos de África occidental por la borda para crear más espacio o simplemente porque les odian? ¿Deben quedar impunes? En algunos lugares los miembros de las minorías musulmanas también han sido víctimas, como la minoría Rohinhya que intenta escapar de Birmania a Bangladesh.

En cuanto a las implicaciones políticas todo parecía obvio al principio: ¿No era deber moral de los países ricos del norte ayudar a los perseguidos del sur? ¿Pero la mayoría de ellos han sido perseguidos por motivos políticos, étnicos o religiosos, o por ser los más pobres de los pobres? ¿O lo eran los más emprendedores, capaces de pagar el dinero exigido por los contrabandistas? Los solicitantes de asilo tenían el apoyo de algunas de las iglesias en los países escandinavos y de algunos partidos de izquierda europeos. Pero se convirtieron en una causa cada vez más impopular. Si la socialdemocracia está en retroceso hoy en Francia y Alemania, si puede perder las próximas elecciones británicas, si lo está haciendo mal en países como Austria y Suiza, tiene que ver en gran medida con su “política blanda” hacia la inmigración ilegal. En cambio, si los partidos de derecha radical están subiendo en Francia, Gran Bretaña, Italia y en otros lugares, también está relacionado con la “línea dura” que han adoptado hacia los inmigrantes. Cien veces se ha dicho que estos refugiados hacen trabajos que los locales se niegan a realizar, pero estos argumentos no tienen gran efecto. Como los nativos argumentan, nunca se les preguntó si querían tener en su seno a muchos extranjeros que rechazan integrarse en la sociedad.

¿Cómo afrontar el cada vez mayor número de solicitantes de asilo? Una de las razones son las crisis políticas en el norte de África (Libia) y Oriente Medio (Siria, Afganistán, Iraq, Yemen y Somalia). Hasta aquí es perfectamente correcto considerar a los refugiados como solicitantes de asilo tratando de escapar de la persecución. Pero una mayoría vienen en busca de una vida mejor, escapando de la pobreza. Es dudoso que un continente que sufre un desempleo considerable y sólo muy lentamente se está recuperando de la crisis económica sea capaz de ayudarles.

La UE ha sido del todo inútil para abordar el problema. Algunas de las medidas adoptadas rayan en lo ridículo, como la supuesta falsificación de las estadísticas de inmigración por el Gobierno sueco. Según la normativa europea cada solicitante de asilo tiene derecho a la alimentación, sanidad primaria y sobre todo un trabajo en los nueve meses siguientes a su llegada, y también a vivienda en un centro de acogida. La política oficial es de no devolución. De todos modos sería casi imposible porque la mayoría de los refugiados han destruido sus documentos de identidad. Esta política choca con un estado de ánimo de hostilidad hacia los extranjeros, vistos como una carga para la sociedad, así como hostiles a sus valores y forma de vida. El hecho de que cientos de jóvenes hayan hecho el camino de regreso a Oriente Medio y el norte de África para luchar en las filas de grupos terroristas no ha ayudado a mejorar su imagen.

En esta complicada situación nadie aún ha encontrado una política que haga justicia a todos los implicados en una de las grandes crisis del 2015.

Walter Laqueur, consejero del Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos de Washington.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.