Mil a cambio de uno

Tanto es el entusiasmo en Israel por la liberación de Gilad Shalit que parece como si el Gobierno israelí no hubiese pactado con Hamas sino que se hubiera enviado a un israelí a Marte y ahora se estuviese celebrando su regreso.

No es la primera vez que se libera a soldados o ciudadanos israelíes secuestrados por organizaciones terroristas. Y siempre se aplicó el mismo principio por el que se canjeaban unos pocos soldados israelíes a cambio de cientos o miles de presos o prisioneros de guerra. Pero no recuerdo una alegría tan grande en la gente como en este caso; ello se debe en gran parte al empeño de la familia y los amigos de Shalit de no dejar que su secuestro cayese en el olvido, para que el Gobierno pactase con Hamas su liberación.

Han sido muchas las concentraciones y las marchas populares en apoyo a la familia y pidiendo que se negociase su liberación. En muchos lugares había pancartas y pósters recordando el número de días que duraba ya su secuestro. Pero lo que más ha ayudado es el coraje de la familia, que decidió hace más de un año dejar su casa en una aldea de Galilea e instalarse en una tienda de campaña junto a la residencia del primer ministro en Jerusalén, y desde allí presionar al Gobierno a que aceptase las duras condiciones que imponía Hamas para la liberación.

No obstante, a pesar de la solidaridad general de la sociedad israelí, ha habido no pocas personas, tanto de la derecha como de la izquierda, que se han opuesto a este intercambio, sobre todo, porque algunos palestinos liberados habían sido condenados por cometer atentados terroristas donde habían muerto decenas de israelíes.

Las personas en contra de este canje son de tres tipos:

1. Aquellas que consideran a los prisioneros palestinos criminales y se rebelan contra esta liberación desde el punto de vista judicial y moral. Para esta gente habría sido mejor haber dejado a Shalit en su cautiverio y no haber liberado de la cárcel a asesinos que no merecen compasión. Además, su liberación hiere los sentimientos de los familiares de sus víctimas. Esta visión no es muy popular, pero se da en algunos sectores y no sólo de la derecha.

2. Otra gente se opone al acuerdo por la diferencia abismal en el número. Lo habrían aceptado si hubiera consistido en intercambiar a Shalit por un único preso palestino, aun cuando este hubiese cometido un atentado atroz. Contra esta postura se podría argumentar que, desde el inicio del conflicto entre judíos y palestinos, los judíos han demostrado una capacidad militar muy superior pese a su inferioridad numérica. En todas las guerras contra países árabes los israelíes han ganado pese a contar con una población muy pequeña en comparación con la de los países árabes con los que se enfrentaba. El soldado israelí está mucho mejor entrenado y cuenta con una tecnología sofisticada que no tiene el combatiente árabe. Por ello, cuando Hamas pide mil presos a cambio de un solo soldado lo que hace es buscar en este sentido un canje un poco paritario. Es decir, un soldado israelí vale mucho más que un guerrillero que lucha con machetes, bombas caseras o cinturones explosivos.

Dado que Israel ha asumido que siempre será inferior demográficamente a sus enemigos y que ha de suplir esa diferencia con una mejor preparación de sus soldados, el canje de un prisionero israelí por mil no supone una humillación o una claudicación, sino un pacto justo que implica reconocer, incluso por parte del enemigo, la superioridad militar de Israel.

3. Otro sector se opone a este intercambio por una sencilla razón: se ha comprobado que en canjes anteriores, parte de los palestinos liberados volvió a cometer atentados terroristas que causaron nuevas víctimas entre los israelíes. Por eso, la liberación de un solo soldado israelí conlleva poner en peligro a no pocos israelíes. Sin embargo, creo que este argumento se puede rebatir fácilmente si consideramos los siguientes aspectos:

a) Una gran parte de los liberados irá a la Franja de Gaza, a un territorio totalmente cerrado y aislado de Israel, desde donde no podrán cometer atentados terroristas, sino a lo sumo unirse a grupos de combatientes de Hamas.

b) Otros presos serán desterrados de Cisjordania y no tendrán, por tanto, contacto con población israelí.

c) El resto de los presos se quedará en Cisjordania. La experiencia dice que una parte puede volver a la actividad terrorista, pero estos palestinos estarán vigilados por las fuerzas de seguridad israelíes, que los tiene bien identificados, pero también por la policía de la Autoridad Palestina (AP).

Este es un factor nuevo que no se ha dado en liberaciones anteriores. En los últimos años, la AP lucha eficazmente contra el terrorismo con el fin de estabilizar Cisjordania y prepararla como futuro Estado. Por tanto, este último grupo que volverá a Cisjordania estará bien vigilado, y esperemos que algunos se empapen del nuevo espíritu optimista de la Autoridad Palestina, a la espera de negociar con Israel la solución de dos estados.

Quizás, tal y como ha ocurrido en otros conflictos, de las cárceles israelíes hayan salido personas que acaben convirtiéndose en líderes a favor de lograr la paz con el enemigo que en el pasado las encarceló.

Por Abraham B. Yehoshúa, escritor israelí, impulsor del Movimiento Paz ahora.

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