¿Mis hijos en un ‘esplai’?

Existen elementos en la formación de las personas que pueden ayudar a hacerlas más llenas, ricas, felices. Factores que no son primordiales para la supervivencia humana, pero sí para un desarrollo saludable. Nos consta que existen muchos directivos, emprendedores, técnicos con responsabilidades relevantes que han sido monitores de ocio. También existe una agrupación de parlamentarios que habían sido “escoltes”. A pesar del descrédito de la clase política, hablamos de personas socialmente comprometidas, reconocidas, que ocupan sitios de responsabilidad, probablemente gracias a la conciencia social que despertó en ellos formar parte de este movimiento educativo. Y es que es innegable que participar en un esplai o un cau escolta proporciona a los niños y jóvenes capacidades y habilidades que les serán muy útiles en su vida personal y profesional.

De hecho, nos consta que estas experiencias se tienen cada vez más en cuenta en la selección de personas para un puesto de trabajo. Así el trabajo en equipo, la iniciativa, la emprendeduría, la habilidad de comunicar y liderar, la negociación y la resolución de conflictos, la definición y ejecución de proyectos son algunas de las competencias valoradas hoy en día en el mundo laboral que los niños cultivan en el mundo de tiempo libre desde bien pequeños. Evidentemente, también son habilidades que se educan en la escuela pero de una forma más limitada dado que esta se enfoca a su misión principal que es transmitir conocimientos.

Cada vez más son necesarios recursos personales que se pueden adquirir en una entidad de tiempo libre como el equilibrio emocional o la estabilidad psicológica para abordar a lo largo de la vida situaciones de ruptura, pérdida de puesto de trabajo, cambio de residencia por razones laborales o de estudios. Más de 300.000 jóvenes españoles residían en el 2012 en el extranjero principalmente para estudiar o trabajar, según el Instituto Nacional de Estadística (INE). Las parejas estables se consolidan cada vez en una edad media más elevada y las rupturas son más frecuentes en un mundo muy cambiante donde la decisión de convivir juntos es permanentemente libre.

Mientras tanto, las familias tendemos a sobreproteger a nuestros hijos, lo cual los hace a menos autónomos en momentos emocionalmente difíciles. Probablemente el esplai o el escultismo son una de las pocas ofertas educativas rigurosas donde se potenciará sobre todo la autonomía individual, las relaciones que favorecerán una red social para cada uno, la seguridad que confiere una estabilidad emocional. Se trata de recursos personales que serán útiles a lo largo de la vida.

Un 15% de los jóvenes españoles son consumidores habituales de drogas y el 34% de estos señalan que el consumo de drogas no les ha causado ningún perjuicio, según un estudio reciente de la Fundación Ayuda contra la Drogadicción (FAD). También se constata que aproximadamente el 8% de los chicos y chicas sufren depresión. Parece pues que cada vez cuesta más encontrar un sentido a la vida. En un contexto sobreprotector y con una baja tolerancia a la frustración los recursos personales ante la ruptura de una primera pareja, el haber de repetir curso o no encontrar trabajo puede llevar a un sufrimiento profundo y a una desorientación grave.

Recursos inmediatos ante la vulnerabilidad del joven son difíciles de ofrecer. Sólo una acción previa puede hacer posible encontrar un sentido a la vida, la reflexión profunda, experiencias de espiritualidad, el hábito de aceptar los límites constantes, el implicarse en redes de amistad sincera. Un conjunto de recursos personales que hacen crecer y que permiten responder con equilibrio ante dificultades importantes. Cuando los adultos quedan lejos del adolescente, la proximidad generacional de los monitores de tiempo libre puede ser un referente positivo en la cotidianidad y en la excepcionalidad. Actividades como el voluntariado, el excursionismo, el compromiso asociativo pueden llenar de sentido el tiempo libre durante toda la vida.

En absoluto la educación en el ocio puede ofrecer garantías de nada a las familias. Chicos y chicas están influidos por una sociedad determinada, marcada por el hecho de tener, el consumismo, las nuevas tecnologías, la falta de límites, la tolerancia a sus deseos, la poca exigencia en la vida ordinaria, el acceso rápido y prematuro a la información. En este contexto para el acompañamiento educativo, las familias podemos encontrar complicidades en las entidades tiempo libre, en los 100.000 niños y adolescentes que participan en actividades de los 1.100 centros de esplai y agrupaments escolta que existen en Catalunya, en los 19.000 jóvenes, monitores voluntarios que se comprometen semanalmente y durante el verano con colonias y campamentos.

¿Si tenemos la oportunidad, nos planteamos si tiene sentido para nuestros hijos e hijas participar en un centro de esplai o agrupament escolta?

Josep Oriol Pujol y Rafael Ruiz de Gauna, Fundació Pere Tarrés

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