Miseria del sandinismo

El pasado 8 de octubre el histórico  Comandante Cero, Edén Pastora, ex guerrillero sandinista, luego ex guerrillero de la contra de la CIA y actualmente hombre de confianza del reencarnado presidente nicaragüense Daniel Ortega, inició el dragado del río San Juan en la frontera con Costa Rica, procediendo luego a una incursión militar en la Isla Calero, en territorio costarricense, donde talaron una buena extensión de bosque y plantaron su bandera. Mera continuidad histórica, porque Nicaragua siempre ha tenido problemas fronterizos con Costa Rica, así como actualmente con Colombia y Honduras. En teoría el tema estaba zanjado desde una sentencia del Tribunal Internacional de La Haya de julio del 2009, en el que atribuía la soberanía de todo el cauce del río San Juan a Nicaragua pero exigía que cualquier obra en el río no tuviese efectos adversos sobre el ecosistema de Costa Rica.

Las fronteras están delimitadas por el tratado Cañas-Jerez de 1854 y el laudo emitido en 1888 por el presidente estadounidense Cleveland a petición de los dos países. Google Mapas complicó la historia atribuyendo una parte del territorio de Costa Rica a Nicaragua, aunque la empresa se apresuró a rectificar y desaconsejó iniciar guerras para defender las “Google fronteras”. Aunque en este caso no podía haber guerra. Porque, como dijo el ministro de Seguridad costarricense, “Costa Rica no tiene ejército y no va a resolver esto a balazos”. Efectivamente, Costa Rica, país de 4,7 millones de habitantes, abolió el ejército tras la guerra civil de 1948 y nunca más lo restableció. Es el único país del mundo (aparte de algunos minúsculos principados) que no tiene fuerzas armadas, tan sólo policía y mal equipada. Tan mal equipada, que mientras Nicaragua envió a la frontera modernos helicópteros artillados, la policía de Costa Rica tuvo que alquilar un pequeño helicóptero civil (color amarillo) para sobrevolar la zona. De hecho, la desmilitarización de Costa Rica fue clave para el desarrollo económico, social y político de este país. Ha tenido una democracia ininterrumpida y generalmente limpia desde 1948. Invirtió en bienestar social y tiene un sistema de cobertura universal gratuita de salud y educación. Yes el país más desarrollado de América Central (y en la parte alta de América Latina) con una economía modernizada (Intel tiene ahí su principal fábrica microelectrónica en la región) y un ecoturismo que ha hecho de la conservación de la naturaleza una buena fuente de divisas. Al no tener ejército se ha especializado en diplomacia y en ser terreno neutral en una de las áreas más violentas del planeta (con un presidente, Óscar Arias, premio Nobel de la Paz).

De modo que Costa Rica se ha convertido en interlocutor privilegiado cuando hay que mediar conflictos en el patio trasero de EE. UU. Fue un industrial de ascendencia catalana, el socialdemócrata don Pepe Figueres, quien institucionalizó la democracia y disolvió el ejército en 1948. Así se construyó el modelo pacifista de Costa Rica, que ha demostrado su viabilidad y sus beneficios para el desarrollo del país. El problema es que no todos son tan pacíficos.

Así, en 1955 el ex presidente tico Calderón intentó invadir Costa Rica desde Nicaragua ayudado por el dictador Somoza, con bombardeo de San José por aviones nicaragüenses. La inmediata formación de milicias populares y la presión internacional frenaron la invasión. Volvieron a sonar tambores de guerra en sus fronteras durante la revolución y contrarrevolución nicaragüense, conflicto en que miles de costarricenses, con la tolerancia de su gobierno, apoyaron al sandinismo, acogieron a los refugiados políticos (incluido Pastora) y sirvieron de base logística a los revolucionarios de Ortega.

Pero volvamos al río San Juan. El tema es que Nicaragua lo quiere dragar (con dinero de Chávez) para hacer un hipotético canal. Mientras no afecte a Costa Rica tiene derecho, y así lo reconocen los ticos. Pero ante la ocupación de su territorio Costa Rica recurrió a la Organización de Estados Americanos, que, por 22 votos contra 2, pidió la retirada de todas las fuerzas y la negociación directa entre presidentes. Costa Rica aceptó, Nicaragua rechazó y llevó el conflicto a La Haya mientras mantiene la ocupación. La razón es banal. Ortega quiere perpetuarse en el poder. Tras llegar a la presidencia en alianza con la derecha corrupta de Alemán, a cambio de dejarles seguir con el pillaje de lo público, hizo fraude en las municipales del 2008, destituyó a magistrados no adictos, nombró una Corte de Justicia y un Consejo Electoral afines y cambió la legislación para ser candidato en el 2011. Como escribía el destacado periodista nicaragüense Francisco Javier Gutiérrez en La Prensa de Managua el 18 de noviembre: “En el ortopédico diferendo con Costa Rica por el dragado del río San Juan, Daniel Ortega miente para distraer a la opinión pública de los verdaderos problemas nacionales consiguiendo una fachada de legimitidad para su nefasta presidencia”. ¿Problemas nacionales? Una corrupción galopante, una crisis económica que ha enviado a la emigración a cientos de miles, incluidos 400.000 nicaragüenses en Costa Rica, un régimen asistido por donativos de la alianza bolivariana y una persecución insidiosa de la oposición democrática y de los periodistas que denuncian al régimen. Y la forma más fácil de unir al país es la movilización nacionalista contra la indefensa Costa Rica. De paso se deslegitima a la OEA para que no pueda enviar observadores a las elecciones del 2011 posibilitando así el fraude. Probablemente, tras obtener beneficios políticos del incidente, se retirarán las tropas nicaragüenses y la sangre no llegará al río. Pero se habrá envenenado el clima político de una región que necesita paz.Me embarga la tristeza al escribir esto. Porque yo dirigí el programa de asistencia técnica de Berkeley que formó los primeros municipios del sandinismo y recibí los parabienes del presidente Ortega, organicé comités de solidaridad con el sandinismo, estuve en Masaya y apoyé su revolución. Pero hace tiempo que aprendimos que la mejor forma de defender una revolución social es denunciarla cuando devora a sus hijos y abusa de sus hijas.

Manuel Castells

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