Misión en Villavicencio

Por Luis Alejandre, general (EL PERIÓDICO, 29/12/07):

Villavicencio, una ciudad de más de 300.000 habitantes, que ocupa los terrenos de lo que fue una floreciente misión de los jesuitas en el siglo XVIII –la hacienda Apiay–, capital del departamento del Meta, ha sido hoy protagonista geográfico de la operación Transparencia, denominada así por los servicios de inteligencia cubanos y el Gobierno venezolano.
No es la primera vez, no obstante, que adquiere protagonismo. El departamento, segundo en extensión de Colombia –86.000 kilómetros cuadrados– está formado en un 80% por terrenos llanos y ondulados, surcados por ríos tributarios del Orinoco. Es la llamada Orinoquia colombiana. Pero el resto de su territorio está cubierto por las últimas estribaciones de la cordillera Oriental, uno de los tres espinazos andinos que conforman buena parte de Colombia, rasgándola de norte a sur, y por una sierra desgajada de ella, La Macarena, un bellísimo parque nacional rico en fauna, flora y geología. Ambas zonas son conocidos teatros de operaciones de las FARC, y son más que frecuentes los enfrentamientos entre estas y el Ejército colombiano.

EL LUGAR, por tanto, situado en el valle entre ambas cordilleras, es el idóneo para que helicópteros con el visible distintivo de la Cruz Roja Internacional puedan recoger a Consuelo González de Perdomo y a Clara Rojas, rehenes políticos desde hace más de cinco terribles años, y a Emmanuel, el niño de 4 años concebido y criado en algo más grave que el propio secuestro de su madre.
El operativo no es demasiado complicado, y habitual en estos casos: durante dos o tres noches, las FARC han desplazado a los rehenes, andando y desandando por cerros y vaguadas para no dejar huellas y dificultar su localización; los helicópteros habrán despegado de Villavicencio con un rumbo prefijado en su GPS hacia un punto intermedio, donde alguien indicará otro rumbo a seguir hasta otra zona, donde podrá repetirse la operación, hasta el encuentro final con los secuestrados. No intervendrán las fuerzas militares, pero todos los sistemas de inteligencia, satélites incluidos, estarán activados.
Bajo la inspiración de Cuba –Carlos Vage– y la iniciativa de Venezuela –muy activos su embajador en Bogotá, Pavel Rondón, y el siempre enigmático capitán de navío y exministro Rodríguez Chacín–, representantes de Francia, Brasil, Argentina, Bolivia y Ecuador estarán presentes y compartirán la gloria de la mediática liberación humanitaria. No se merece España estar ausente. Pocos países han dedicado tanto esfuerzo al proceso. Victoria inicial, por tanto, de la batalla mediática presentada por Hugo Chávez y las FARC. En plena Navidad, siempre viene bien presentar un acto de humanidad. No se vio el mismo despliegue cuando el Gobierno liberó a Granda; ni cuando se asesinó impunemente a 11 diputados del departamento del Valle en un difícilmente justificable fuego cruzado con el Ejército. Ni se resalta que permanezca aún secuestrada Ingrid Betancourt –la valiosa carta francesa–, ni soldados, desconocidos prácticamente por nosotros, que llevan más de 10 años como rehenes y cuyo único delito fue servir a su país.
No obstante, veamos el lado positivo. En primer lugar, interviene la Cruz Roja, elemento esencial en la humanización de los conflictos armados, cuyos protocolos siguen siendo de aplicación en este siglo, sobre todo por el carácter directo y humanitario de sus intervenciones y por situar el derecho a la vida y el respeto a los derechos humanos en un nivel diferente del de los estados y del de las partes en conflicto, aunque la frontera entre el carácter de algunas de estas partes, consideradas “grupos armados al margen de la ley”, roce muchas veces el de terroristas.

EN SEGUNDO lugar, Chávez, tras la derrota de su referendo, aparece más modesto, menos locuaz, más cauto. Además, se recomponen en cierto modo las relaciones entre Venezuela y Colombia. Hay una larga frontera común; hay un diferendo en el golfo de Venezuela entre las penínsulas de La Guajira y de Paraguaná, donde se juegan importantes intereses petrolíferos; Venezuela es un importante cliente comercial de Colombia, etcétera. Por supuesto, las buenas relaciones contribuyen a estabilizar la región.
En tercer lugar, Álvaro Uribe ha maniobrado bien, dejando a su canciller conducir la situación; las fuerzas armadas han apoyado a su presidente, exigiendo tan solo la intervención de la Cruz Roja y el uso visible de sus distintivos para seguir el movimiento de aviones y helicópteros entre los aeródromos venezolanos de La Fría, Santo Domingo, Guasdalito y Puerto Ayacucho y el colombiano de Villavicencio, más el retorno de toda la flotilla aérea a Caracas.
En resumen: tres personas recuperan la libertad y abren la puerta a otras libertades. Nos esperan días de comunicados y de declaraciones. Dios quiera que no sean días en los que se ahogue una vez más la necesaria capacidad de un pueblo querido, como es el colombiano, que necesita como nunca recuperar la esperanza.