¿Moción de censura sin candidato?

Irene Montero, la nueva portavoz de Podemos, bastante más incondicional del líder que Íñigo Errejon, dijo el viernes, un día después de que Pablo Iglesias anunciara la moción de censura contra Rajoy: «No toca hablar ahora del candidato, lo urgente es sacar al PP». Es el absurdo elevado al máximo porque en España no hay moción de censura a secas. La Constitución ofrece la moción de censura constructiva: 35 diputados pueden proponer un candidato a presidente que, en un plazo mínimo de cinco días, debe presentar un programa alternativo y obtener la confianza de la mayoría absoluta de la cámara. De 176 diputados.

Estamos pues ante un despropósito porque si lo urgente es echar a Rajoy, el primer paso es tener el candidato. Sin candidato no hay censura posible y la urgencia queda en nada porque no se puede llegar al segundo piso sin pasar por el primero.

Si Pablo Iglesias quería una moción de censura urgente lo que tenía que hacer es postularse como candidato. Claro, no lo hace porque sabe que no puede tener el apoyo de 176 diputados. Podría sí negociarla con otros grupos. La crisis originada por el saqueo del Canal de Isabel II por Ignacio González, expresidente de la Comunidad de Madrid, y por las interferencias del Ejecutivo en la Fiscalía Anticorrupción tiene especial gravedad. Pero negociar exige supeditar la urgencia a contactos discretos, no anunciarla a bombo y platillo 10 minutos después de avisar al segundo y cuarto grupo parlamentario (PSOE y C’s).

Entre otras cosas porque sin pacto de candidato y programa –difícil porque no lo hubo hace pocos meses– lo único que se lograría sería desplazar y distraer la atención de los fallos del Gobierno al fracaso de la censura. Sorprende pues que Iglesias –cual Napoleón rodeado de su estado mayor– decrete una moción de censura sin candidato. Un imposible físico y metafísico. Recuerda lo de enero del pasado año cuando se autoerigió vicepresidente de un posible Gobierno de Sánchez, con mando sobre los servicios de inteligencia, para pocas semanas después… unir sus diputados a los del PP contra la investidura del candidato del partido de la cal viva.

¿No ha aprendido nada en estos 15 meses? ¿Sigue creyendo que la política es un show televisivo en el que se premia más el golpe de efecto a lo Dragon Kahn que hacerse merecedor de la confianza de la mayoría?

La iniciativa de Iglesias no solo pervierte lo que es la moción constructiva sino que es extemporánea –casi ridícula– por otras dos circunstancias. Una, que el primer partido de la oposición –que bastante tendría que decir– está en manos de una gestora y en proceso de primarias. No es el momento para que designe un candidato a presidente o para que decida renunciar a ello. Segunda, porque es casi seguro que el PP tendrá la próxima semana el apoyo de 175 diputados en el debate de presupuestos. Y si el PP es apoyado por 175 diputados, no votarán en contra, poco después, 176. En el parvulario enseñan a sumar y restar.

Solo ha habido dos mociones de censura. Una la de 1980 del PSOE contra Adolfo Suárez, líder de una UCD en descomposición. Sirvió para que Felipe González se perfilara como presidente y ayudó a la gran mayoría absoluta de 1982 (202 diputados). La otra fue la de Antonio Hernandez Mancha, muy tierno líder de una AP renqueante, contra un González que acababa de sacar su segunda mayoría absoluta tras el salto mortal del referéndum de la OTAN. Fue el suicidio de Hernandez Mancha. Ahora Rajoy purga los graves errores del PP, pero su liderazgo interno es más sólido que el de Suárez en el 80. Y no hay nadie que pueda liderar las distintas oposiciones. El PSOE está en el hospital –veremos cómo sale–, Rivera apoyará los presupuestos, y Pablo Iglesias es –en todas las encuestas– aún más impopular que Rajoy.

¿Abriría horizontes la censura? Ocuparía sí portadas de diarios y quizás complicaría las primarias del PSOE… pero poco más. Tendría que haber un tsunami para que 175 votos a los presupuestos parieran 176 a favor de un Gobierno alternativo improvisado. Salvo los buenos de Compromís, es difícil que Podemos encuentre otro aliado. Si al final Iglesias no presenta la moción habrá demostrado –una vez mas– que vende la piel del oso antes de cazarlo. Y si sigue adelante y se topa solo con los votos de sus confluencias, una abstención fuerte y un Rajoy reconfirmado solo habrá conseguido que el PP tenga dos victorias consecutivas: presupuestos y moción de censura.

Pablo, lo decía Pujol, «avui no toca».

Joan Tapia, periodista.

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