Momentos políticos con vida propia

Por José Ignacio Calleja, profesor de Moral Social Cristiana (EL CORREO DIGITAL, 28/03/07):

Quisiera evitar los temas políticos al hacer este comentario, pero no es tan fácil. A la gente le preocupan muchas otras cosas antes que ‘la política’. Pero, ¿cuidado!, hay un momento en que la política se convierte en cuestión mayor. Es aquél en que la política se presenta como cuestión de dignidad. No es fácil provocarlo, ni siquiera preverlo, por más que se intente y no falten intenciones en su aparición. De la nada, de tejas para abajo, nada se hace. Pero el proceso va mucho más allá de planificaciones milimétricas.

Suele crecer alrededor de un sentimiento defensivo, cuajar en un eslogan del tipo ‘no pasarán’, ‘vienen a por nosotros’, y movilizar fuerzas sociales mucho más allá de lo que cabía esperar. Yo lo he vivido varias veces desde 1975. Así, González frente a Aznar, Ibarretxe frente a Mayor Oreja, o el Espíritu de Ermua frente a ETA. Son circunstancias y momentos que parecen cobrar vida propia y ponen a la gente, a mucha más gente de la prevista, a favor de alguien y contra alguien. Es un fenómeno que cobra vida propia mucho más allá de lo que podría planificarse y que se lleva por delante todo lo que encuentra a su paso.

Algo así me parece que está sucediendo con las ramificaciones del ‘caso vasco’ después del atentado de Barajas. Llamo ramificaciones al ‘caso De Juana’, a la presencia legalizada de Batasuna en las próximas elecciones autonómicas, a las tomas de posición sobre el futuro de Navarra en relación a Euskadi o al enésimo comunicado que se espera de ETA. Ante estos hechos, o sus previsiones, gran parte de la sociedad española, que no así la vasca o según dicen la catalana, tiene la impresión de que se lo ha de jugar todo a una sola carta. Se pueden hacer muchas interpretaciones y mostrar el juego de intereses partidistas que hay detrás, sobre todo por parte del PP -a mi juicio-, pero los hechos son más tercos que las estrategias políticas y las valoraciones morales. Suceden, son criticables, pero resultan imparables.

Cuando la gente, mucha gente, mucha más gente que hace un año, se va convenciendo de que está en juego su dignidad como colectividad, es muy difícil contener esa avalancha política. Por eso creo que el margen de maniobra para poner fin al terrorismo mediante el ‘presente’ diálogo, sin contar con condiciones rotundas y compartidas por ‘todas’ las fuerzas políticas, es cada vez más pequeño, por no decir nulo. Ahora bien, que nadie se equivoque. ETA está más en el centro de la vida política que nunca, pero el fracaso del actual proceso de ‘paz’ le pone más que a nadie contra las cuerdas. Puede echar a los socialistas del poder. Basta un atentado. Y hasta sin atentados. Pero no puede impedir que vuelva el PP, o que el PSOE, de seguir, tenga que hacer una política mucho más dura contra ellos. Y la misma expectativa de debilidad preveo para los nacionalistas más radicales, en detrimento de los que sepan pactar y regular el ritmo de sus estrategias, por supuesto, democráticas. Estamos subiendo el mítico Tourmalet y los que no hayan sabido dosificar sus fuerzas van a sufrir una pájara de cuidado. La política no es una ciencia exacta y está llena de sorpresas, pero cuando la percepción de la gente, de mucha gente, es la de ser arrollada, la de ser ninguneada por ETA, es muy difícil salvarse de su impacto electoral. Porque con ETA, ahora es fácil decirlo, o se firma desde el comienzo el cese absoluto y definitivo de todas sus formas de violencia, o en España estás electoralmente perdido. En el País Vasco mucha gente tiene otra percepción de un proceso de este tipo, pero en España no. Y si a la gente le dices ‘pero ¿no ve usted que habrá nuevas víctimas?’, responde: ‘Ya lo veremos, eso en su momento; primero no incurrir en indignidad’.

El ser humano, que nadie se engañe, olvida relativamente pronto lo que les ha sucedido a otros, ¿qué injusto!, y, además, piensa que a él no le ha de tocar. Es así y para el que estima que están en juego su dignidad de persona y ciudadano, sin haber olvidado nada, el peligro y el dolor futuros apenas cuentan. Pero, ¿tan grave es la cosa? Creo que está pasando esto en muchos sitios. ¿Y yo? Yo creo que en la forma de entender ETA ‘este proceso de paz’ está jugando con nuestra dignidad. Lo suponía, pero esperaba -y aún confío y lo espero- que se lo impidieran de todos modos. Mientras no haya una renuncia absoluta a la violencia política, todo acuerdo con valor político es indignidad. Y, por eso mismo, de lograrse algo, ¿quién puede querer esa ‘paz’?