Monstruos del sinsentido

La novela ‘Las armas de la luz’ tiene su origen y su razón de ser en un acontecimiento histórico impresionante, pero inexplicablemente desconocido: la Córdoba califal fue saqueada y arruinada el año 1010; un golpe definitivo que propició la disolución inmediata del califato, lo que en árabe se conoce como la ‘Fitna’ o desintegración de al-Ándalus. Encontré el dato casi por casualidad. Hecho que me reafirma en la idea de que hay historias que pareciera que han permanecido ocultas, como misteriosamente guardadas y esperando el momento presente para ser escritas.

Aquello ocurrió justo después de la muerte de Almanzor, y como una venganza bien planeada. Porque Almanzor antes, en el año 985, había saqueado y destruido cruelmente Barcelona, llevándose a Córdoba toda su riqueza y millares de cautivos. Los condes catalanes (nombrados en las crónicas andalusíes como ‘francos’) nunca olvidaron aquello, como tampoco el hecho de que Hugo Capeto no hubiesen acudido con sus tropas desde Francia para socorrerlos. A partir de entonces decidieron independizarse de la monarquía franca e iniciar su propia andadura, a pesar de la gran amenaza que suponían los musulmanes.

La ocasión propicia para resarcirse llegó cuando el califato se vio envuelto en una violenta guerra civil por la sucesión al trono. Los condes de Barcelona, Urgel, Cerdaña y Ampurias reunieron un gran ejército y descendieron hasta Córdoba, que todavía seguía siendo la ciudad más rica y esplendorosa de Occidente.

A final de la primavera del año 1010, las huestes cristianas llegaron a las proximidades de Córdoba. El 2 de junio hubo un violento combate en el lugar conocido como Akabat al-Bakr (hoy castillo del Vacar), que perdieron la vida relevantes magnates cristianos: el conde Armengol de Urgel; Aecio, obispo de Barcelona; el abad Odón, obispo de Gerona, y otros muchos nobles y clérigos. También fue herido de gravedad el obispo Sala de Urgel, que murió por el camino de regreso a la Marca. A pesar de estas importantes bajas, los ejércitos de los condes no tuvieron demasiada dificultad para derrotar a las tropas del efímero califa Sulaíman, que se apresuró a huir hacia el sur. Los vencedores, con el conde Ramón Borrell a la cabeza, entraron en la capital del califato y la saquearon durante tres días, haciéndose con cuanto oro permanecía escondido, que era mucho, a pesar de otros saqueos precedentes hechos por los bereberes.

La expedición cristiana a Córdoba comportó la obtención de importantes beneficios por parte de los supervivientes de la hazaña. Las huestes regresaron inmensamente ricas. El gran tesoro que portaban consigo contribuyó a mejorar la situación en sus regiones, influyendo en su posterior devenir político y social.

Este es a grandes rasgos el escenario histórico en el que se desenvuelve el relato de ‘Las armas de la luz’. La novela es una gran epopeya medieval con un mensaje espiritual intrínseco: la necesidad que tiene todo ser humano de hallar verdadera luz en tiempos de confusión y oscuridad. Porque la luz es la metáfora por excelencia de la sabiduría, del bien y del amor, la que más íntimamente enlaza con la propia experiencia vital, pues los monstruos del sinsentido y la brutalidad siempre habitaban en las sombras.

Jesús Sánchez Adalid es escritor.

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