Morales llega al poder… pacíficamente

Por Pedro Fernández Barbadillo, profesor del Instituto de Humanidades Ángel Ayala-CEU de la Universidad San Pablo CEU (GEES, 17/01/06).

Evo Morales ha conseguido por fin su sueño, ser presidente de la república de Bolivia, y lo ha conseguido en unas elecciones presidenciales, después de capitanear algaradas contra dos presidentes legales, Gonzalo Sánchez de Lozada y Carlos Mesa. En las elecciones del 18 de diciembre obtuvo la mayoría absoluta de los votos, lo que le concede la banda presidencial sin pactos en el Parlamento. No sólo el programa político y económico de Morales traerá consecuencias para toda Sudamérica, sino que su victoria agravará las tensiones internas. Mientras que Morales ha arrollado en el Altiplano, en los departamentos orientales, los más ricos y en los que se encuentran los enormes yacimientos de gas natural, ha vencido el candidato de Podemos, Jorge Quiroga.

La elección que se desarrolló en Bolivia fue producto de un acuerdo político para el acortamiento del mandato, pues estaban programadas para 2007. En octubre de 2003, Gonzalo Sánchez de Lozada renunció al poder; le sucedió su vicepresidente, Carlos Mesa, quien corrió la misma suerte en junio de este año. Morales estaba decidido a tomar el poder por las buenas o por las malas.

Morales es el primer candidato que logra la mayoría absoluta de los sufragios en la primera vuelta (53,7%) y no está forzado, como establece la Constitución nacional en un artículo causa de múltiples apaños, a obtener la elección del Parlamento. Pero su victoria no es absoluta. Es cierto que su MAS supera la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados (72 diputados frente a 43 de Podemos, ocho del Frente de Unidad Nacional y siete del Movimiento Nacionalista Revolucionario). Pero está en minoría en el Senado (13 escaños tiene Podemos, 12 el MAS, uno el Frente y uno el MNR).

De los puestos de prefecto de los nueve departamentos, el MAS sólo tiene tres, mientras que el más poblado, La Paz, le corresponde a un candidato de Podemos, el más rico, Santa Cruz, a un grupo local que propugna la autonomía y Tarija, donde más gas natural se extrae, a otro grupo local, ambos respaldado por Podemos.

Además, el Parlamento saliente ha concluido su mandato con una medida que prueba el enfrentamiento social: se ha aprobado una ley que declara “beneméritos” a los militares que, en 1967, capturaron al guerrillero comunista Ernesto Che Guevara y lo fusilaron. Como algunos de ellos siguen en la Administración, la ley les protegerá de posibles despidos o represalias por parte del nuevo Gobierno. Precisamente, el vicepresidente, Álvaro García Linera, de 43 años y diplomado en matemáticas y sociología, fue miembro a finales de la década de los 80 de la guerrilla Tupak Katari, al igual que el racista Felipe Quispe, partidario del exterminio de los blancos, los mestizos y los indios que no se someten a su ideología.

El Movimiento Al Socialismo (MAS) se ha comprometido a convocar una Asamblea Constituyente que elabore una nueva Constitución, cuyos objetivos son la erección de un Estado multirracial con privilegios para las comunidades indias y quienes pretenden encarnarlas y la concesión de autonomía a las regiones. Esta última medida la reclaman los grupos sociales del oriente boliviano, mientras que los movimientos de extrema izquierda y racistas se oponen a ella.

En una entrevista en La Vanguardia (22-12-2005), García Linera reconoció las dificultades a las que se enfrentan. “En los primeros ocho meses tenemos que mostrar hacía dónde vamos. Vamos a tener muchos microconflictos, pero negociando los vamos a ir resolviendo, mientras vamos mostrando a la gente hacia dónde vamos. Llevará tiempo, pero demostraremos que vamos hacia lo que prometimos”. También admitió que existía una posibilidad de fragmentación del país, y añadió lo siguiente, que suena a advertencia: “yo soy un hombre de guerra (sic). Pero la guerra es el último de los actos que se deben hacer (sic). Hay que intentar todos los caminos posibles para unir a la sociedad boliviana. El oriente quiere las autonomías y nosotros las apoyamos por legítimas. Pero aquí, entre los dos sectores en pugna debemos acordar y cerrar filas” [i].

Como ya hemos explicado en anteriores colaboraciones, la ideología principal del MAS, el partido de Morales, no es la indigenista [ii] , sino la que su nombre indica. Morales la reafirmó ante Chávez a principios de enero: antiimperialista y antineoliberal.

En su visita a España, Morales confirmó que su Gobierno cambiará el modelo económico vigente y nacionalizará los hidrocarburos, para lo que anulará los contratos firmados entre el Estado boliviano y las empresas extranjeras, una de las cuales es la hispano-argentina Repsol-YPF. Con el Gobierno de Sánchez de Lozada, los impuestos que pagaban los extractores de gas natural eran de un 18%. Después del referéndum de primavera de 2005, los impuestos aumentaron al 50% y se obligó a las concesionarias a asociarse con la refundada empresa pública Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB). Ahora, se avecina una nueva negociación.

¿Cuál será la reacción de las empresas energéticas?, ¿salir de Bolivia? Seguramente, no, al menos las empresas públicas de otros Estados. Los yacimientos y los cálculos de beneficios son demasiado grandes como para abandonar y dejar el negocio a los competidores. Además, los países fronterizos (Brasil, Argentina y Chile) ansían ese gas natural. El director de Gas y Energía de la empresa estatal brasileña Petrobrás, Ildo Sauer, declaró el 22 de diciembre lo siguiente al diario Folha de Sao Paulo: “No creo que haya en el futuro problemas en Bolivia. Ésa es mi opinión personal. Existe una interdependencia. Bolivia depende de los ingresos en dólar generados por el gas natural y Brasil necesita de ese combustible para su creciente economía”. Brasil importa actualmente 24 millones de metros cúbicos diarios de gas natural boliviano y no puede prescindir de ellos.

Por tanto, las multinacionales, al menos las públicas, que obedecen a otros criterios aparte de la rentabilidad, digerirán las nuevas molestias –que pueden compensarse con subidas de precios a los consumidores finales- y permanecerán en Bolivia. Sin embargo, el anuncio de Morales, así como la pasmosa declaración de nulidad de las leyes de punto final y de obediencia debida en Argentina avalada por el Tribunal Supremo, indican que en Sudamérica se está difundiendo una actualización de la teoría alternativa del derecho: cuando nos interesa, revocamos o anulamos las leyes, las concesiones y los contratos. Una absoluta inseguridad jurídica que abre el camino a más corrupción [iii].

La OPEP de Sudamérica

La política exterior que va a desarrollar Morales ha quedado meridianamente clara con sus visitas en los primeros días de enero a Fidel Castro, el tirano más longevo del planeta, y a Hugo Chávez, que gobierna con un Parlamento elegido únicamente por el 25% del censo electoral. Estos dos últimos gobernantes han puesto en marcha el ALBA, Alianza Bolivariana para las Américas, en contra del ALCA, el tratado de promoción del libre comercio y la democracia impulsado por Estados Unidos.

Castro y Evo Morales, que no será presidente investido hasta el día 22, firmaron un acuerdo de cooperación de 11 puntos, en virtud del cual Cuba operará anualmente de la vista a 50.000 bolivianos, concederá 5.000 becas a jóvenes del país andino para estudiar medicina en la isla y pondrá en marcha una campaña para erradicar el analfabetismo en Bolivia en un plazo de dos años. Es un calco del traslado y asentamiento de agentes cubanos en Venezuela. A este país, el Gobierno cubano ha desplazado a 20.000 médicos y profesionales con la excusa de programas sanitarios y asistenciales. Como ya ocurre en Venezuela, cientos de aparachiks cubanos podrán viajar y moverse a sus anchas por Bolivia.

Hay quien ha llegado a escribir que no puede descartarse incluso una guerra entre Bolivia y Chile por el asunto de la salida al Pacífico. Semejante hipótesis es, desde luego, absurda si se conoce el estado de los ejércitos y las economías de ambas repúblicas. En cambio, lo probable es un aumento de la inestabilidad regional. El propio Morales calificó a Chile del “Israel de Latinoamérica” (ver artículo Bolivia, foco de subversión en el cono sur, cuando gobernaba el socialista Ricardo Lagos, de manera que el resultado de las próximas elecciones en este país es indiferente: Chile es el mayor enemigo del eje La Habana-Caracas-La Paz. El segundo es el presidente colombiano Álvaro Uribe, decidido a derrotar a los terroristas de las FARC.

En esta ocasión, la vía para ganar la que Morales definió en Venezuela como “lucha para la segunda liberación de Latinoamérica” no la constituirán los movimientos guerrilleros y terroristas, sino la OPEP regional que está montando Hugo Chávez desde hace unos años y que recibe el nombre de Petrosur. Al recibir a su nuevo aliado en Caracas, el venezolano dijo a los periodistas en el aeropuerto que trataría con él lo relativo a “los hidrocarburos y su nacionalización” en Bolivia.

Morales está listo para usar el gas natural como arma; lo repitió en su primera rueda de prensa en La Paz después de ganar las elecciones: “Hablar de Chile es hablar del mar; si Chile quiere diplomacia, gas, energía y comercio, tiene que haber mar para Bolivia”. Pero esta postura no sería una novedad; el anterior presidente, Carlos Mesa, al firmar un acuerdo de venta de gas a Argentina a precios solidarios impuso una cláusula por la que este país se obligaba a no revender el producto a Chile.

¿Venezuela o Ecuador?

A la vista de cómo han tomado el poder Morales y su MAS –repetimos que no hay que fijarse en las últimas elecciones, sino en la campaña de subversión desarrollada desde hace unos años-, la división nacional, la heterogeneidad de sus compromisos internos e internacionales y el carácter socialista de su programa económico, nos atrevemos a pronosticar que la agitación volverá a estallar en Bolivia en cuanto pasen unos meses. O Morales cumple sus promesas, lo que supondrá inflación, huida de capitales y paralización de las inversiones, o las ignora, opción que causará el malestar de los más exaltados de sus seguidores y, de nuevo, manifestaciones y bloqueos.

A diferencia de Venezuela, Bolivia no dispone de unos ingresos fijos y crecientes por la exportación de petróleo, posible gracias a la existencia de instalaciones y de una empresa veterana, PDVSA –aunque, al parecer, con problemas de gestión debido a lal despido de los técnicos y profesionales y su reemplazo por adictos a Chávez-. En estos momentos, Bolivia sólo vende gas natural a Argentina y Brasil. El encarecimiento de los precios del petróleo es el factor que permite a Chávez mantener sus planes demagógicos y subversivos; ejemplo de ello es el suministro de entre 80.000 y 90.000 barriles de crudo diarios a Cuba en unas condiciones de precio tan favorables que el castrismo revende parte de ellos en el mercado internacional. Sin embargo, Morales no goza de un cuerno de la abundancia similar con el que financiar sus aventuras y proyectos y, a la vez, acallar el malestar popular.

Por todo ello, pensamos que el destino de Bolivia no será el de Venezuela, sino el de Ecuador. Aquí, el coronel Lucio Gutiérrez, un militar populista apoyado por movimientos socialistas e indigenistas, dio un golpe de Estado en 2000, que fracasó, fue indultado por el Congreso y ganó las elecciones presidenciales en noviembre de 2002 gracias a una alianza con el movimiento Pachakutik. No duró ni tres años en el poder; practicó los mismos vicios de los políticos contra los que se rebeló y en abril de 2005, después de varias protestas callejeras, fue depuesto por el Congreso. Ahora, Gutiérrez quiere presentarse a las elecciones programadas para octubre próximo. En nueve años, este pequeño país ha tenido siete presidentes y, como bien sabemos los españoles, cientos de miles de sus ciudadanos han tenido que emigrar para ganarse la vida. Así puede acabar Bolivia.

Lo malo para el prestigio de España y los intereses tanto nacionales como empresariales es que el presidente Rodríguez nos une al eje populista, socialista y antinorteamericano que se está formando en Iberoamérica.

A lo largo de 2006, se celebrarán elecciones presidenciales en 10 países, entre ellos México, Colombia, Brasil y Chile. En varios se presentan candidatos bolivarianos. Uno de éstos, el peruano Ollanta Humala, ex militar y golpista, recibió la aprobación de Chávez ante Morales el pasado 3 de enero.

Las conmociones que se están sucediendo en Sudamérica también deben llevar a una reflexión profunda. La inoperancia de las clases políticas e intelectuales de Hispanoamérica y la dejadez de los Gobiernos de Estados Unidos y Europa, que no apoyaron lo necesario a los líderes dispuestos a introducir reformas políticas y económicas, tienen responsabilidad en el cataclismo político que se presiente en Sudamérica. Y si se producen hecatombes económicas como las que sufrieron México en 1994-1995 y Argentina en 2001-2002, sin duda afectarán a España y Estados Unidos en sus economías y movimientos migratorios. Desde luego, los más perjudicados serán los pueblos que han elegido a una nueva generación de gobernantes desastrosos.

Notas

[i] De manera llamativa, la última cita de García Lineras en este párrafo en la que se define como “un hombre de guerra” fue suprimida de la versión de la entrevista que reprodujo el 23 de diciembre el diario Clarín, el de mayor circulación de Argentina, tal como se puede comprobar en su página web (www.clarin.com/diario/2005/12/23/elmundo/i-04401.htm). ¿Para no empañar la figura del vicepresidente?

[ii] ¿Cómo puede negarse la condición de indígena a los descendientes de los criollos que llevan en el país 400 o 300 años?, ¿se admitiría en Europa un partido que hablase de los indígenas europeos para expulsar a los chinos, los americanos y los árabes?

[iii] El diario digital de información económica Hispanidad.com publicó en su edición del 5 de enero (http://hispanidad.tv/noticia.aspx?ID=10301) que la dirección de la empresa Agbar, del grupo de La Caixa, ha decidido su marcha de todas las naciones Iberoamérica en las que se ha establecido, salvo de Chile.

Disponible en GEES.