Muchas abejas y un solo vuelo

«La unidad de Europa no es una fantasía, sino que es la realidad misma, y la fantasía es precisamente lo otro: la creencia de que Francia, Alemania, Italia o España son realidades sustantivas e independientes [...] porque Europa no es una cosa, sino un equilibrio. [...] Porque el equilibrio o balanza de poderes es una realidad que consiste esencialmente en la existencia de una pluralidad. Si esa pluralidad se pierde, aquella unidad se desvanece. Europea es en efecto un enjambre, muchas abejas y un solo vuelo» (Ortega y Gasset, La rebelión de las masas).

Nosotros, los ciudadanos europeos de España, somos conscientes de que ha llegado la hora de la verdad para Europa. Asistimos atónitos, y con furia apenas contenida, a la vuelta de la guerra en nuestras vidas y en nuestra tierra. La agresión de Rusia a un país europeo y soberano como Ucrania pone de manifiesto, si falta hiciere, que el corcel amarillo del nacionalismo, contra el que tanto nos previno Stefan Zweig, sigue cabalgando como la peor de todas las pestes, aquella que envenena la flor de nuestra juventud y de nuestra cultura. Las embestidas criminales de Rusia dirigidas al corazón de Europa desafían nuestros ideales de paz, seguridad y prosperidad, tan esforzadamente construidos a lo largo de casi ochenta años.

Esta vez sí que nos encontramos en una encrucijada histórica. La brutalidad de Rusia marca un punto de inflexión en la historia mundial y constituye un clara amenaza a la naturaleza irreversible de la integración europea. Nos apremia para cambiar de forma radical nuestro modelo energético y construir un nuevo orden mundial más justo y más humano. Es el momento de la verdad, el del liderazgo político y moral de los europeístas. Será decisivo si queremos continuar construyendo un territorio de tolerancia y libertades, esa comunidad política inhabitual que llamamos Europa, y cuya unión queremos que sea cada vez más estrecha. La idea de Europa se ha convertido en el parteaguas del debate político de cualquier país, un potente faro de luz democrática y de dignidad para toda la humanidad, no una mera amalgama de culturas nacionales yuxtapuestas. Ya sabemos que la UE no es perfecta, pero tampoco es el capricho de unos iluminados europeístas. Es, sencillamente, una imperiosa necesidad. Antes sabíamos cuál era la alternativa al proyecto europeo. Ahora ya no nos queda duda alguna: la guerra.

Si queremos evitarla, Europa es el mejor instrumento del que disponemos los europeos para hacer frente con éxito a los nuevos desafíos a los que nos enfrentamos: revertir una demografía envejecida por la alta expectativa de vida y la baja fertilidad, y aplicar políticas migratorias proactivas; impulsar una nueva revolución industrial que descanse en la seguridad energética y las políticas contra el cambio climático; reforzar nuestro modelo de seguridad, interna y externa, y nuestra concepción de la defensa colectiva; traducir el potencial económico y financiero de Europa en su peso equivalente como actor global; y fortalecer el sentimiento de ciudadanía, pertenencia y apego a los valores europeos.

En materia de dependencia energética debemos crear sin demora una unión energética y un fondo energético que permita, mediante una autoridad energética común encargada de comprar, almacenar y constituir reservas estratégicas, y que gestione su distribución entre los Estados miembros. En materia de defensa, debemos diseñar instituciones al servicio de la política europea de defensa y de la política exterior, de seguridad y de soberanía monetaria. Asimismo, debemos aumentar el gasto en defensa hasta el 2 % del PIB, y traducir dicha inversión en un peso geoestratégico acorde a nuestro potencial económico, comercial, financiero, de ahorro y monetario.

Es imprescindible impulsar la puesta en marcha de la Fuerza de Despliegue Rápido, tal y como se decidió en el Consejo Europeo de Helsinki de 1999. Asimismo, urge hacer realidad la hoja de ruta de Bratislava, en particular, en materia de migración y fronteras exteriores, seguridad interior y exterior, y defensa.

Necesitamos un procedimiento de toma de decisiones que nos ayude a formar en común una voluntad político-económica propia, hoy por hoy inexistente.

De lo contrario, resultará muy difícil detener el turbión del fanatismo nacionalista que siembra Europa de pequeños arbustos sin sombra y resentimientos nacionales. La nueva orientación geoestratégica de Europa reclama una Constitución política en torno a los siguientes elementos: (i) una unión política que, además de armonizar las economías, equilibre los niveles de vida de los pueblos europeos; (ii) una entidad política no estatista donde la aplicación de la justicia y la protección de las libertades ciudadanas se encuentre sometida a la primacía del derecho comunitario sobre el nacional; (iii) una soberanía compartida entre los pueblos de los Estados europeos, así como entre los ciudadanos de la Unión; (iv) una igual legitimidad democrática entre el Parlamento Europeo y el Consejo Europeo, y una Comisión Europea políticamente responsable ante ambos; (v) y un ejercicio real de la ciudadanía europea que permita la solidaridad de hecho entre los ciudadanos de la Unión que se quieren hacer responsables los unos de los otros.

Frente a los nacional-populismos europeos de derechas y de izquierdas, la alternativa se encuentra en restablecer la solidaridad, hoy rota, entre países pobres y ricos; y, dentro de cada país, entre élites, integrados, precarios y excluidos.

Como ya hiciera Heidegger con la pregunta de Hölderlin acerca de la razón de ser de la poesía en tiempos de tribulación, también ahora los europeos debemos dejar de preguntarnos sobre la razón de ser de Europa en tiempos de infortunio, y actuar con determinación para no ser arrollados de nuevo por el tren de la historia y «por todos los corceles amarillentos del Apocalipsis, la revolución y el hambre, la inflación y el terror, las epidemias y la emigración» (Stefan Zweig, El mundo de ayer).

Manuel Sanchis i Marco es profesor Titular de Economía Aplicada de la Universidad de Valencia, execonomista de la Comisión Europea y miembro de España Cívica.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.