Muera David Ricardo

Se temía su aparición, y ha hecho presencia de manera inequívoca. Un profesor de la Sorbona, Philippe Morer, especialista en mercados financieros, se ha puesto al frente de la asociación «Manifiesto para un debate sobre el librecambio», surgido el 16 de junio de 2011. Inmediatamente se han agregado una serie de economistas —la relación puede leerse en «Le Monde» de 17 de junio de 2011— al grito de «si no se practica el proteccionismo, surgirán serios problemas». El partido socialista francés acaba de declarar que «el primer proyecto socialista es romper con el dogma del librecambio», quienes para eso se plantean «aumentar los derechos aduaneros sobre los productos que provienen de países que no respetan las normas internacionales en materia social, sanitaria o ambiental». Inmediatamente ha ampliado esta postura socialista Marina Le Pen y su Frente Nacional, al pedir «esclusas aduaneras», pero no en las puertas de Europa, sino en las fronteras francesas. El eco de esto se amplía en el país vecino, y da la impresión de que ha saltado los Pirineos y ha llegado a Cataluña.

Algo de este pensamiento había existido durante la Gran Depresión en la etapa española de la II República, exactamente para Cataluña, pero ahora se ha hecho explícito por boca de Josep María Pelegrí, consejero en la Autonomía catalana de Agricultura, Ganadería, Pesca, Alimentación y Medio Natural. Este dirigente de CiU, ha solicitado de los ciudadanos de Cataluña hagan el esfuerzo de consumir «productos de aquí» en el XXII Encuentro Empresarial del Pirineo —la Trobada al Pirineu— celebrado en La Seo de Urgel, dentro de lo que afirmó ser «patriotismo alimentario». La frase que más se ha difundido ha sido: «Si entramos en un restaurante y consumimos vino de La Rioja, no estamos ayudando al empresariado catalán». Los franceses acaban de hacer algo muy parecido. Un ministro de la vecina república ha ejercido presiones importantes, en nombre de un denominado «patriotismo económico», para que Air-France-KLM, adquiera aviones Airbus, y de ningún modo aviones Boeing.

Es una pena que Pelegrí no haya pedido a su colega Mas Colell cierto libro, que seguro lo tiene disponible, pues no en balde este excelente economista fue profesor en el campus de Berkeley, de la Universidad de California, de 1971 a 1980, y de la de Harvard de 1981 a 1996, antes de venir de profesor a la Universidad Pompeu Fabra. Su autor, recientemente fallecido, Kindleberger, fue uno de los economistas que asesoraron, desde Estados Unidos, la ayuda para la reconstrucción de Europa tras la II Guerra Mundial. Uno de los mensajes que entonces se envió fue aquel de Samuelson sobre lo que generaba la liquidación de las barreras arancelarias entre los países europeos. Como estos las tenían entre sí, decía Samuelson, en aquellos inicios de la Guerra Fría, que en nuestro continente, era dogma el dilema de Göring: «O cañones, o mantequilla», mientras que los Estados Unidos, al tener dentro de sí, del Atlántico al Pacífico, un gigantesco mercado homogéneo, «tenían cañones y la vaca entera».

Ese libro, titulado «The World in Depression 1929-1939», continúa la seria iniciada por la obra leidísima de Kindleberger, «International Economics», y respecto a nosotros, los europeos, su «A Financial History of Western Europe» (Allen&Unwin, 1984). Desde luego es admirable Kindleberger, visto lo sucedido en forma de actual crisis, por su resistencia a admitir la teoría de las expectativas racionales. Finalmente, en ese libro, casi de despedida de su vida, incluye una «espiral contractiva del comercio internacional», que muestra fehacientemente, cómo el proteccionismo que se originó tras la I Guerra Mundial y se acentuó desde 1929, en el que siempre destacó la reforma aduanera que implantó en España Cambó en 1922, que llegó a ser calificada en la Sociedad de las Naciones, como «la muralla china arancelaria española», generó de inmediato caídas en todo el comercio internacional, con lo que cada país, aumentaba el proteccionismo para al menos defender el mercado nacional para sus productos. Con ello volvía a rebajarse el comercio internacional, con lo que tornaba la depresión por aceptar la tentación proteccionista. Así se produjo la implosión de 1933 que se prolongó hasta después de la II Guerra Mundial. O más cerca de nosotros, recuérdese la fuerte decadencia que provocó, tras la I Guerra Mundial, la ruptura del Imperio Austrohúngaro para sus diversos fragmentos. Consúltese el libro de Frederick Hertz, «The Economic problem of the Danubian States. A Study in Economic Nationalism» (Victor Gollancz, 1947).

Implántese el proteccionismo catalán. Inmediatamente, por ejemplo, crecerá el IPC. Como los salarios están indexados, los productos catalanes perderán cuota de mercado en el resto de España y en el mundo. Será entonces necesario aumentar ese proteccionismo, que como se plantea dentro de un pequeño mercado, generará lo que un gran economista catalán, Perpiñá Grau explicó para siempre así: «Porque el mercado es pequeño, los costes son altos; porque es pequeño, no puede maquinizarse ni racionalizarse; porque es pequeño, los transportes son caros; porque es pequeño, las actividades han de nacer con protección y desarrollarse aumentando esa protección; porque es pequeño se trabaja en condiciones de crédito malas». El gran respaldo analítico de esta tesis de Perpiñá está en el famoso artículo de Allyn Young, que seguro también puede facilitar Mas Colell una copia a Pelegrí: «Increasing returns and economis progress» publicado en «The Economic Journal» en 1928.

Con todo eso aprenderá Pelegrí que lo que ha defendido, si bien puede molestar mucho a La Rioja, o al resto de España, a quien va a hundir es a Cataluña. Porque es imposible no estar de acuerdo con lo que acaba de señalar un profesor de Economía Internacional del Graduate Institute de Ginebra: «Los economistas, estudio tras estudio, cálculo tras cálculo, ponemos de manifiesto con una constancia asombrosa que los países que están más abiertos a la competencia internacional y a la concurrencia son los que mejor se desarrollan. El proteccionismo es una de las cosas escasas de las que puedo decir que es un mal absoluto». Así que cuidado en Cataluña con aplicar al mercado de esa región, lo que en crítica al librecambista Ricardo desarrollaron desde Jaumeandreu a Gual Villalbí, aunque ellos, por lo menos, lo que defendían era la producción catalana protegida, dentro del conjunto de un mercado más amplio, el español. Y aun eso, como se probó con el proceso de apertura iniciado desde 1959 en adelante, es ahora lo que se rechaza, no se sabe bien en nombre de quién, porque el proteccionista por excelencia, Federico List, defendió la Zollverein, la unión aduanera de todos los pueblos germanos, y abominó, en su etapa norteamericana, de la posibilidad de que la Confederación se separase de la Unión. En 1930, en Barcelona, apareció el libro de M. Rubio Tuduri y M. Mart, titulado «Vers una solució de conveniència. Estat Espanyol, Societat Anónima. Reportatge sobre la posició actual del catalanisme», donde se dice: «El catalanisme está paralizat. Dues forces contradictories el solliciten en sentits oposats, i el frenen. Sentimentalment, el catalanisme du al separatisme. Per els interessos materials dels catalanistes s’oposen a la disgregación de l’Estat espanyol. Será aquest el carreró sense sortida del catalanisme?».

El actual planteamiento, con gotas de ese dilema, también, más llanamente parece una reacción poco pensada que hora es de que se rectifique y abandone, porque no le faltaba a nuestra crisis actual más que la acentuación de desmoronamientos del mercado interior, ya muy desmoronado por la acción de políticas intervencionistas en las diversas autonomías, y ahora mismo, tras lo sucedido en el mercado laboral que resulta partido tras la votación parlamentaria del 22 de junio de 2011.

Juan Velarde Fuertes, miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.

3 comentarios


  1. Aceite de Andalucia, cerezas extremeñas, leche de Galicia y Asturias, etc. etc… Pero cuando es Catalunya a por ella. De eso me quejo.

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  2. Por el momento los únicos boicots que se han sustanciado y siguen en vigor son los de los españoles contra productos catalanes. Y digo boicots no simples consejos.

    ¿Eso quiere decir que la norma se cumple para Catalunya y no para España?

    ¿Cuantas campañas no se han hechos desde España para que se consuman productos españoles en infinidad de ocasiones? Pero si lo hacen los catalanes ya se sabe caña al mono…

    Un poco de seriedad y menos demagogia.

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    1. Salvo la protagonizada por Sebastián, creo que no recuerdo ninguna otra campaña a favor del consumo de los productos españoles. Y dado que Cataluña forma parte de España, también era a favor de sus productos. No se de qué te quejas.

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