Mujeres protagonistas

Este año el protagonismo de las mujeres ha sido dramático en los medios de comunicación porque las hemos visto agredidas en las manifestaciones, violadas en Egipto, Libia y Siria y asesinadas en España, víctimas de la violencia machista. Por ello, reconforta ver reconocidas y recompensadas a la joven pakistaní Malala Yousafzai, que ha obtenido el premio Sajarov 2013 a la libertad de expresión, y la canadiense Alice Mumro, a la que han concedido el Nobel de Literatura, y, recientemente, la escritora mallorquina Carme Riera, por su entrada en la Real Academia Española.

Alice Mumro es una genial escritora de relatos cortos. La más emblemática de las cuentistas orientales ha sido Sherezade. Sus relatos servían para que el sultán olvidara sus penas de amor, pero también para olvidar ella misma la muerte que le esperaba al finalizar cada velada. La figura de esta narradora que mediante la palabra busca el consuelo para sí misma y para su restringido auditorio permanece en el imaginario de cultura árabe como un ideal de mujer inteligente y cultivada. La escritora Fatima Mernissi reconocía durante las primaveras árabes la importancia de que las mujeres y los jóvenes perdieran el miedo para salir a la calle y cuestionar aspectos sociales y políticos. Y añadía: eso es nuevo porque para analizar lo que ha pasado es necesario recordar que todos los cuentos de las Mil y una noche terminan con esta frase: “El alba atrapó a Sherezade y ella se calló, porque era el fin de la palabra permitida”. Sherezade, igual que la mayoría de mujeres, no hablaba durante el día, porque es el hombre quien lo hace durante la jornada, concluía la socióloga marroquí.

Malala tiene 16 años y desde los 11 lucha para que las niñas, las mujeres puedan acceder a la educación. Utilizaba su blog con un seudónimo y arriesgaba su vida para llamar la atención sobre ese derecho fundamental que en el Valle de Swat, donde ella vivía, está prohibido. En el 2012 fue tiroteada a muerte por los talibanes, que le dispararon a la cabeza y al cuello. Pero Malala no podía callar y, recuperada en Europa, clama alto y fuerte para dar voz a las mujeres, no sólo de Pakistán o Afganistán, también de otros países que, quizás de forma más solapada, no pueden acceder a esa educación necesaria para convertirse en personas autónomas.

Hablar de las culturas de forma determinista sin considerar a las personas es una falacia. La diferencia de edad entre Alice Mumro y Malala es de 66 años y las tecnologías de la comunicación, desde su remoto valle, han servido para dar a conocer su valor. En 1966 a Mumro, tras publicar algunos de sus cuentos en revistas, le dedicaron un reportaje con el título: Ama de casa encuentra tiempo para escribir relatos. La escritora explicaba que abandonó sus estudios para casarse y ser ama de casa y que aprovechaba la siesta de sus hijas de cuatro y siete años para escribir en el cuarto de la plancha. Posiblemente muchas mujeres del sur y este mediterráneo, a pesar de contar en sus casas con televisión e internet, se sientan representadas por esa visión lejana de Mumro. Las mujeres son valientes no sólo manifestándose en las plazas públicas o escribiendo blogs, también participando en asociaciones que promueven el cambio de su estatuto personal restringido.

El informe realizado con motivo de la tercera Conferencia Ministerial Euromediterránea para reforzar el papel de las mujeres en la sociedad. que tuvo lugar el 11 y 12 de septiembre en París, reconoció “cierto progreso en las acciones y compromisos desde la primera Conferencia Ministerial del 2006 en Estambul hasta hoy”. “Se manifiesta que después de la segunda conferencia, la de Marrakech en el 2009, la situación de las mujeres se ha mejorado, particularmente en el acceso a la educación y a los servicios sanitarios, pero que los recientes resultados políticos y económicos desde las revueltas árabes en el Sur y la crisis económica en el Norte han tenido un impacto significativo sobre la situación de las mujeres en la región euromediterránea. Se reconoce la participación de las mujeres para producir el cambio, pero hasta hoy la protección esperada por estas y sus derechos no se han materializado completamente durante los procesos de transición”.

En las conclusiones ministeriales de Marrakech firmaron todos los países el acuerdo de la convención de la eliminación de todas las formas de discriminación contra las mujeres (Cedaw), tanto los países del Norte como del Sur. La mayoría de estos se reserva el derecho de no aplicar ciertas cláusulas, sea porque entran en conflicto con la charia, o con los códigos civiles locales y, tras las revueltas, la participación de las mujeres en la política no ha mejorado.

De la Conferencia Ministerial de París no se esperaban conclusiones sustanciales, quizás lo más importante fue el compromiso de hacer un seguimiento, ya que es lo que suele fallar de estas reuniones. No hay un seguimiento ni de los acuerdos jurídicos ni tampoco de dónde van a parar los fondos destinados a proyectos para las mujeres. También hizo énfasis en la necesidad de destinar más recursos contra la violencia machista. Las Malala, Alice y todas aquellas que resisten a pesar de las situaciones adversas son corredoras de fondo que mantienen los relevos de dar voz a las mujeres en su sociedad.

Maria-Àngels Roque, antropóloga, IEMed

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