Musulmanas en el olvido

Por Dolors Bramon, profesora de estudios islámicos (EL PERIÓDICO, 21/12/07):

Se han presentado unos resultados muy optimistas sobre la satisfacción de los emigrantes musulmanes en España, pero cabe preguntarse qué sucede con las mujeres. En primer lugar, la migración de musulmanas no suele ser espontánea, sino que forman parte de ella como miembros de una familia: son esposas, hijas, madres, etcétera. Es por ello que no se les puede aplicar el tópico de que pertenecen al grupo de personas más emprendedoras de su comunidad, cosa que suele decirse de los varones. A menudo, además, ni siquiera han decidido su propia emigración. Una vez que esta se hace efectiva, hay que advertir que cada persona viene con su propia cultura y que, en principio, no parece que precisen de ninguna otra. En el caso de las musulmanas, se enmarca dentro de las directrices del islam. Pero hay otras inercias que interfieren en su adecuación a los mecanismos de adaptación (religiosa, cultural, social, etcétera) y a los usos de la población de acogida, esencialmente laica. Y todo ello sin dejar de pertenecer a la sociedad islámica de la que forman parte.
En España, la mayoría de inmigrantes provienen del Magreb y son de cultura islámica árabe y bereber. Aunque ambos términos no se relacionan demasiado a menudo con el concepto de cultura, vale la pena recordar que cada cultura tiene sus propios valores y su propia verdad.
Hablo aquí de las inmigrantes por motivos económicos que llegan con poca o nula preparación laboral fuera del hogar. Salvo casos excepcionales, su primera dificultad vendrá determinada por el desconocimiento del idioma, que en Catalunya se agravará por el doble uso del castellano y del catalán. Si no trabajan (o no las dejan trabajar), su relación con el exterior se realizará mediante el concurso del marido o de los hijos, y ello será difícil en determinadas ocasiones, como ir al médico, hablar con mediadores sociales, con los maestros de sus hijos, etcétera. Si los interlocutores son hombres, la comunicación puede llegar a ser una barrera infranqueable que la presencia de familiares contribuye a empeorar. Las pocas que trabajan accederán más fácilmente a la lengua, pero su dedicación al servicio doméstico limitará su aprendizaje al ámbito privado. Podrá haber un proceso de aculturación, pero será lento por la falta de interés mutuo de ambos colectivos. Del mismo modo, las emigrantes musulmanas no suelen relacionarse con españolas conversas al islam. Las diferencias sociales, económicas y culturales figuran entre los motivos, y lo mismo puede decirse de los varones y de las distintas asociaciones islámicas que, con frecuencia, solo agrupan a personas de una misma procedencia.

EN SU PRÁCTICA religiosa, la principal dificultad será el rezo en la mezquita. En su país, hay mezquitas solo para mujeres o entran en las de los hombres por una puerta distinta, utilizan una sala reservada o se colocan detrás. Pero aquí, y con muy pocas excepciones, se las excluye con la excusa de que no hay espacio suficiente ni siquiera para los hombres. La marginación de las musulmanas en Barcelona se manifestó en la retransmisión televisiva de la Fiesta del Sacrificio al final de la peregrinación a La Meca, el 10 de enero de 2006. Los medios de comunicación hicieron notar la ausencia de mujeres y acusaron a los musulmanes catalanes de discriminación y de machismo.
Otro punto es el del velo, cuyo uso está aumentando. Así reivindican su pertenencia a otra cultura, y no siempre lo hacen por motivos religiosos, sino como rechazo a un Occidente dominante y avasallador. Lamento que también se dé el caso de mujeres forzadas a vestirlo por voluntad del cabeza de familia, y esto es lo que se debe evitar, pero me congratulo de que el llamado problema del velo aquí haya sido esporádico y de que no se pueda hablar de un problema como tal.
La poligamia interfiere negativamente en la migración. A menudo, y sobre todo entre la población negra, el emigrante viene acompañado de una esposa y luego la reenvía a su país para que venga otra. Esto dificulta la aculturación y, a veces, el intercambio de tarjetas de la Seguridad Social entre ellas conlleva problemas sanitarios.

HAY ASPECTOS muy duros de la vida de algunas mujeres cuyo origen no se puede achacar al islam. Uno de ellos es el de la mutilación genital. En España, donde la población de riesgo practica la modalidad menos grave o ablación de clítoris, se detectaron los primeros casos en los años 90. Desde entonces, ha habido una lucha eficaz y las lesiones contra la integridad corporal o la salud física y mental de las personas ya está tipificada en el Código Penal. Pero algunas niñas han sido interceptadas a punto de viajar a sus países, donde era muy probable que las mutilaran, y no se puede bajar la guardia: hace poco se ha impedido que otras dos salieran por El Prat. Hay noticia de matrimonios forzados. Ojalá la mayor información que adquirirán las musulmanas restablezca su derecho inalienable a escoger a su pareja.
Acabo con una referencia a la violencia de género. Breve porque no es propio ni exclusivo del islam. Una vez más, hay que pensar en las dificultades que supone para las víctimas el desconocimiento del idioma, el miedo a que se descubra que carecen de papeles y el rol negativo que desempeñan algunos dirigentes del islam.