Nace el sindicato global

Por Joan Coscubiela, secretario general de CC. OO. de Catalunya (LA VANGUARDIA, 08/11/06):

El mismo día que en Catalunya la ciudadanía decidía su futuro político en las urnas, en otro lugar de la vieja Europa se ponían los cimientos de lo que ha de ser el sindicalismo global del siglo XXI. En Viena se ha celebrado el proceso constituyente de la Confederación Sindical Internacional (CSI) que, después de varios años de trabajo, ha conseguido reunir a 1.600 representantes de 310 sindicatos, correspondientes a 165 países y con una afiliación de más de 180 millones de personas.

Es una novedad positiva que este siglo comience con un esfuerzo para la unificación del sindicalismo internacional, que durante todo el siglo XX ha vivido una significativa división que en largos periodos ha sido de clara ruptura. Primero fue la división producida en el movimiento obrero entre la matriz libertaria y la socialista. Después, la ruptura nacida de la guerra fría que ha mantenido durante sesenta años al movimiento sindical fragmentado en función de la adscripción cerrada de las centrales internacionales a las corrientes ideológicas del momento, socialdemocracia, socialcristianismo y comunismo.

Aunque los trabajos formales comenzaron hace tres años, desde mucho antes en distintos países y sindicatos había cuajado la idea de una única central sindical internacional. Es el momento de recordar a la generación de Marcelino Camacho, que, ejercitando la independencia sindical y apostando por el carácter unitario del sindicalismo, se negó siempre – y se salió con la suya- a que CC. OO. entrara en la FSM controlada por el bloque soviético. Y en los años 70 y 80 eso no salía gratis. Significó no recibir nada de la mucha ayuda económica que las grandes potencias canalizaban a través de las organizaciones sindicales internacionales (CIOSL, CMT y FSM) y que llegó a España para apoyar a otros sindicatos.

Un factor clave para llegar hasta aquí ha sido la positiva experiencia de la Confederación Europea de Sindicatos (CES) que ya en plena guerra fría era la única instancia sindical unitaria y que en la última década y con el liderazgo de Emilio Gabaglio ha consolidado su función de interlocutor social ante las instituciones europeas y la patronal Unice. Para el paso definitivo ha sido determinante que todo el mundo tuviera claro que lo que nos separaba era una adscripción ideológica cerrada que ha saltado por los aires con la globalización y por eso la CSI se declara unitaria y pluralista. Lo que nos une ya no son las ideologías tradicionales, pero sí viejas y jóvenes ideas fuerza que pugnan por constituir una nueva ideología.

La primera y más importante de estas ideas es la necesidad de construir contrapoderes sociales globales – que, no se olvide, son parte substancial de la democracia- frente a un modelo social imperante en la actualidad, basado en una globalización sin reglas ni derechos. Contrapoderes frente un mercado globalizado que opera como el gran regulador de la economía y la sociedad ante el vacío dejado por las instituciones y organizaciones sociales de ámbito estatal que encuentran grandes dificultades para cumplir su función social. Es oportuno resaltar la denuncia del Congreso a los intentos de hacer de la Responsabilidad Social Corporativa una alternativa de marketing de las multinacionales, con las que sustituir el papel de la regulación legal, nacional e internacional, los gobiernos e instituciones y las propias organizaciones sindicales. En cambio aparece una apuesta decidida por la reforma del FMI, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio.

El gran objetivo compartido es cambiar el modelo de globalización ultraliberal por otro basado en un desarrollo económico, social y ambientalmente sostenible, que garantice los derechos humanos, que genere trabajo decente, que ponga fin a la pobreza masiva y que promueva un crecimiento económico mediante la distribución equitativa de la riqueza. Una gran novedad supone incorporar la sostenibilidad ambiental en un proyecto sindical internacional, en una línea de futuro que el sindicalismo comparte con pensadores o políticos mundiales y que nos diferencia sin duda de los poderes económicos locales de nuestro país.

Entre las tareas inmediatas de la nueva CSI están la necesidad de defender el ejercicio de los derechos humanos en todo el mundo, comenzando por países como Colombia donde se continúan asesinando a sindicalistas u otros como China donde la libertad sindical es inexistente. Sin olvidar prácticas antisindicales que se dan en democracias consolidadas, como las practicadas por Wal-Mart en EE. UU. o Ryanair en la Unión Europea. Sólo consiguiendo este reconocimiento a los derechos sindicales como derechos humanos se estará en condiciones de avanzar en los objetivos de trabajo decente para los trabajadores, especialmente los jóvenes o poner fin al trabajo infantil en todas sus manifestaciones. En este sentido la naciente CSI es consciente de la importancia de colaborar con otros sujetos sociales globales como las ONG que trabajan en cooperación para el desarrollo o el Foro Social Mundial.

Queda mucho por hacer y mucho trayecto que recorrer para que podamos hablar de un sindicalismo global. Pero menos que el recorrido por las primeras organizaciones gremiales o de ayuda mutua, durante la primera industrialización, para llegar hasta donde hoy nos encontramos. En Viena se ha puesto la primera piedra de un nuevo sujeto social global.