¿Nació Isabel de Castilla?

“Todos conocen a la Reina, pero pocos saben quién era Isabel”. Con este sugestivo eslogan la primera cadena del país convocaba a su audiencia televisiva todos los lunes en hora privilegiada de emisión. Un telespectador que trate de ser objetivo en la valoración de «Isabel» podría establecer un criterio global de aciertos y fallos en los capítulos emitidos.

En orden de aciertos, el mayor de la serie ha sido divulgar, para un público heterogéneo, la figura egregia de nuestra reina, desgraciadamente no conocida en su extraordinaria dimensión histórica, incluso en nuestro país. Destaca como acierto original la selección de la actriz protagonista que se ha identificado plenamente con el papel a la vez admirable y complejo de Isabel, transmitiendo al telespectador las virtudes que en vida ella encarnó: nobleza, santidad, dulzura, austeridad y carácter, que marcarían posteriormente toda la trayectoria de su ejemplar reinado.

Las antedichas virtudes se completaban con una singular hermosura, plasmada magistralmente en el retrato que de ella hizo el pintor Federico Madrazo, especializado en la reproducción pictórica de personajes monárquicos. En contraposición a dichos aciertos hay que destacar idéntico número de fallos. El primero, el enfoque de «telenovela», con perfiles en ocasiones «pseudobiográficos»; le ha restado seriedad. Se ha destacado este aspecto secundario, subordinándolo al fin principal que elegirían historiadores y expertos, conocedores de la trayectoria inmensa que representaron los personajes reales de Isabel y Fernando. El rasgo histórico fundamental que caracterizó a ambos fue el de Unificación. Los Reyes Católicos lograron para España:

a) La unidad política, centralizando el mando de su reino y sometiendo a la nobleza y el clero imperantes, que con su ambición y continuos levantamientos generaban la anarquía y la pobreza entre los ciudadanos españoles, hipotecados por la ambición desmedida de aquellos terratenientes sin escrúpulos, que se enriquecían a su costa.

b) La unidad territorial, culminada el 2 de enero de 1492, tras la batalla de Santa Fe, con la entrega de las llaves de Granada por el emir Boabdil, último baluarte árabe en España.

c) La unidad de idioma. Nebrija escribió la primera gramática, que sirvió como lengua de entendimiento común, entre todos los españoles del reino, y después entre los de ultramar del Nuevo Mundo, recién descubierto por Cristóbal Colón.

d) La unidad religiosa, creando el Santo Oficio para preservar la fe, las normas y la pureza del catolicismo, ideas tan firmes como obsesivas de la Reina. De ello derivó la expulsión de judíos y musulmanes no conversos. Sus consecuencias y resultados fueron, y siguen siendo, controvertidos y discutidos por historiadores e intelectuales, tanto a favor como en contra.

e) La unidad de empresa, con el apoyo y asesoramiento de su confesor principal fray Hernando de Talavera, que medió a favor de Cristóbal Colón. Tras la toma de Granada quedan vacías las arcas de la Corona y la Reina «vende sus propias joyas», financiando con este gesto la mayor de las empresas marítimas de la Historia Universal: el Descubrimiento de América.

Todos y cada uno de estos conceptos de unificación, y la importancia que conllevan, no quedan debidamente reflejados en la serie de televisión. Sin embargo, el mayor desacierto de «Isabel» arranca ya en el primer capítulo. Al finalizar este nos preguntamos: ¿nació Isabel de Castilla? Quedamos perplejos al contemplar que no nace… ¡Ya ha nacido!, apareciendo la actriz protagonista en su plena juventud.

Isabel nació en la muy noble, imperial y coronada villa de Madrigal de las Altas Torres (Ávila) el 22 de abril de 1451, que coincidió con un Jueves Santo. Su ilustre y egregio nieto el Emperador Carlos I de España y V de Alemania supo reconocer y premiar con aquellos títulos a la ciudad natal, cuna de la más excelsa, noble y santa Reina que ha tenido España desde los albores monárquicos de la Asturias de Don Pelayo, año 711, hasta la actualidad.

¿Qué pensaría la Reina Isabel, con mayúscula Isabel de España, llamada la Católica, si levantara la cabeza en la actualidad, de los alienados tiempos en los que estamos viviendo? ¿Qué opinaría y cómo juzgaría la mezquindad de irresponsables dirigentes secesionistas que, iluminados por visiones «mesiánicas», proclaman y tratan de difundir a los cuatro vientos un discurso de resquebrajamiento y ruptura de una parte de la España que ella y su esposo Fernando de Aragón consiguieron unificar en 1492?

Isabel falleció el 26 de Noviembre de 1504, en el castillo de la Mota (Medina del Campo, Valladolid), a la edad de 53 años, de un cáncer de mama, enfermedad dolorosa, de evolución lenta y progresiva. Hemos remontado ya los españoles cinco siglos desde que los Reyes Católicos, y su mayor protagonista, la Reina Isabel, unificaron este polícromo, políglota, polimorfo y rebelde pero inigualable país llamado España, del que la inmensa mayoría de cuantos lo habitamos nos sentimos orgullosos.

Antonio Palomero, Comendador de la Academia de la Hispanidad de Nobles Caballeros y Damas de la Reina Isabel la Católica en la República de Cuba.

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