Nada impide cerrar Garoña

Recientemente, el secretario de Medio Ambiente de la Ejecutiva federal del PSOE, Hugo Morán Fernández, declaró en un encuentro informativo con los medios, que España cuenta con capacidad energética suficiente para asumir el cierre inmediato de la central nuclear de Garoña. También dijo que no tiene sentido abrir el debate sobre ‘nuclear sí, nuclear no’, sino que España debe prescindir cuanto antes del parque nuclear existente.

Morán está en lo cierto. La contribución energética de la central nuclear de Garoña es escasa y está sobradamente compensada por la aportación de las energías renovables. Así, la aportación de Garoña al sistema eléctrico en el año 2008 fue tan sólo de 4.021 Gigavatios-hora (Gwh), lo que supone un 1,43% sobre el total de generación neta de electricidad de ese año (que fue de 279.868 Gwh).

En comparación, las energías renovables aportaron en 2007 un 23% del total de la electricidad generada (un 3% más que todas las centrales nucleares juntas). La energía eólica produjo por sí sola un 11% de la electricidad en 2008. La contribución de las renovables en 2007 (último año con datos completamente desglosados por parte de Red Eléctrica Española, REE) fue de 62.081 GWh, un 9,61% superior a la del año anterior (5.969 GWh más). Simplemente esos 5.969 Gwh de incremento de la producción de electricidad renovable en 2007 con respecto a 2006 suponen casi el doble de la aportación de la central nuclear de Garoña.

Por otro lado, España exportó en 2008 una cantidad de electricidad equivalente a la producida por tres centrales nucleares como la de Garoña. En efecto, los intercambios internacionales de electricidad del sistema eléctrico español registraron en 2008 un saldo netamente exportador de 11.221 Gigawatios-hora (GWh), un 95% superior al de 2007, según datos de REE. La comparación de esa cantidad con la producción eléctrica media de Garoña en los últimos años (3.837 GWh en 2006; 3.478 GWh en 2007; 4.021 GWh en 2008), evidencia que nuestra capacidad de exportación de electricidad es tres veces superior a la producción de electricidad anual de Garoña.

En suma, no hay ningún obstáculo energético que impida el cierre inmediato y definitivo de la central nuclear de Garoña. Ni tampoco económico, pues esta central está ya más que amortizada desde hace años.

Así pues, animamos al Gobierno socialista a que, en coherencia con lo expresado por el secretario de Medio Ambiente del PSOE, no demore por más tiempo hacer oficial la decisión de que la central nuclear de Garoña cerrará de forma definitiva el próximo 5 de julio (cuando vence su permiso de explotación).

No hay nada que impida cerrar Garoña de forma inmediata. Y hay muchas razones para proceder a su clausura. Entre ellas, la enorme demanda social en ese sentido, como demuestran reiteradamente los sondeos de opinión, y los graves problemas de seguridad que tiene la instalación.

Un amplio conjunto de organizaciones sociales, ecologistas, sindicales, vecinales y políticas viene reclamando desde hace años el cierre de Garoña debido a su funcionamiento peligroso, petición hecha también desde instituciones como el Gobierno vasco y la Diputación Foral de Álava.

Garoña, conocida como la «central de las mil y una grietas» por los graves problemas de agrietamiento que sufren diversos componentes de la vasija del reactor (ésta es el verdadero corazón de la central nuclear, ya que alberga el combustible de uranio: el núcleo), es una central cuya seguridad se encuentra seriamente comprometida.
Diseñada en los años 60, fue inaugurada por Franco allá por 1971. Es de un tipo muy antiguo de reactor que está ‘fuera de normativa’. De hecho, un reactor de este tipo no podría licenciarse ahora, ya que no cumple ni siquiera con los estándares de seguridad que se exigen internacionalmente en la actualidad.

Garoña se diseñó para una vida útil de 25 años, pero lleva ya 38 de funcionamiento. Aunque los lleva muy mal. El reactor nuclear de Garoña está muy ‘tocado’. Su deterioro y envejecimiento son muy evidentes. En una clara demostración del agotamiento de su vida útil, sufre desde hace años un proceso de agrietamiento múltiple (por un fenómeno destructivo denominado agrietamiento por corrosión bajo tensión, Stress Corrosion Cracking -SCC, en sus siglas inglesas) que afecta a diversos componentes internos de la vasija del reactor. Este problema afecta ya al 70% de los tubos que atraviesan la vasija del reactor y por los que pasan a su interior las barras de control, que son el ‘sistema de frenado’ de la reacción nuclear. Este agrietamiento empeora irreversiblemente con el tiempo, según ha reconocido el Consejo de Seguridad Nuclear ante el Parlamento.

Además de estos graves problemas estructurales, el mal estado de numerosos equipos y elementos de la central ha provocado una cascada de sucesos de seguridad, varios de ellos penalizados como de Nivel 1 en la Escala Internacional de Sucesos Nucleares (INES), y abundantes paradas forzosas del reactor. El más reciente es el fallo de los sistemas de suministro de electricidad de emergencia (que le ha supuesto un Nivel 1 en la INES en agosto de 2008). Pero deben recordarse, entre otros muchos: el comportamiento anormal de las válvulas de ventilación del edificio del reactor (en 2005, otro Nivel 1); la rotura de un elemento de combustible nuclear en diciembre de 2006; las fugas de agua al pozo seco del reactor, en 2007; la avería en el sistema de ventilación del aire del interior de la contención primaria, en 2008, etcétera.

Una rotura en un elemento de combustible nuclear es el último suceso de seguridad conocido (gracias a las denuncias de Greenpeace), de los, al menos, nueve que lleva ya en lo que va de 2009, incluyendo dos paradas no programadas y un incendio y explosión en un transformador de electricidad.

Además es evidente su pésima cultura de seguridad, que ha llevado por ejemplo a situaciones tan graves como la no detección, durante 7 meses, de la inoperabilidad de la instrumentación post-accidente de la temperatura interior de la contención (detectado en noviembre de 2005, y que fue calificado como Nivel 1 en la INES): este suceso reafirmó claramente la falta de controles suficientes en la instalación de Garoña; o el envío de chatarra contaminada radiactivamente a una instalación de reciclado (en 2004, otro Nivel 1), además de numerosos fallos derivados de errores humanos en el cumplimiento de procedimientos.

La prolongación del funcionamiento de las centrales nucleares más allá de su vida útil aumenta sus riesgos operativos y por lo tanto afecta a la seguridad de los ciudadanos. Además, esa prolongación supone un balón de oxígeno para una industria nuclear en declive, que actúa en contra de la consecución de un desarrollo sostenible (basado en la reducción del consumo energético, la mejora de la eficiencia y el uso amplio e intensivo de las energías renovables eólica, solar y biomasa). El presidente Obama parece tenerlo claro: siendo un país que conoce bien los riesgos de la energía nuclear (no en vano sufrió el segundo accidente nuclear más grave de la Historia, el de la central de Three Miles Island, Harriburg, en 1979), ha puesto el sector energético en manos de un premio Nobel experto en energía solar, con un proyecto de inversión de 150.000 millones de dólares en energías renovables, con el objetivo, entre otros, de crear miles de puestos de trabajo, un proyecto en el que la energía nuclear brilla por su ausencia.

Carlos Bravo Villa, responsable de Energía de Greenpeace, y Alejandro Sota Aira, ingeniero energético y economista.