Nadie gana donde todos pierden

Nadie gana donde todos pierden
Emmanuel Wong/Getty Images

Si en alg√ļn momento la comunidad internacional se encaminaba hacia un orden global m√°s pac√≠fico y justo, fue durante los primeros a√Īos posteriores a la Guerra Fr√≠a: aunque la gobernanza mundial no carec√≠a de defectos, el riesgo de guerra entre las grandes potencias parec√≠a escaso y la pobreza estaba disminuyendo. Adem√°s, los resultados iniciales de las cumbres dedicadas a fomentar el desarrollo y salvaguardar al medio ambiente hac√≠an esperar grandes adelantos para solucionar los problemas m√°s acuciantes de la humanidad.

Pero las tensiones geopol√≠ticas y la incertidumbre econ√≥mica desplazaron desde hace ya mucho al optimismo y la ambici√≥n de esa √©poca. En vez de trabajar de manera aunada para encarar los desaf√≠os urgentes, la comunidad internacional se encuentra, en palabras del Secretario General de la ONU, Ant√≥nio Guterres, ¬ęparalizada en medio de una colosal disfunci√≥n mundial¬Ľ.

Algo todavía peor es que a muchos estados ya no parecen importarles los beneficios más amplios del orden mundial liberal: les preocupa más qué tajada obtendrán de la torta. Tanto algunos actores clave de la comunidad transatlántica como autocracias poderosas, además del Sur Global, no están satisfechos con lo que perciben como una distribución desigual de los beneficios de la cooperación mundial.

En muchos pa√≠ses occidentales, una gran parte de la poblaci√≥n cree que su tajada se est√° reduciendo debido a lo que perciben como una tendencia general de estancamiento y deterioro local. Los nuevos datos del √ćndice de M√ļnich sobre Seguridad indican que pocos de los habitantes del G7 a√ļn creen que sus pa√≠ses ser√°n m√°s seguros y ricos dentro de una d√©cada. Sin embargo, muchos esperan que China, al igual que Brasil, India y Sud√°frica, ganen mucho poder durante ese per√≠odo.

Los políticos populistas occidentales son expertos en explotar el temor al deterioro, pero las políticas nacionalistas que proponen podrían acelerar ese proceso. Incluso los líderes no populistas han comenzado a recelar de la globalización a medida que los inconvenientes de una mayor interdependencia se tornan más visibles.

Es posible que China sea quien m√°s se benefici√≥ gracias al orden econ√≥mico liberal. Ese pa√≠s ayud√≥ a aumentar el tama√Īo de la torta y sus l√≠deres creen que ahora merece una tajada mayor (y que en realidad es Estados Unidos la potencia revisionista, que procura detener el ascenso chino y evitar que asuma el papel que le corresponde en el escenario mundial).

Considerando los diversos desaf√≠os internos que enfrenta, entre ellos, la reducci√≥n de su poblaci√≥n, una crisis en el sector inmobiliario y elevados niveles de deuda gubernamental, es probable que China se centre a√ļn m√°s en los beneficios relativos en los pr√≥ximos a√Īos. Mientras los l√≠deres chinos siguen hablando de una cooperaci√≥n en la que todos ganan, otros bromean con que en realidad eso significa China gana dos veces. Claramente, las pol√≠ticas chinas de los √ļltimos a√Īos llevaron a que haya quienes se muestran m√°s esc√©pticos respecto de las metas a largo plazo de ese pa√≠s, y hasta llevaron a unos pocos a tratar de ¬ęreducir los riesgos¬Ľ de sus relaciones con √©l.

A otros no los preocupa que su porción de la torta se esté encogiendo, porque ya creían, de todas formas, que era mísera. Para quienes viven en la pobreza o sufren conflictos prolongados, los llamados a defender el abstracto orden basado en normas y asumir los costos relacionados les resultan inapropiados y les sugieren un intento de Occidente para reforzar su dominio.

Muchos de los pa√≠ses del Sur Global son muy conscientes de que ser√°n ellos quienes m√°s sufran debido a la creciente fragmentaci√≥n geopol√≠tica y evitan por ello tomar partido. Prefieren abogar por un alineamiento m√ļltiple, que les permitir√≠a dedicarse a sus propias metas. Pero la diplomacia transaccional que defienden algunos de esos pa√≠ses, centrada en acuerdos bilaterales y beneficios de corto plazo, debilitar√≠a las perspectivas de largo plazo que solo puede proporcionar un sistema basado en normas.

A medida que cada vez m√°s estados definen su √©xito en t√©rminos relativos, podr√≠a comenzar un ciclo en el que prime la idea de la suma cero, que debilitar√≠a la prosperidad compartida y exacerbar√≠a las tensiones geopol√≠ticas. Este escenario en el que todos pierden ya gana terreno en muchas esferas pol√≠ticas, y varias regiones se est√°n sumiendo en √©l. Incluso la pol√≠tica clim√°tica ‚ÄĒtal vez el mejor ejemplo de c√≥mo la cooperaci√≥n mundial puede ser beneficiosa para todos‚ÄĒ corre el riesgo de caer en manos de una mentalidad en la que prime el an√°lisis de c√≥mo los pa√≠ses pueden ganar a expensas de otros.

Hay motivos válidos para algunas de esas decisiones políticas: reducir los riesgos de las relaciones económicas es una respuesta racional a un entorno más competitivo, y puede ayudar a reducir las vulnerabilidades; pero la creciente fragmentación de la economía mundial en bloques geopolíticos que compiten entre sí podría perjudicar al crecimiento, especialmente en los países con bajos ingresos. Un menor crecimiento económico, a su vez, potencia la visión de suma cero y crea una profecía autocumplida.

Frente a la incertidumbre geopolítica es comprensible que los países procuren proteger sus tajadas de la torta, pero la comunidad internacional debe evitar que el temor a la desigualdad en los resultados prevalezca en los debates políticos. Por sobre todas las cosas, los esfuerzos para proteger cada tajada deben equilibrarse con intentos por agrandar la torta. Para ello serán necesarias nuevas asociaciones basadas en la cooperación mutuamente beneficiosa, y reformar el orden internacional basado en normas para garantizar que los beneficios se compartan de manera amplia. Si esos esfuerzos fracasan, todas las tajadas se reducirán y los países terminarán compitiendo para ver quién pierde menos.

Tobias Bunde, a senior researcher at the Hertie School in Berlin, is Director of Research and Policy at the Munich Security Conference. Sophie Eisentraut is Head of Research and Publications at the Munich Security Conference.

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