Ni crisis ni recesión

Por Antonio Gutiérez Vergara, presidente de la comisión de Economía y Hacienda del Congreso (LA VANGUARDIA, 31/10/07):

Mucho habría que escudriñar en la historia de la izquierda para dar con alguna reseña (probablemente necrológica a estas alturas) sobre algún grupúsculo que alguna vez propugnó el “cuanto peor mejor”. Un discurso tan canalla como estúpido. Es ruin desear que todo se hunda para probar la propia valía y necio creer que se salvará del derrumbe general, en el que por cierto saldrán más descalabrados los que más abajo estén. Más acá de la mitología, en el mundo real, quienes se proponen como Ave Fénix emergiendo de las cenizas suelen encarnarse en una especie más próxima a la de los pájaros carroñeros que revolotean sobre los despojos.

Aprender que no es más radical el más extremista sino el más consecuente en la defensa de los intereses e ideales que se aspire a representar, le ha costado a una parte de la izquierda la extinción en ciertos casos y quedarse bajo mínimos representativos en otros. La derecha no predica el “cuanto peor mejor”, pero lamentablemente lo practicó con los últimos gobiernos de Felipe González y lo vuelve a practicar ahora.

Aún no habían aterrizado en Europa todas las noticias sobre la crisis de la hipotecas basura en Estados Unidos y se lanzaron los máximos dirigentes del PP a clamar porque la “etapa de crecimiento que se inició con el PP toca a su fin y la economía española está abocada a entrar en recesión” (Eduardo Zaplana). De entrada, la recuperación comenzó en el tercer trimestre de 1994, con Pedro Solbes de ministro de Economía, y el desmentido más rotundo a la segunda parte del aserto vino desde el Instituto de Estudios Económicos de la gran patronal CEOE, que afirmó : “Ni crisis ni recesión. Una recesión es ahora imposible y para decir que estamos en crisis tendríamos que entrar en un crecimiento lento que no genere empleo y eso tampoco va a ocurrir”.

Todas las previsiones conocidas, hayan sido hechas por entidades financieras, institutos universitarios u organismos internacionales, estiman una moderación del crecimiento para el próximo año, entre el 3% y el 3,3% que ha avanzado el Gobierno en el escenario macroeconómico que acompaña a los presupuestos generales del Estado para el 2008, pero incluso la más pesimista, la del FMI, otorga a España una evolución creciente del PIB de un 2,7%, que seguirá siendo bastante superior a la media de la Unión Europea. Aunque si se pone un poco de atención en el informe de este organismo, se advertirá que prevé también un repunte hasta el 2,9% en la creación de riqueza durante el cuarto trimestre del 2008, es decir, que aun produciéndose una ligera desaceleración en el conjunto del ejercicio, se espera que sea pasajera para retomar acto seguido la senda expansiva. Tampoco está de más recordar que las previsiones del Fondo concernientes a España acostumbran a fallar desde principios del nuevo milenio. Entre el 2002 y el 2004, ambos inclusive, se equivocó al alza y nuestro país creció menos de lo esperado por los expertos del FMI, pero ya para el 2005 avanzó que creceríamos un 2,9% y acabamos el año con un 3,6% (el Gobierno había pecado de moderado previendo un 3%). Para el año siguiente estimaron desde Washington un alza del 3% y alcanzamos el 3,9%; en el 2007 teníamos que habernos quedado de nuevo en el 3% y otra vez la realidad superará la visión del FMI puesto que rozaremos el 4%.

Afortunadamente, se van recibiendo datos sobre la economía norteamericana que revelan un menor impacto del que se temía de la crisis financiera contagiada por el mercado hipotecario, como es por ejemplo la recuperación registrada durante las dos últimas semanas en la bolsa de Nueva York. La repercusión en las economías europeas aún será más leve aunque la más afectada parece ser la alemana, uno de nuestros principales compradores. No obstante, este revés junto al encarecimiento de algunas materias primas, la subida en el precio de los cereales (el del trigo se ha duplicado a escala mundial) y la elevada cotización del petróleo han inducido la moderación ya señalada en las previsiones para el año 2008.

Aunque algo menos que en los últimos años, se seguirá creando empleo y en ningún caso se teme por la elevación del desempleo, que se mantendrá en el 8%, las cuentas públicas volverán a registrar superávit y la deuda pública se aliviará en 12 puntos porcentuales hasta el 34% del PIB (la menor en veinte años), el sector privado dispondrá por tanto de un marco saneado y de margen suficiente acometer nuevas inversiones, que se animadas a su vez por la reducción impositiva en sociedades, cuyo pasará del 32,5% actual al 30% del próximo primero de enero. De contaremos con unos presupuestos destinarán el 50,5% del gasto a las sociales, incrementarán las pensiones 7,2% y destinarán un 9,7% más a la de vivienda. Un alza muy parecida, respecto del 2007, servirá para mejorar infraestructuras. definitiva, las expectativas se alejan catastrofismo aventado por la oposición carece de credibilidad en la crítica también de la solvencia exigible para alternativa de gobierno.