Ni ‘panem’ ni ‘circenses’

La táctica de José Luis Rodríguez Zapatero para ganar tiempo y distraer al personal, con el habitual opio del pueblo en forma de fútbol, parece que no acaba de prosperar. Primero, porque aquí la garantía de unos mínimos de subsistencia, de momento y por lo que respecta a los indigentes, solo la han asumido Cáritas, parroquias como Santa María Reina, Pompeia y algunas oenegés. No como otros, que regalan una máquina de coser a una guatemalteca indígena a lo Evita Duarte de Perón. En segundo lugar, el tropezón de la Roja en el primer partido del Mundial pone en duda que el fervor futbolístico y nacionalista permita pasar el verano a base de los métodos del aquí caigo y allí me levanto o mañana será otro día. Y, por si fuera poco, ahora resulta que Sogecable provoca el concurso de acreedores de Mediapro y crea, como es lógico, alguna inquietud sobre las retransmisiones de los partidos y sobre la financiación de los clubs.

Por cierto, en estos momentos de cohabitación, alguien podría explicarnos los detalles del nuevo contrato Barça-Mediapro y si tiene aval bancario.

ASÍ, PUES, Zapatero acaba de asistir a su última reunión de la Unión Europea en calidad de presidente de turno. Ha ido allí para prometer que hará los deberes que los socios comunitarios le impongan, entre otras razones, porque ya está escarmentado por un stop and go del Banco Central Europeo, al que España debe devolver el día 1 de julio los 80.000 millones de euros que le prestó ahora hace un año. La edición alemana del Financial Times disparó las alarmas al decir que España podría necesitar el rescate del nuevo fondo europeo de estabilidad que se ha creado con unos recursos de 440.000 millones de euros. Otras voces preocupantes se refirieron a una posible intervención a la griega y al hecho de que España ya se lleva el 17% del total de los préstamos del BCE a las entidades de crédito.

En realidad, en la deuda, como en tantas cosas, Spain is different, porque tiene uno de los niveles más bajos de deuda pública de la eurozona (un 53% del PIB) y porque su problema de verdad radica en el sector privado, que tiene un endeudamiento equivalente al 178% del PIB. Y esto es válido tanto para los bancos y, principalmente, las cajas, como para las grandes empresas que Michael Lewitt describe como rehenes de los grupos de interés con enorme poder fáctico. En efecto, afirma que las democracias occidentales son ahora el instrumento genuflexo y cautivo de unos grupos de presión transversales y sectoriales que anteponen sus intereses a los de la sociedad en su conjunto. El resultado es, naturalmente, que la redistribución de la riqueza se hace todavía más a favor de los privilegiados, en lugar de crear riqueza para toda la sociedad. Tal como dijo Helmut Schmidt, los beneficios de hoy tienen que ser las inversiones de mañana y los puestos de trabajo de pasado mañana. En relación con esas empresas mastodónticas, como las del Seopan, que siempre flotan junto al poder aunque se produzcan cambios de signo contrario, hay que tener presente que la última que colocó una emisión de deuda en el mercado exterior fue OHL el pasado abril y que, además, lo hizo a un interés del 7,3 %.

La semana, y el semestre, se ha cerrado con la visita a Madrid del director gerente del FMI, Dominique Strauss-Kahn, en una especie de consulta de médicos que intenta evitar un rescate catastrófico y de posible efecto dominó. Rodríguez Zapatero clausura penosamente aquel semestre anunciado de forma triunfal. Si no hubiese chuleado previamente, quizá no habría acabado en un ridículo tan grande.

Y EL GOBERNADOR del Banco de España se verá en la tesitura de publicar los resultados de las pruebas de solvencia de los bancos y cajas (agárrate que vienen curvas), cosa que, naturalmente, puede obligar a las entidades a liquidar, por ejemplo, empresas constructoras y promotoras que tengan que dejarse caer para limpiar los elementos tóxicos del sistema. Como dicen en la City de Londres, hay momentos en que se debe separar a las ovejas de las cabras. Y hay que recordar que en una unión monetaria un país miembro ya no está facultado para repartir la liquidez unilateralmente.

De momento, hablaremos de reforma laboral con la excusa de que la reducción de los costes pasa por una rebaja salarial, cuando, en definitiva, si se quiere ganar productividad y competitividad hay que actuar sobre factores como la logística (ancho de vía europeo, supresión de peajes, corredor del Mediterráneo), que inciden sobre el precio final mucho más que la mano de obra. Parece que se olvide a los servicios públicos con tarifas abusivas tanto para las empresas como para los consumidores, y que escandalosamente siguen recibiendo permiso para subir el agua, el gas, la electricidad, el teléfono, las comisiones bancarias o las autopistas. Que, al ser más fiscalmente intocables, son los que nunca tienen que apretarse el cinturón.

Francesc Sanuy, abogado.