Nicaragua: ¿otra crisis electoral a la vista?

Por Carlos F. Chamorro, director del semanario Confidencial y del magazine de TV Esta Semana. Ex director del diario sandinista Barricada (LA VANGUARDIA, 04/11/06):

Una vez más, Nicaragua afronta la posibilidad de una restauración sandinista. El país acudirá mañana a las urnas en una inédita elección con cuatro candidatos competitivos. Y la incógnita mayor es si Daniel Ortega, derrotado por un margen mayor del 10% en las últimas tres elecciones, volverá esta vez al poder.

Nicaragua está polarizada entre una minoría sandinista y una mayoría claramente antisandinista. Sin embargo, el ex presidente Daniel Ortega tiene una posibilidad real de ganar. A pesar de los esfuerzos conspicuos de la Administración Bush para unificar a la derecha, ésta acude dividida en dos fracciones. El ala tradicional, Partido Liberal Constitucionalista (PLC), controlada por el ex presidente Arnoldo Alemán, preso en su casa por corrupción, postula como candidato a José Rizo. El sector moderno, Alianza Liberal Nicaragüense (ALN), lo encabeza el banquero Eduardo Montealegre con amplio respaldo del sector privado y del Gobierno de Washington. Pero el FSLN también ha sufrido una importante fractura, al surgir una nueva opción de izquierda democrática, un desprendimiento del sandinismo que ha logrado ganar apoyo entre los votantes independientes. Su candidato es el economista Edmundo Jarquín, un ex funcionario del BID experto en temas de gobernabilidad.

Un pacto constitucional entre Alemán y Ortega en el año 2000 estableció que para ganar la elección en primera vuelta se necesita más del 40% de los votos. Pero, además, a cambio de prebendas personales, Alemán concedió una regla que parece un traje a la medida de Ortega: se puede ganar en primera vuelta con el 35% de los votos si se obtiene una diferencia de cinco puntos porcentuales sobre el segundo lugar. Paradójicamente, Ortega entra en la recta final de la campaña con una proyección de votos del 33%, casi un tercio menor que su votación histórica (42%), pero mantiene una posibilidad de triunfo por la dispersión del voto de sus adversarios.

El líder del FSLN recorre el país ofreciendo «paz, trabajo, y reconciliación», al estilo de un predicador religioso. Ortega critica al capitalismo salvaje, pero no propone ningún cambio sistémico como alternativa. La única novedad de su programa es la oferta de colaboración económica y alineamiento político con el Gobierno venezolano de Hugo Chávez.

En la acera de enfrente, las fuerzas emergentes que representan Montealegre y Jarquín coinciden en la necesidad de una reforma política para desmontar del pacto de los caudillos Ortega-Alemán que partidizó la justicia y el poder electoral. En el campo socioeconómico, difieren en variantes de continuidad o cambio, en torno a las reformas que han generado un modesto crecimiento económico, pero sin lograr una mejoría significativa en el 50% de la población que vive en niveles de pobreza.

Es imperativo leer con cautela las encuestas que colocan a Ortega en primer lugar, pues aún se registra un porcentaje significativo de voto oculto. Con esa advertencia, se vislumbran tres posibles escenarios:

1. Ortega no logra ganar en primera vuelta. Como en otras ocasiones, el voto oculto se vuelca en masa en contra de Ortega. Luego es derrotado por Montealegre de forma contundente al unificarse el voto antiorteguista. Se proyecta, por tanto, un presidente con fuerte mandato popular y la posibilidad de articular una alianza democrática en el Parlamento.

2. Ortega gana en primera vuelta. El impacto inicial en Nicaragua sería un compás de espera de incertidumbre económica. El déficit de confianza que supone el pasado de Ortega preocupa a inversionistas, ahorrantes y donantes externos. Con independencia de su retórica revolucionaria, Ortega sería un presidente de minoría sin posibilidades de hacer cambios políticos sustanciales, pues tampoco contaría con mayoría parlamentaria. En el contexto latinoamericano, una victoria de Ortega significaría un nuevo aliado incondicional para Chávez, con más influencia simbólica que real en la región centroamericana. Sería un socio económicamente dependiente de Chávez, en una región fuertemente dominada por la influencia de EE. UU. y el Tratado de Libre Comercio de América Central. El balance de una precaria estabilidad dependería de una conflictiva relación Ortega-Estados Unidos, que de antemano está alimentada por una hostilidad mutua.

3. El escenario de crisis. El desenlace más probable en este momento es un resultado electoral demasiado estrecho para definir sin controversia un ganador en primera vuelta. Los electores dudan que el Consejo Supremo Electoral, fuertemente dominado por el FSLN y el PLC, pueda administrar con imparcialidad un resultado estrecho. Y aunque no se vislumbra un fraude masivo, existe el riesgo de un fraude selectivo para modificar la voluntad popular. Esto plantea un reto formidable a los observadores electorales internacionales, OEA, Unión Europea y el Centro Carter, para prevenir tal situación o aún más grave que la ocurrida en México.

Ante un desenlace marcado por la incertidumbre, la única certeza es que de estas elecciones surgirá una nueva correlación parlamentaria en la Asamblea Nacional, debilitando al pacto Alemán-Ortega que mantuvo como rehén al Gobierno de Bolaños. El nuevo Gobierno al menos tendrá mayor espacio de negociación democrática en un Parlamento fragmentado con cuatro bancadas fuertes. Un panorama futuro complejo, pero mucho más prometedor que el presente.