Niños terroristas

Por Carlos Iturgaiz, europarlamentario vasco del PPE (EL CORREO DIGITAL, 04/02/07):

El anterior fin de semana ocho menores de entre 14 y 16 años junto a 3 jóvenes entre 20 y 21 años fueron detenidos e imputados por un delito de terrorismo al asaltar la tumba de mi compañero Gregorio Ordóñez en el cementerio de Polloe. No es la primera vez que a los populares vascos nos han ultrajado las tumbas de nuestros compañeros asesinados por los criminales de ETA y su entorno. Sin ir más lejos, hasta el nicho de Miguel Ángel Blanco fue macabramente machacado en Ermua. Recordemos también cómo los restos de José Antonio Iruretagoyena se esparcieron por el cementerio de Zarautz junto a los cadáveres de los panteones adyacentes por la bomba que ETA nos colocó a la cúpula del PP vasco en enero de 2001, sembrando de huesos todo el camposanto zarautztarra.

A pesar de los atentados, asaltos y destrozos de ETA y sus acólitos, no hemos dejado de honrar y recordar a nuestros amigos y seres queridos ni un solo minuto. Y a pesar de estos gudaris de pacotilla revientatumbas, nuestro compromiso ha sido, es y será inalterable: llevar adelante el espíritu, la memoria, el trabajo y las ideas de nuestros compañeros asesinados por ETA.

Ahora bien, creo que es necesario que la sociedad vasca y el resto de España preste atención a los comportamientos de los ‘enfant terribles’ que habitan entre nosotros. Porque no estamos hablando de simples gamberradas o cosas de niños, y nos equivocaríamos también en catalogarlas como travesuras de ‘chicos de la gasolina’, como lo hizo Arzallus hace años. Estamos hablando de niños a los que se les ha lavado el cerebro para atentar y dañar, no lejanos de las fotografías que nos aterran cuando presenciamos chavales portando kalashnikov en Sierra Leona o Camboya. Pero son niños vascos, educados muchos de ellos, en el odio y el rechazo a todo el que no piense como ellos o sus familias.

Pido que hagan una simple operación aritmética. Estos niñatos, convertidos ya en alimañas, en terroristas, tenían entre 2 y 4 años cuando Gregorio Ordóñez fue cobardemente asesinado por sus ‘héroes’ de ETA. Y los jóvenes detenidos oscilarían entre 8 y 9 años aquel 23 de enero de 1995. Son chavales nacidos en democracia, de una generación que nada tienen que ver con imágenes en blanco y negro del franquismo. Pero es cierto que a la vez son chavales educados desde postulados nacionalistas vascos en el odio, el fanatismo y el fundamentalismo. El odio de estos críos a Gregorio Ordóñez, al PP, a España… es el odio cocinado, cultivado y generado en sus ámbitos más cercanos. Es el odio de lo que en muchas ocasiones escuchan y oyen en sus casas, en sus familias, o en sus centros educativos.

En muchas ocasiones los niños actúan como ordenadores recién comprados, hay que introducirles la información y partir de ahí, empiezan a procesarla. Desgraciadamente, la información introducida a estos infantes terroristas va asociada siempre con las mismas premisas, las contrarias a la paz, la libertad y el respeto. Mientras el conjunto de los vascos no desterremos de manera inequívoca esos comportamientos nunca podremos tener un País Vasco en Paz y en Libertad. Ése es nuestro reto más inmediato, el que mayor atención debe concitar y por el que el PP está dispuesto a trabajar, y trabaja, sin descanso.