No cerrar las puertas a África

En estos días, un dólar no llevará muy lejos en una economía rica, pero en un país pobre como aquel del que provengo, Sierra Leona, hasta medio dólar puede salvar una vida o alimentar a toda una familia. Cada centavo invertido en África cuenta hoy en día para asegurar el futuro del continente.

La opinión de los expertos es unánime: la crisis financiera, alimentaria y energética golpeará con fuerza a “los mil millones de abajo”, los más pobres de 60 países que sobreviven con cerca de un dólar al día. Debido a la crisis, muchos países africanos no podrán cumplir el plazo del 2015 de reducción de la pobreza para la Meta de Desarrollo del Milenio.

El continente ha logrado importantes avances socioeconómicos en la última década. Lo he visto por mí mismo durante viajes recientes a Benín, Ghana, Etiopía, Egipto, Namibia, Nigeria, Senegal y Sudáfrica.

Entre estos avances se pueden mencionar: reformas de libre mercado, liberalización de las economías, la constante introducción de ambientes de estímulo a los negocios, fortalecimiento de las mujeres, educación. Sin embargo, la mayoría de estos avances hoy está en serio peligro.

La crisis financiera ha significado un duro golpe para las remesas. Los migrantes están perdiendo sus empleos o esforzándose mucho por reservar algo de dinero para sus parientes de sus países de origen. La perspectiva económica del Banco Mundial sugiere que las remesas caerán de un 5% a un 8% este año.

Esta no es más que la punta del iceberg de las decenas de millones de dólares a los que se puede dar seguimiento. Las compañías extranjeras están retirando sus capitales, restringiendo el financiamiento para las importaciones y las exportaciones. El comercio está en declive. El índice de desempleo, especialmente en los grupos en desventaja – jóvenes y mujeres-está aumentando a un ritmo preocupante. Sólo en Sierra Leona, cerca del 60% de los jóvenes se encuentra sin trabajo.

Si no se llega a esos mil millones de desposeídos, puede que aumenten la migración masiva y la inseguridad global. No prestar atención a las naciones más pobres equivale a posponer una crisis mucho mayor que producirá hambrunas, desórdenes y migraciones masivas. La pobreza es también una incubadora de enfermedades, y el flujo de migrantes legales e ilegales las llevará a las naciones ricas.

La pobreza no es tan sólo su problema. Es nuestro problema también. Si los países en desarrollo colapsan, habrá millones llamando a nuestras puertas, y la primera será Europa. Esta inmigración masiva afectará las relaciones sociales ya deterioradas en varios países, con consecuencias impredecibles. Sólo una respuesta global coordinada puede garantizar que a largo plazo los mil millones más pobres visiten Europa como turistas y negociantes, no como solicitantes de asilo.

África debe hacer su parte. Precisa de inversiones para superar la dependencia de una agenda dominada por los donantes y una economía agrícola, y aprender a competir a escala global. Puede generar crecimiento sostenible a través de la industrialización y la creación de un mercado único.

Necesita promover la producción y el comercio, ampliar las agroindustrias y el comercio agrícola, y crear riqueza y nuevos empleos. El desarrollo del comercio agrícola puede estimular un crecimiento económico más amplio, dar impulso al comercio regional y, al mismo tiempo, mejorar la seguridad alimentaria y reducir la pobreza.

La globalización ha sido beneficiosa para muchos en el mundo en desarrollo. En este momento de importancia crítica, no podemos permitir que se esfume.

Debemos convertirla en un proceso más inclusivo y asegurarnos de que los recursos financieros sigan llegando a África y al mundo en desarrollo, de manera que sigan integrándose en la economía global; de que el proteccionismo se evite y los mercados se mantengan abiertos, y de que las naciones más pobres puedan crecer para salir de la persistente pobreza a través del comercio.

La abundancia de experiencias relevantes de los países de Asia y de otras áreas que se han industrializado recientemente puede mostrar a los países africanos cómo despertar sus economías, acelerando el proceso de creación de riqueza y reducción de la pobreza en el continente.

Y, por último, pero no menos importante: el desarrollo no ocurrirá sin acceso a la energía. Esta crisis puede ayudar a formular un nuevo enfoque: aumentar el acceso a servicios energéticos fiables y renovables para permitir un desarrollo sostenible, promover la eficiencia energética para asegurar que el crecimiento económico no eleve la demanda de energía y la degradación ambiental y termine agravando el cambio climático.

África tiene un gran potencial de energía hidroeléctrica, pero sólo un 7% se ha explotado hasta el momento. Las reservas africanas de gas natural llegan a cerca de un 8% de las reservas mundiales. Posee un 10% de las reservas mundiales de petróleo, pero requiere importantes inversiones para desarrollar tanto los medios energéticos tradicionales como los renovables.

Todavía no está totalmente claro cuánto del billón de dólares prometidos en la cumbre del G-20 en Londres llegará finalmente a África. Por eso, tenemos que mantenernos atentos a las cifras y seguir recordando a los líderes mundiales las necesidades de quienes viven a su sombra en el mundo en desarrollo.

Esto ajustará las prioridades de las políticas, pondrá en práctica estrategias para evitar una catástrofe humana y ayudará a África a asegurar el lugar que se merece en el ámbito económico global.

Kandeh K. Yumkella, dir. gral. de la Organización de la ONU para el Desarrollo Industrial (Onudi). Copyright: Project Syndicate, 2009. Traducido por David Meléndez Tormen