No es la amnistía, es España

Centrarse en analizar la supuesta perversión moral de Pedro Sánchez o abordar el actual abismo español sobre proceso de intenciones morboso en la que sólo le importaría mantenerse en la poltrona por su ego, etc…tiene su utilidad propagandística y el beneficio de poder enardecer más fácilmente y visceralmente a las masas, pero al político con visión de Estado no le puede satisfacer, y menos si con ello achica la enormidad del problema.

Más sabio es profundizar en algunas declaraciones claves del personaje y alguna decisión de práctica política anti democrática para comprender porquè debemos reaccionar. De esto último sólo destacaremos su decisión de hacer “avalar” su estrategia política por el “Partido que pertenece a sus militantes”, el actual PSOE, mediante consulta. El Partido, cualquier Partido, puede decidir sobre todo lo que le afecte como tal y todo lo que afecte a su ideología. Cómo cuando don Felipe Gonzalez procedió para que el PSOE de la Transición abandonara el marxismo como pilar toral de su identidad. Pero las decisiones de un Gobierno de la Nación, mientras la Nación exista, no pertenecen a un Partido, salvo en los totalitarismos de Partido único como en tiempos del PCUS o el del actual Partido Comunista de Corea del Norte. Unos 100000 militantes, y ya le vale, no pueden decidir sobre medidas radicalmente esenciales que afectan hondamente al presente y al futuro de 45 millones de españoles y le dan la vuelta al espíritu de su Constitución, más allá de habilidades leguleyas. Y menos si ese Partido ha quedado segundo en las elecciones. Hay una visión muy perversa de la democracia en esa trampa.

No es la amnistía, es EspañaPor otra parte, bien leído y escuchado, Pedro Sánchez no niega el sentido utilitarista de sus cesiones aberrantes al separatismo delincuente y no delincuente, ya que dice que, en este momento es lo que debe hacer para asegurar un Gobierno “de progreso”. No hay espacio para argumentar una vez más que las políticas propuestas y elaboradas en estos años han sido de todo menos “de progreso”, sino para subrayar que lo que no dice y asume implícitamente, traicionando su personalidad profunda, es que el “necesario “gobierno de progreso” será el que él presida y porque él lo presida y no otro. Un conato de actitud mesiánica que no parece dispuesto a someter a control democrático. Y eso abre la puerta a las declaraciones más importantes de escrutar.

Nuestro egregio Presidente en funciones ha afirmado con contundencia que defendía la cacareada amnistía por el bien de España y de la convivencia entre españoles. Casi por amor a España. No es tanto, a nuestro juicio, saber si lo hace como ardid mentiroso para seguir en el machito por intereses personales o si realmente siente que su destino y deber le obligan a salvar España a su manera. Nos parece esencial, a cambio, comprender que cuando utiliza la palabra España, para él tiene un significado muy distinto del que tiene para millones de españoles, quién sabe si para la mayoría. La amnistía es un instrumento más, una cesión más entre otras aberraciones (como el indulto o el blanqueamiento y la restitución de honorabilidad a los etarras, o la supresión del delito de secesión a petición de los…secesionistas,) en una estrategia de antiguo para…¡el bien de España!

Veamos lo más objetivamente posible la “España” resultante. No se puede negar que dicha España es, en primer lugar, una España vergonzosamente desigual que va a peor en ese aspecto. Con ciudadanos de primera, segunda y tercera en cuanto a derechos políticos, seguridad jurídica y derechos civiles. Para algunos eso es monstruoso, y somos de esos. Al ser una España desigual es una España injusta, lo opuesto a una democracia basada en los principios de la Ilustración. Y será injusta e inverecunda porque la desigualdad se basará en la insolidaridad y el desequilibrio. Un enfrentamiento permanente entre agravios regionales y desequilibrios de partida. Ejemplo, ¿qué sentido tiene prometer a una región rica que siempre tendrá la misma proporción de inversión pública que la que representa su PIB en el PIB nacional? Prolongar las desigualdades. El deber de un Gobierno nacional es, sin duda, discriminar sus coeficientes de inversión para compensar las regiones más atrasadas o necesitadas por las razones que fueren. Eso es la solidaridad en una nación democrática, base para acercarse a la cohesión social y a la igualdad ontológica. La dinámica de la España con la que sueña Sánchez, esa especie de balcanización, es todo menos solidaria y, consecuentemente, es profundamente desigualitaria. En una sociedad así, la libertad se ve inevitablemente mermada.

Dos de las mayores vergüenzas insolidarias de nuestro proceso histórico reciente han sido la desconsideración hacia el éxodo de decenas de miles de hispano vascos por no ser capaces de laminar a ETA y el abandono insolidario de centenares de miles de hispano catalanes a los pies de los caballos amedrentadores, amenazadores, orwellianamente opresores de los separatistas … impunes. Cuando no puedo educar a mi hijo en la lengua de su patria en España, por la no obligación de cumplir las sentencias judiciales de los gobernantes, mi libertad mengua. Si eso me impide ir a trabajar a cualquier rincón de mi nación, mi libertad mengua. Si quienes me oprimen lo hacen impunemente o con complicidad del Gobierno de la Nación, mi libertad mengua. Si las políticas redistributivas se ven falseadas o imposibles por el privilegio hacia unas oligarquías enemigas del bien común, mi libertad mengua. Y así… La España que revindica Pedro Sánchez no tiene nada que ver con una sociedad de iguales, solidarios y libres, sino todo lo contrario. Y la manera que tiene para hacerlo, aceptando humillaciones, mortificando a determinados servidores del Estado, intentando engañar (El PSOE todavía habla de los españoles…) y cediendo a chantajes, agrava los rasgos expuestos. Y ahí está, a nuestro juicio, el meollo de la cuestión que no podemos eludir.

Lo que propone Pedro Sánchez no es una amnistía más o menos, es un cambio radical, y brutal, del concepto de España y de la convivencia entre españoles (siendo estos los derecho habientes a un DNI). Eso es enorme, y muchos no aceptamos una visión de España desigualitaria, insolidaria y con libertades mermadas. Sobre todo, un cambio tan radical, y sin duda contrario al espíritu de la Constitución del 78, no puede sustraerse al refrendo de los votantes informados y libres. No estamos hablando de un reglamento taurino ni de la PAC, estamos hablando de la sustancia misma de la “demos” que sostiene una “democracia”. Muchos españoles creemos aún en una nación de libres iguales y solidarios, en este momento imposible, y no aceptamos una España desguazada, desigual e insolidaria por la puerta de atrás. Si España es tal como la ve Sánchez (y tal vez Sumar/Podemos) tenemos que ser explícitamente consultados todos los españoles. O no hay democracia. Y hasta que eso no suceda, y porque esto no sucede, todos a la calle hasta que quede claro, río arriba de ideologías, qué España quiere la mayoría.

Por Enrique Calvet Chambon, ex europarlamentario y Presidente de ULIS.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *