No es lo mismo

Antón Losada, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Santiago de Compostela (EL PERIODICO, 28/06/04).

Una mayoría abrumadora sitúa al terrorismo como primer problema en sus preocupaciones y afirma que los atentados de Atocha y la gestión informativa o desinformativa del Gobierno de Aznar marcaron el resultado de las elecciones generales. Ocho de cada diez españoles consideran necesaria una comisión de investigación sobre el 11M. Ocho de cada diez españoles tienen muy clara cuál debe ser su agenda de trabajo: establecer una secuencia de los hechos y decisiones sucedidos durante aquella semana de marzo, que sirva para que los poderes públicos aprendan de los errores cometidos, mejorando prestaciones y herramientas de las políticas antiterroristas. Estos datos figuran en todos los estudios de opinión publicados hasta la fecha, con independencia de su paternidad o financiación. Harían bien nuestros políticos en tenerlos bien presentes porque quien la haga esta vez, la pagará. Quien convierta esta comisión en otro esperpento, como resultaron aquellas de Gescartera o el ladrillito madrileño, va a cargar con una gravosa hipoteca el bien más preciado, escaso y buscado en la política española tras la tensa era Aznar: la credibilidad.

EL PP NO sólo comete un error estratégico de primer orden al renunciar a una comparecencia donde tanto Aznar como el partido tienen mucho por ganar y poco para perder. El PP no sólo es injusto con su antiguo líder al situarlo en una clara indefensión política y negarle el derecho a defender en sede parlamentaria su gestión. El PSOE no sólo comete un peligroso error de cálculo al limitarse a aprovechar la ventaja de un hecho cierto: que no le citen sus compañeros no sólo no impedirá en modo alguno que resulte el nombre más citado por los demás comparecientes, sino que multiplicará su efecto devastador. Como bien les han advertido los nacionalistas e IU, ambos se arriesgan a dejar en la opinión pública la peligrosa impresión de que lo único que les motiva es su problema, no el nuestro.

Ya sospechábamos –se les nota más de lo aconsejable– que a sus señorías les resultaba altamente inconveniente ponerse a investigar ahora con el rigor y la seriedad exigidas por esa mayoría –de momento– silenciosa. Intuíamos –se les ve mal acostumbrados– que se les antojaba una comisión y una situación bien raras: carece de sentido desgastar a un Gobierno que ya no está y la opinión pública maneja expectativas sobre sus resultados que a muchos políticos profesionales deben resultarle de una ingenuidad conmovedora. Ya sabíamos –nos lo han dicho ya demasiadas veces– que los estrategas de ambas fuerzas consideran que “lo suyo” ya lo esclarecieron unas elecciones que pusieron a cada uno en su casa y a Dios en la de todos. Incluso, como en el fútbol, nos ofrecieron la repetición de las jugadas más lamentables durante la peripatética campaña electoral del 13-J.

AHORA, TANTO populares como socialistas, parecen empeñados en certificar la sensación de que esta comisión se les ha convertido en un problema a quitarse de encima lo antes posible y sin hacerse daño para que las cosas vuelvan a funcionar tan perfectamente como antes del 11-M: el Gobierno gobernando, la oposición oponiéndose, la policía luchando sin desmayo contra el terrorismo y el ministro del Interior volviendo a ser el más valorado.

Ambos cometerán una grave imprudencia si confirman estos presagios y demuestran que, efectivamente, piensan que esta comisión es lo mismo y se puede despachar como de costumbre: colocando los problemas y los intereses partidistas por delante y por encima de cualquier otro valor.

Ni es lo mismo, ni vale la politiquería de siempre. Porque esta politiquería de tratar a los ciudadanos como a niños a quien es mejor esconder la verdad fue precisamente aquello que derrotamos con el voto. Porque hay casi 200 víctimas y sus familias esperando que se haga honor a la verdad y la decencia. Porque lamentablemente ese terrorismo no es un episodio del pasado. Es parte de la amenazas del presente y queremos saber qué piensan hacer los responsables de nuestra seguridad.

Aznar y Zapatero deben comparecer y a petición de sus respectivos partidos. El primero nos debe unas cuantas explicaciones que nos tiene que pagar. El segundo tiene la obligación de ir al Parlamento para acreditar que se ha aprendido la lección. Tengamos todos claro algo desde el principio. En la peripecia de esta comisión sólo caben dos resultados posibles. O sale bien y todos ganamos, o sale como las otras y todos perdemos.