No es posible la paz ante la faz del mal

Por Elie Wiesel, profesor de la Universidad de Boston, escritor y premio Nobel de la Paz (EL PERIODICO, 25/03/03):

Bajo circunstancias normales, podría haberme unido a los manifestantes por la paz que, aquí, en EEUU, y en el exterior, mostraron públicamente su repulsa contra la invasión de Irak. Al fin y al cabo, he sufrido suficiente crueldad y violencia de la guerra como para oponerme a ella en cuerpo y alma. ¿No es siempre cruel la guerra, la forma suprema de violencia? No sólo es inevitable que genere la pérdida de la inocencia, sino que también genera dolor y luto sin fin. ¿Cómo podría no rechazar tal opción?

Y no obstante, esta vez apoyo la política de intervención del presidente George Bush para erradicar el terrorismo internacional que, según el parecer de la mayoría de naciones civilizadas, es la mayor amenaza a la que nos enfrentamos en la actualidad. Bush ha puesto la guerra iraquí en este contexto; Sadam Husein es el despiadado líder de un Estado al margen de la ley que debe ser desarmado por los medios que sean necesarios si no acata por completo los mandatos de desarme de la ONU. Si no lo hacemos, nos exponemos a aterradoras consecuencias.

En otras palabras: si bien me opongo a la guerra, estoy a favor de la intervención cuando, como en este caso y debido a las equivocaciones y dilaciones de Sadam, no queda otra opción.

EL PASADO reciente evidencia que sólo se consiguió detener el derramamiento de sangre en los países balcánicos y destruir al régimen talibán en Afganistán con una intervención militar. Por otra parte, si la comunidad internacional hubiera intervenido en Ruanda, más de 800.000 hombres, mujeres y niños no hubieran fallecido. Si las grandes potencias europeas hubieran intervenido contra las agresivas ambiciones de Adolf Hitler en 1938, en lugar de contemporizar con él en Múnich, la humanidad se hubiera ahorrado los horrores sin precedentes de la segunda guerra mundial.

¿Puede esto aplicarse a la situación actual en Irak? Así es. Sadam debe ser detenido y desarmado. Incluso nuestros aliados europeos que ahora manifiestan su oposición están de acuerdo en este principio, aunque insistan en esperar. Pero el tiempo siempre juega a favor de los dictadores. Al haber logrado ocultar sus armas biológicas, el objetivo de Sadam es poder escoger el momento y el lugar para utilizarlas. Sin duda, este es el motivo por el que expulsó a los inspectores de la ONU hace cuatro años. Si ahora parece ofrecer episódicas concesiones menores, ello es debido, por supuesto, a que las tropas norteamericanas se están concentrando en torno a sus fronteras.

En algunos círculos políticos se reclaman pruebas de que Sadam sigue estando en posesión de armas prohibidas. Evidentemente, algunos gobiernos europeos no comparten las declaraciones del secretario de Estado, Colin Powell, acerca de que Sadam está en posesión de dichas armas, pero yo sí, y éstas son las razones: Powell es un gran soldado al que no le gusta la guerra. Él fue quien convenció al entonces presidente Bush, en 1991, de que no entrara en Bagdad. Él fue quien aconsejó al presidente actual que no eludiera el sistema de la ONU. Si él dice que tiene pruebas de que Sadam está violando las resoluciones de la ONU, yo le creo. Creo que un hombre de su posición no arriesgaría su nombre, su carrera, su prestigio, su pasado y su honor.

HACE MUCHO tiempo que sabemos que el gobernante iraquí es un asesino de masas. A finales de los años 80, ordenó que decenas de miles de sus propios ciudadanos fueran gaseados hasta la muerte. En 1990 invadió Kuwait. Tras su derrota, prendió fuego a sus yacimientos petrolíferos, causando así el peor desastre ecológico de la historia. También lanzó misiles Scud sobre Israel, que no había participado en aquella guerra. En aquel momento debía haber sido acusado de crímenes contra la humanidad. El expresidente serbio Slobodan Milosevic fue arrestado y sometido a juicio por menos.

La conversación de Sadam con el presentador de la CBS Dan Rather añade evidencias contra él. Escucharle declarar que en 1991 Irak no fue derrotado, me hace dudar de su cordura; parece vivir en un mundo de fantasía y alucinación. La pesadilla de lo que un hombre así podría hacer con su arsenal de armamento no convencional es el motivo por el que, más que nunca, algunos creemos en la intervención. Más temprano que tarde, nos las tendremos que ver con este loco cuya posesión de armas de destrucción masiva amenaza con provocar una conflagración cada vez mayor.

En resumen, tenemos la obligación moral de intervenir allí donde gobierne el mal. En la actualidad, ese lugar es Irak.

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