No estamos entendiendo los incendios de la Amazonia. Estos mapas muestran por qué

En las últimas semanas, hemos visto titulares de noticias diciendo que la selva de la Amazonía se está quemando. Pero algo inesperado ocurre cuando ubicas en un mapa los datos satelitales que muestran tanto los incendios de este año como los de los cuatro anteriores: la mayor parte de la selva se mantiene casi intacta.

No estamos entendiendo los incendios de la Amazonia

¿Confundido? Es porque lo que se está quemando no es el corazón de la Amazonía. La mayoría de los incendios arden en las orillas de la selva: ahí es donde está la verdadera noticia. Señalar esta particularidad puede parecer quisquilloso, pero para hallar una solución es indispensable identificar el problema.

Los incendios son comunes en la región en esta época del año, como se puede observar en los mapas bajo este párrafo. La mayoría son provocados por el humano y ocurren en áreas que ya habían sido deforestadas en años anteriores, que ahora están siendo preparadas así para la agricultura.

Incendios en el mes de agosto de los últimos seis años

Brasil casi duplicó su extensión de terrenos para la agricultura intensiva entre 2000 y 2014, según un estudio reciente de investigadores del Departamento de Ciencias Geográficas de la Universidad de Maryland. Mucha de la nueva tierra cultivable es resultado de la deforestación. Brasil es uno de los principales emisores de gases de invernadero y un 46% de las emisiones del país provienen del proceso de tala y quema de la selva.

En años anteriores de esta misma década, la deforestación en Brasil se había ralentizado considerablemente, pero tanto la deforestación y los incendios que la acompañan han vuelto a aumentar en años recientes. En agosto de 2019 hubo casi el triple de incendios que en 2018, afectando más de 16 000 kilómetros cuadrados de territorio. Brasil es uno de los mayores emisores de gases de invernadero en el mundo y un 46% de esas emisiones se deben al proceso de tala y quema de la deforestación.

 La deforestación y los incendios están aumentando, pero no tanto como en años pasados

Los siguientes mapas se enfocan en el poblado de Apuí, en el estado brasileño de Amazonas. Los espacios en blanco de la primera imagen muestran las áreas deforestadas. Los espacios en amarillo de la segunda imagen localizan los incendios del mes pasado. La mayoría de los incendios se sobreponen a las áreas previamente deforestadas: un recordatorio de que la mayoría de los incendios no ocurren al interior del bosque, sino en sus bordes.

 

 

No estamos entendiendo los incendios de la Amazonia

Los incendios fueron tan extendidos el mes pasado que en San Pablo, la ciudad más grande de Brasil, las nubes de humo originadas a cientos de miles de kilómetros de distancia bloquearon la luz del sol, convirtiendo el día en noche. El hollín y el humo están contaminando las nubes y algunos científicos creen que podrían estar reduciendo la precipitación y alterando el clima de la región, e incluso que los incendios relacionados con la deforestación podrían convertir grandes partes de América del Sur en desierto.

Para entender qué causa esta expansión de las tierras de cultivo brasileñas es útil recordar que la economía de Brasil ha dependido por mucho tiempo de la exportación de productos básicos, principalmente agropecuarios. Con una tasa de desempleo del 12% (unos 28.4 millones de personas están desempleadas o en condiciones de subempleo), el país no puede darse el lujo de renunciar a uno de sus pocos sectores económicos prósperos.

En años recientes, Brasil se convirtió en uno de los principales productores de proteínas como la soya y la carne de res. La Unión Europea es un importador clave de los productos agropecuarios brasileños y China es un socio comercial aún mayor. La guerra arancelaria que está ocurriendo en la actualidad entre Estados Unidos y China le ha dado a los productores de soya brasileños la oportunidad de rebasar a sus competidores estadounidenses y asegurar un nuevo y vasto mercado. Abastecer esa demanda es un incentivo más para crear más tierras de cultivo.

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, heredó esta dinámica económica. Pero sus políticas exacerban el problema y por eso ha sido ampliamente culpado por los incendios. Antes aun de tomar posesión del cargo en enero de este año, Bolsonaro anunció planes para desarmar al ministerio responsable de proteger el medio ambiente. La idea fue desechada luego pero en su administración se han debilitado las protecciones ambientales. El gobierno de Bolsonaro redujo el presupuesto de la agencia brasileña de protección al medio ambiente en un 24%, hizo un recorte de personal y creó un departamento para revisar, reducir o cancelar las multas por daños al medio ambiente.

 

No estamos entendiendo los incendios de la Amazonia

Bolsonaro ha contestado fuertemente a países que él considera que están intentando dictarle a los brasileños cómo manejar sus recursos naturales. Líderes del Grupo de los Siete hicieron precisamente eso en su reciente cumbre en Francia, a pesar de que más tarde guardaron silencio ante los reportes de presiones por parte de Donald Trump para retirar restricciones de explotación maderera en un área de Alaska más o menos del tamaño de Costa Rica.

Las consecuencias de los incendios en la Amazonía no conocen fronteras y tampoco las fuerzas que los encendieron. Si los países desarrollados quieren tener más voz en la protección de la selva, tendrán que proveer más que los modestos 20 millones de dólares ofrecidos por el G7 el mes pasado: tal vez tengan que pagar precios más altos por sus importaciones agropecuarias y, sobre todo, tal vez tengan que reajustar sus propios hábitos de consumo.

Bolsonaro, como otras tantas veces, tampoco están entendiendo cuál es el punto, ni la oportunidad. Si realmente quiere revitalizar la economía de Brasil, podría aprovechar el renovado interés del mundo en la Amazonía y preguntarle a los países desarrollados qué tanto están dispuestos a pagar para preservarlo. Permitir que la deforestación siga adelante puede ser un salvavidas económico a corto plazo, pero esta política pone en riesgo el futuro de su país y de sus vecinos en todo el mundo.

Tim Wallace es doctor en geografía de la Universidad de Wisconsin en Madison y actualmente es narrador visual en Descartes Labs.

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