No habrá ‘Brexit’

Ya nos lo dijo Churchill en su famoso discurso de Zúrich pocos días después del fin de la segunda guerra mundial: para que no vuelva a ocurrir, hagan los Estados Unidos de Europa, pero el Reino Unido no participará. Y desde entonces los británicos han sido coherentes con este planteamiento. Para ellos, la UE no debería ser más que una gran área de librecambio. Nunca jamás, me dijo Blair, un british será sometido a un impuesto que no se haya votado en Westminster.

No hay que sorprenderse de que hayan querido dejar claro que eso de «una unión cada vez más estrecha» no va con ellos. Lo habían demostrado de sobras en la práctica. Pero hasta ahora las excepciones británicas eran del tipo «devuélvanme mi dinero» de Thatcher, o excluirse de grandes avances como el euro. Ahora las concesiones del Consejo Europeo para que no haya Brexit entran en el terreno de los principios fundacionales. Al limitar la movilidad de las personas y discriminar las ayudas sociales en función de la nacionalidad se ponen en cuestión la igualdad de los ciudadanos europeos y uno de los pilares del mercado único. Esta no es la Europa que querían sus fundadores. Y al final el coste de ayudar a Cameron a ganar el referéndum lo van a pagar los más débiles. Se dice que solo será en situaciones de emergencia, pero ya está pactado que se aplicará al día siguiente de que el in gane el referéndum.

Los socios europeos han hecho su parte para que no haya Brexit, porque la UE está en una situación demasiado débil como para permitirse la salida del Reino Unido. Y aunque en el Consejo Europeo de Bruselas hubo mucha comedia para magnificar las dificultades del acuerdo, este es prácticamente el mismo que el texto inicial.

Pero hay que ver qué votan los británicos. En mi opinión, aunque las encuestas dicen que el out tiene un 50 % a favor, hay muchas razones políticas y económicas para creer que los británicos van a quedarse en la UE. Algunas de estas razones sirven también para la cuestión de la secesión de Catalunya de España.

Hasta ahora los partidarios del out han monopolizado la comunicación política, porque los partidarios del in no sabían en base a qué acuerdo defenderlo. Ahora los partidarios del out se van a dividir. Unos estarán en contra de la inmigración y a favor del proteccionismo. Y otros, a favor de las ventajas del libre comercio. Los intereses del mundo económico y mediático se decantarán por el in. Y cuando se conozcan seriamente los costes y los beneficios económicos de salir de la UE, los británicos verán que el balance negativo no lo compensan los posibles beneficios políticos.

Los partidarios del out argumentan que, dado el déficit comercial del Reino Unido con la UE, esta tendría más que perder en unas mayores dificultades para las relaciones comerciales. Pero en la práctica, como argumentan el informe del Center for European Reform titulado significativamente La hoguera de las vanidades y el analista Anatole Kaletsky, la situación es muy asimétrica. El Reino Unido tendría que negociar el acceso al mercado único europeo para su sector servicios, mientras que los productos industriales europeos tendrían prácticamente libre entrada en las islas bajo las reglas de la OMC. Da poco más o menos lo mismo que el Reino Unido sea miembro de la UE; basta con que lo sea de la OMC.

El Reino Unido tendría que negociar un acuerdo de asociación como el que tienen Suiza o Noruega, sus antiguos socios de la EFTA. Y difícilmente podría ser más ventajoso que esos, porque de lo contrario Suiza y Noruega pedirían el mismo mejor trato. Y esos acuerdos contienen cláusulas que en la práctica vacían de contenido las ventajas que se supone aportaría el out. Noruega y Suiza deben cumplir todos los estándares y regulaciones del mercado único, que es algo más que un acuerdo de libre comercio, y además sin participar en su elaboración. Tienen que trasladar a su legislación todas las leyes europeas relevantes. Contribuyen sustancialmente al presupuesto de la UE y no pueden poner límites a la entrada de inmigrantes de la UE. Ambos países tienen una mayor proporción de inmigrantes comunitarios que el Reino Unido. Si Londres no aceptase esas condiciones, veríamos a la industria financiera británica (hedge funds, seguros, gestión patrimonial financiera…) transferir sus sedes y sus trabajadores ¡a París o a Fráncfort!

Y hay una última razón, muy importante. Aunque en el conjunto del Reino Unido ganase el out, es muy seguro que los escoceses votarán seguir en la UE. Y eso implicaría la ruptura del país. Y eso son palabras mayores. Si los británicos son conscientes de todo eso, creo que será muy difícil que digan no al acuerdo que ha alcanzado hábilmente Cameron aprovechando la debilidad de una UE que se enfrenta a una crisis multicrisis y que ha dejado de tener un proyecto político claro y coherente.

Josep Borrell, expresidente del Parlamento Europeo.

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