No hemos hecho más que empezar

En 1982 algunas universidades españolas carecían de departamentos de inglés y muchos de los existentes tenían las cátedras vacías. De hecho, los estudios de Filología Moderna (inglés, francés, alemán e italiano) no habían aparecido en el mapa universitario español hasta 1955 (orden del 22 de agosto de 1955, BOE 17 de septiembre). Los catedráticos Guardia y Santoyo, en su libro Treinta años de filología inglesa en la universidad española,argumentaban: “Somos una especialidad joven, de profesorado también joven”. En ese momento, los entonces pioneros de los estudios ingleses en la universidad española se propusieron la ingente tarea de consolidar todos y cada uno de los departamentos universitarios de inglés ya existentes, dotarlos de los medios adecuados a la enseñanza y velar por la calidad universitaria, promoviendo y profundizando en la investigación lingüística y literaria. Se decidieron, asimismo, a fomentar el contacto entre los departamentos de inglés de las diferentes universidades españolas, así como entre ellas y las universidades de otros países del mundo. “No hemos hecho más que empezar”, argumentaban.

Treinta años más tarde podemos decir que se ha avanzado muchísimo. Las tareas que aquellos pioneros iniciaron se han llevado a cabo con éxito. En estos momentos tenemos departamentos de inglés consolidados a lo largo de nuestra geografía que desarrollan una investigación de calidad reconocida a nivel internacional. Estos departamentos están en contacto entre ellos así como con universidades de prestigio de otros países del mundo. Desde las diferentes universidades del país, las promociones de estudiantes que se han ido licenciando en estos años han tenido una preparación adecuada a las crecientes exigencias del mercado de trabajo, como se ha podido ver reflejado en la evolución de los diferentes planes de estudio a lo largo de estos años: desde los años noventa, por ejemplo, los planes de estudio universitarios recogen asignaturas relacionadas con la didáctica o la adquisición de lenguas extranjeras.

Si bien en la actualidad universitaria española tanto los departamentos de inglés como los estudios ingleses siguen siendo aún relativa y comparativamente jóvenes, el futuro que se alumbra es sin lugar a dudas esperanzador para el avance del conocimiento en esta área en nuestro país.

La implantación y grado de desarrollo de las diferentes disciplinas de estudio en la universidad resulta un barómetro adecuado a la hora de evaluar la situación y relevancia social de las diferentes áreas de conocimiento, ya que la universidad es un buen indicador del pulso vital de unos estudios en un país concreto. El papel de la universidad es fundamental para la difusión y expansión del conocimiento, y el proceso de Bolonia, la convergencia en el Espacio Europeo de Enseñanza Superior que vivimos actualmente, es un ejemplo claro de ello.

Así pues, el desarrollo de los estudios ingleses a nivel universitario es indicativo de lo que ha estado pasando con la demanda, difusión y conocimiento de los estudios de la lengua inglesa en la enseñanza en España. A pesar de las críticas constantes a la falta de nivel o a nuestra posición respecto de otros países europeos, hay que insistir en que se ha avanzado muchísimo. En la última década se han producido avances importantes que sin duda revertirán positivamente en la mejora del nivel de inglés en nuestro país: los avances en las tecnologías de la información que han facilitado el acceso a contenidos en lengua inglesa, la promoción de la enseñanza del inglés a todos los niveles o los cambios recientes en las metodologías de enseñanza en las diferentes etapas del sistema educativo apuntan a la mejora progresiva en el tiempo.

Se han instaurado medidas encaminadas a garantizar la mejora de la competencia en lengua inglesa de las generaciones futuras: la prueba de comprensión oral en las pruebas de acceso a la universidad desde el 2002, el máster de Formación del Profesorado o la acreditación de un nivel de competencia (B2) en una lengua extranjera para obtener el título universitario de graduado de cualquier titulación. Estas y otras medidas a buen seguro darán su fruto, si bien éste no será inmediato. Harán falta tiempo y recursos.

Si gran parte de las motivaciones para aprender una lengua extranjera, en este caso el inglés, tienen su raíz principal en razones de índole económico, social y cultural, teniendo en cuenta que el desarrollo de nuestro país en las últimas décadas ha sido espectacular y que el nivel de inglés no ha hecho más que mejorar, cabe esperar que el futuro sea prometedor. Eso no quiere decir que esté todo ya hecho o que no se cometan errores, y hay que tener presente que seguimos hablando de una disciplina relativamente joven en nuestro país. Por eso, y a pesar del largo camino ya recorrido, como ya decían los doctores Guardia y Santoyo en 1982, “sin duda queda mucho por hacer”.

Ana Moya, jefe de estudios de la facultad de Filología. Universitat de Barcelona.