No lo puedo hacer sola

En las últimas semanas han sucedido más cambios en la vida política española que en toda una década. Unas semanas en las que los españoles hemos vivido al ritmo vertiginoso y frenético de una montaña rusa con continuos giros inesperados y sorprendentes. En este momento, vienen a mí aquellas palabras de Honoré de Balzac: “Pero si tiene usted un sentimiento verdadero, ocúltelo como un tesoro; no deje que sospechen siquiera su existencia, estaría usted perdido”. Yo quiero contradecir al genio de Tours y manifestar mis sentimientos, porque son millones de españoles los que viven estos días con enorme preocupación; millones de españoles a los que les duele España y a quienes les preocupa también la situación del Partido Popular, mi partido, que atraviesa los momentos más delicados de su historia.

Ante el desánimo que los acontecimientos de las últimas fechas nos han producido, quiero manifestar no solo mi confianza en el presente y en el futuro del Partido Popular, y en el papel protagonista que seguirá desempeñando en la vida pública española, sino también mi compromiso personal con una formación política sin la cual no entiendo mi vida. Un compromiso que me ha llevado a presentar mi candidatura a la Presidencia de mi partido, desafío para el que espero contar con el respaldo mayoritario de nuestros afiliados. Pero, por encima de este compromiso, quiero expresar, además, un sentimiento más íntimo y verdadero: mi orgullo de ser militante del Partido Popular.

“Yo sé quien soy”, dijo el manchego más universal; y en el Partido Popular también sabemos quienes somos. Somos un gran partido formado por miles de mujeres y hombres que aman apasionadamente España. Nosotros no necesitamos envolvernos en la bandera nacional, porque la llevamos grabada a sangre y fuego en nuestros corazones. Defendemos nuestra bandera y todos nuestros símbolos. Defendemos nuestra lengua común, una lengua que ya no es solo nuestra, porque habita ya en un mundo donde La Mancha linda con Macondo.

Somos un partido orgulloso de nuestros valores y de nuestra unidad. El gran partido del centro derecha español, del centro reformista. Un partido que solo está sometido al imperativo del interés general de España y de los españoles. Un partido europeísta -y más hoy, con los vientos que vienen de Europa- y defensor de la familia, de la propiedad privada y de la cohesión nacional.

Somos el partido que defiende la libertad, que defiende las libertades: “La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos”. Y nosotros defendemos la libertad económica y las individuales, entre ellas la de vivir cada uno su vida como le plazca, siempre dentro del respeto a los demás y a las leyes. Eso incluye, entre otras cosas, la libertad de ser aficionado o no a la tauromaquia.

Somos el partido que defiende y promociona todos nuestros grandes servicios públicos, que defiende la educación pública pero también, sin complejos, la concertada. Somos el partido que defiende la libertad religiosa y las creencias de todos. También las de los católicos, que parecen ser los únicos a los que se puede ofender y humillar en España.

Somos el partido de la economía, del crecimiento económico y la creación de empleo. Somos el partido que ha protagonizado los dos milagros económicos de la reciente historia económica de España que han asombrado al mundo. Somos el partido de las gestas, que otros lo sean de los gestos. Somos un partido orgulloso de haber contribuido con nuestro trabajo a que la España actual sea la mejor España de la historia.

Somos un partido orgulloso de su ideología. Orgulloso de ser de centro derecha, sin matices, sin reservas y sin complejos. Orgullosos de ser lo que somos y de defender lo que defendemos. Porque un partido político sin ideología es un océano sin peces.

Y somos también un partido tremendamente orgulloso de nuestra historia. Orgulloso del partido que creó Don Manuel Fraga; un partido que ayudó a construir la democracia española. Orgulloso de los Gobiernos del presidente Aznar, que protagonizaron el milagro de que España entrara en el siglo XXI por la puerta privilegiada de la Europa del euro. Y orgullosos de los Gobiernos del presidente Rajoy, que ha protagonizado una auténtica Trilogía de La Moncloa: evitó el rescate de España, superó la crisis económica más dura de nuestra historia reciente y mantuvo la unidad de nuestro país. Sin duda, la historia le reconocerá pronto su papel y la magnitud de su obra.

Somos un partido orgulloso de haber contribuido a la derrota definitiva de ETA y que recuerda emocionadamente a todos nuestros concejales y dirigentes asesinados por la barbarie terrorista. No citaré a ninguno, porque tendría que citarlos a todos. Ellos son lo mejor del Partido Popular. Ellos son nuestro ejemplo; nuestro espejo inolvidable y eterno.

Somos un partido orgulloso de sus miles y miles de alcaldes, concejales y militantes presentes en todos los rincones de España, de Este a Oeste y de Norte a Sur, de la España rural a la España urbana y de la España costera a la España interior. En la Península, en las Islas y en Ceuta y Melilla. En todos los Ayuntamientos, Diputaciones Provinciales, Cabildos y Consells insulares, ellos representan al Partido Popular. Ellos son el PP. Son su voz, sus oídos y sus ojos.

Somos el Partido Popular. Un partido, en suma, que, miremos donde miremos, representa la única alternativa al actual Gobierno de España. Un Gobierno socialista que por el júbilo de sus ministras y ministros pareciera haber protagonizado la primera victoria de Felipe González, pero que, sin embargo, nació con un pecado original imborrable: nació con los votos de los enemigos acérrimos de España y no con los votos de los españoles. El Partido Popular es hoy, y será mañana, el antídoto del Gobierno pop de Pedro Sánchez, un Gobierno que dará menos frutos que el Ministerio de Màxim Huerta, pero cuyo coste desconocido produce escalofríos.

somos el partido que tiene que volver a unir a todo el centro derecha español; sobre todo ahora, que tenemos ante nuestras puertas a un caballo de Troya comandado por un falso Ulises; un caballo de Troya que hace unos meses se acostó socialdemócrata y se levantó liberal. No debemos parecernos a ellos. Nosotros no somos centrismo asimétrico. Nuestro partido no puede empezar y acabar en un tuit.

Soy optimista. Siento mucha ilusión. Creo que parafraseando al gran poeta Gabriel Celaya, nuestro partido, el Partido Popular, es un arma cargada de futuro. Y todas estas fortalezas a las que me he referido son la semilla de nuestras próximas victorias. Estoy segura de que las dificultades actuales mutarán en nuevas oportunidades y de que a partir del Congreso que estamos a punto de celebrar se producirá la renovación y la puesta a punto por la que nuestra gente suspira y que los españoles aguardan. Una nueva etapa que yo aspiro a liderar como presidenta del Partido Popular.

Para ello, necesito el apoyo mayoritario de nuestros afiliados, de nuestros alcaldes y concejales, y de todos los que quieren al Partido Popular. Para conseguir un partido fuerte, un partido rearmado en valores y en convicciones. Un partido unido y cohesionado en torno al amor a España.

Necesito su apoyo, porque no lo puedo hacer sola.

María Dolores de Cospedal es candidata a la presidencia del Partido Popular.

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