No se manifiestan por la Sanidad, quieren cazar a Ayuso

Manifestación en defensa de la Sanidad pública, en Madrid. EFE
Manifestación en defensa de la Sanidad pública, en Madrid. EFE

Ningún hecho puede ser valorado sin tener en cuenta su finalidad. Si un ciudadano mata a otro, penará en la cárcel si mató para robar. Pero no la pisará si lo hizo para defender su vida. Parece fácil de entender.

Y lo que vale para el Derecho vale para la política. Incluido el subsector de las manifestaciones.

En resumen, el hecho por sí solo no basta.

La manifestación del pasado domingo 12 de febrero fue presentada por sus convocantes como una marcha por la Sanidad pública a raíz de una indiscutible falta de médicos de familia y una más que evidente sobresaturación de los centros de atención primaria.

Estos son los hechos de la manifestación.

Ahora, para poder valorarla, se impone concretar cuál fue su finalidad.

¿Tal vez denunciar esa realidad y reivindicar su solución? De haber sido así, lo celebrado el domingo sólo podría merecer adhesión.

Lo que ocurre es que lo visto y oído esa mañana de domingo no parece confirmarlo.

Frente a la falta de médicos de atención primaria, en ninguno de los combativos discursos pronunciados en Cibeles se reclamó que la oferta de las plazas MIR, de competencia estrictamente estatal, fuese ampliada por el Gobierno.

Tampoco se exigió celeridad en la tramitación de los cientos de expedientes de convalidación de títulos de médicos extracomunitarios, que duermen el sueño de los justos en los cajones del ministro de Universidades Joan Subirats.

Frente a la saturación de los centros de atención primaria, nadie abogó por la puesta en marcha de una política nacional de educación sanitaria que logre desterrar al terreno de la ficción (género comedía disparatada) historias como la del indignado que protestaba porque "tienes un catarro y te dan para dentro de quince días, con lo cual, con un poco de suerte, hasta se te ha curado solo" (literal).

Tampoco se reivindicó la implantación de herramientas de videoconsulta (el reemplazo moderno de la llamada telefónica de toda la vida al pariente médico) como primer filtro para liberar la atención presencial de los paracetamoles y centrarla en lo necesario.

Silencio también sobre el Gobierno de España, del cual depende el número de plazas de médico que existe en la Sanidad pública.

Es más, por no hablarse, ni siquiera se habló de la Sanidad en el resto de España.

De lo único que se habló en la manifestación del 12 de febrero fue de Madrid y de Isabel Díaz Ayuso.

De Madrid, con desesperación, como si pilas de cadáveres de madrileños se amontonasen a cientos a las puertas de los centros de salud.

Y de Ayuso, con odio. Con un odio violento, casi animal. Ya fuese en su versión acústica de "Ayuso, asesina" o en su modalidad pancartera de "Ayuso, terrorista sanitaria", el odio a Ayuso lo dominaba todo.

La conclusión es obligada. La única finalidad perseguida por los convocantes de la manifestación fue dañar políticamente a Isabel Díaz Ayuso a fin de sacar rédito electoral en favor de Más Madrid, Podemos y el PSOE con vistas a las elecciones del próximo mayo.

Finalidad puramente política, pero que, consideraciones morales aparte, es absolutamente legítima.

Por tanto, dejando por ahora al margen la calificación penal que puedan merecer las formas guerracivilistas empleadas en la manifestación del domingo, una vez concretada cuál fue su verdadera finalidad, la manifestación debe ser valorada a la luz de su justicia.

Y decidir si esa finalidad política es o no justa pasa por algo tan sencillo como acudir a los datos oficiales.

1. En Madrid, el tiempo de espera en la atención primaria es la mitad de la media nacional.

2. En Madrid, la lista de espera para una operación está entre las tres más bajas de España.

3. En Madrid se concentra la mejor red hospitalaria de España, según el último Monitor de Reputación Sanitaria (MRS).

4. En Madrid, el salario medio de un médico es de 79.000 € para una dedicación de 37,5 horas de trabajo semanales.

5. Los médicos en huelga son menos de sesenta, de un total de 17.601.

A la luz de estos datos, la conclusión vuelve a ser obligada.

La manifestación del 12 de febrero no fue más que un aquelarre de políticos derrotados que, en su desesperación por sobrevivir, han decidido sustituir los hechos por la propaganda y convertir a los suyos en una jauría y a Ayuso en su presa.

No es política. Es caza.

Pero se olvidan los líderes de la manada que en este Madrid taurino, la caza del zorro no se estila.

En la tierra de Quevedo y Alatriste, lo que gusta es el combate a dos y con respeto.

Para lo demás, pescozón y desprecio.

Marcial Martelo de la Maza es abogado y doctor en Derecho.

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