Nombres propios de nuestra solidaridad

Por Leire Pajín, secretaria de Estado de Cooperación Internacional (EL PAÍS, 08/09/06):

Los y las cooperantes son un colectivo con alto grado de responsabilidad y compromiso y queríamos responder a sus inquietudes, por eso hicimos realidad la voluntad política de adoptar por consenso un Estatuto de los Cooperantes que otorgara la cobertura jurídica imprescindible para quienes se dedican, como vocación y con sus mejores armas profesionales, a la cooperación al desarrollo y acción humanitaria.

Por ello al aprobar esta norma, el Gobierno declaró el 8 de septiembre Día del Cooperante. Una fecha compartida con la aprobación, en 2000, de la Declaración y los Objetivos del Milenio, aliento e impulso de nuestra cooperación y hoja de ruta de la comunidad internacional.

Ellos y ellas son quienes representan el sentir ético de la solidaridad de la ciudadanía en los países empobrecidos, nuestros cooperantes, por eso hemos puesto nuestra voluntad y entusiasmo todos los que trabajamos en cooperación, Gobierno, Ayuntamientos, comunidades autónomas, ONG y misioneros, para que este primer Día del Cooperante llegue a la opinión pública. Hemos realizado un esfuerzo conjunto, contra el tiempo -como muchas veces se trabaja en cooperación internacional- y sin dudar un momento, cada quien desde su lugar, hemos trabajado codo a codo, también en el terreno, con las Embajadas, Oficinas de la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI) y las ONGD, para realizar actividades que sirvan para compartir ese esfuerzo continuado y corresponsable en la lucha por la justicia y los derechos humanos, contra la pobreza y por la sostenibilidad del planeta.

Con un lema Su trabajo hace que tu solidaridad llegue a buen fin, los medios de comunicación se han implicado ejemplar y solidariamente en esta campaña. Dicho lema refleja varios mensajes que quiero resaltar:

– Las personas que trabajan como cooperantes canalizan las aportaciones de la sociedad española (vía impuestos o donaciones voluntarias), haciendo así visible la obligación de un Estado que debe responder a la contribución de un mundo más justo. Y aunque estas aportaciones van incrementándose, nuestra ciudadanía quiere saber cómo y dónde se distribuye y en qué se utiliza. Es responsabilidad de los gobernantes que la ayuda sea eficaz, que ese apoyo solidario sirva para cambiar las todavía alarmantes condiciones de pobreza. Y nuestros cooperantes son el referente de la ayuda. Nuestros valedores.

– Además, las mujeres y los hombres que realizan estas tareas son profesionales acreditados que provienen de muy distintas especialidades y que de forma continuada actúan ante las más diversas y a veces arriesgadas situaciones, en lugares en los que hace falta una fuerte implicación y formación continua para que la ayuda tenga su necesario impacto.

Por ello, lo primero que debía hacer el Gobierno para con sus cooperantes era resolver una deuda histórica y moral derivada de la aprobación en 1998 de la Ley de Cooperación Internacional. Es evidente el importante avance que supone disponer de un instrumento jurídico que reconoce el carácter de su actividad y servicio prestado a través de ONG, órdenes religiosas o instituciones públicas, y que aborda sus especificidades laborales, sus condiciones distintas, pero en equivalencia al resto de los trabajadores españoles. El horizonte del sendero iniciado implica ahora, tras su reconocimiento legal, el de dignificar su trabajo. No escatimaremos esfuerzos en impulsar las cuestiones pendientes de desarrollo reglamentario, pero también es responsabilidad de las organizaciones e instituciones que tienen a su cargo cooperantes, su puesta en marcha y efectiva aplicación.

Tampoco regateamos esfuerzos, desde el primer día, en solucionar la precariedad laboral que desde hace bastantes años soportan parte de los trabajadores de la AECI en el exterior.

Hemos vivido en los últimos 30 años un desarrollo de magnitudes históricas que han convertido a España en donante y corresponsable activo de la solidaridad internacional. Todos recordamos a los primeros misioneros y misioneras que abrieron camino, que siguen allí y que son ejemplo de compromiso diario. A aquellos primeros expertos que, desde el Ministerio de Trabajo, se desplazaron, en los albores de los 80, a poner en marcha los primeros mimbres de nuestra cooperación. Hoy contamos cada vez más con mejores profesionales cooperantes de ONGD, con personal altamente motivado y cualificado que trabaja para las Administraciones Públicas y que hacen posible que, lejos de cualquier coyuntura, nuestra solidaridad sea cada vez más extendida y reconocida.

Con chalecos y camisetas de ONGD españolas, jóvenes y no tan jóvenes, miran directamente a los ojos de la desigualdad y falta de oportunidades, con distintivos de la AECI, de los servicios de salud de las comunidades autónomas, Ayuntamientos, de servicios de Protección Civil. Muchas personas representando a la ciudadanía española están salvando vidas. Su trabajo muchas veces es invisible. Trabajan en los ángulos muertos del mundo, en las esquinas ensombrecidas de los medios de comunicación y en zonas que nadie imagina. En las mejores ocasiones, dedican su vida. En las peores, la pierden.

Sirva este día y estas líneas como recuerdo a quienes entregaron su vida por esta causa. Y sirva como oportunidad para que la sociedad recíprocamente les vuelva a encontrar, les haga el gesto de que se sientan otra vez en casa.

Que los futuros avances de la cooperación sean fruto del esfuerzo concertado de todos, convirtiéndose así en homenaje permanente a las terminales sensibles de la cooperación: nuestros cooperantes, ellas y ellos, que consiguen que nuestra solidaridad llegue y sea posible. Feliz día.