Nos falla la ambición de crecer

En un coloquio de los muchos que ahora se organizan para hablar de lo que deberíamos hacer para salir de la crisis me preguntan si no tendríamos que ayudar mucho más a las pymes. Estoy de acuerdo. Pero tengo un pero. Hay que cambiar el objetivo que persiguen esas ayudas. Hasta ahora, la mayor parte van dirigidas a que las pymes sigan siendo pymes. Sin embargo, el objetivo debe ser ayudarlas a crecer.

¿Por qué la política hacia las pymes debe ir dirigida a empujarlas a crecer? Por dos motivos. El primero es que hay muchas virtudes de una economía que están asociadas al tamaño medio de sus empresas. El segundo es que tenemos muchísimas más pequeñas empresas y microempresas de las que deberíamos tener cuando nos comparamos con países del mismo nivel de desarrollo. Vayamos por partes. Hay varias razones que explican por qué el mayor tamaño empresarial rinde buenos dividendos a las empresas y al país en su conjunto.

La primera es que la mayor dimensión de las empresas va asociada a una mayor productividad y rentabilidad. Productividad y dimensión crean un círculo virtuoso: la dimensión favorece la productividad, y a su vez esta favorece una mayor dimensión empresarial.

La segunda es que, a mayor dimensión empresarial, mayor capacidad para competir en mercados exteriores. Aquellas empresas que venden o producen una parte de sus productos en el exterior están soportando mucho mejor la crisis. Por el contrario, las empresas que solo operan en los mercados locales o nacionales están sufriendo hasta el límite de su supervivencia debido a la caída del consumo interior y las dificultades crediticias.

La tercera es que las empresas medianas y grandes emplean a más personas con formación media y superior, estas tienen mejores salarios y su empleo es más estable.

Si la dimensión empresarial tiene todas esas virtudes, la pregunta es: ¿por qué hay tantísimas pequeñas y microempresas en nuestro país?

Entiéndanme bien. No estoy diciendo nada contra las pymes en sí mismas. Todo lo contrario. En todos los países y sectores hay empresas grandes, medianas, pequeñas o muy pequeñas. Y todas tienen su función. Corresponde a cada empresario, de acuerdo con sus recursos, habilidades y mercado, decidir cuál es el tamaño que desea. Además, no hay que olvidar que las empresas nacen pequeñas. Pero, como he dicho antes, el rasgo diferencial de nuestro país es que tenemos muchísimas más de las que nos corresponderían si nos comparamos con países similares.

¿Por qué somos diferentes? Durante muchos años, la menor dimensión media de nuestras empresas fue debido a que España era una economía autárquica, muy protegida y muy intervenida. La escasa dimensión del mercado interior y la protección frente a la competencia de fuera hacían que muchas empresas pequeñas pudiesen sobrevivir. Pero esta explicación ahora ya no vale. Otro argumento viene a decir que la causa es el predominio de la propiedad familiar frente a la sociedad anónima. Escuché en una ocasión decir a un conocido empresario que en Catalunya se prefiere tener una tienda propia en el paseo de Gràcia que el 5% de Mango o Zara. Es decir, que se prefiere ser cabeza de ratón antes que cola de león.

Pero, miren, no me convencen estos argumentos. No niego que tengan alguna influencia, pero me resisto a creer que sean la explicación principal. Por un lado, hay grandes empresas en otros países que siguen siendo teniendo un control familiar. Por otro, hay empresas familiares catalanas y españolas que están aumentando su tamaño.

La explicación tiene que estar en otro lado. A mi juicio, muchas pymes pierden su ambición de crecer porque gran parte de las ayudas financieras y de otro tipo -y especialmente el tratamiento fiscal- cambia cuando dejan de ser pyme. Esa pérdida de ayudas y ese trato fiscal diferente desincentiva a crecer. Muchos deciden crear una segunda empresa pequeña antes que aumentar el tamaño de la primera. Y esto no es bueno.

En este terreno, mi opinión coincide con la del CAREC, el consejo asesor creado por el Govern de Artur Mas y presidido por Salvador Alemany. En un documento reciente que les animo a leer (La dimensió empresarial a Catalunya), señala que su posición es «evitar medidas que favorezcan el estancamiento de las empresas en formatos de pequeña dimensión, y en consecuencia se recomienda que cualquier decisión de discriminación positiva, que exista en la actualidad o que se pueda adoptar en el futuro, en relación con las pymes, tenga una limitación temporal. Por otra parte, convendría aumentar los estímulos al crecimiento de las empresas de este segmento empresarial».

Estoy de acuerdo. Conviene a las propias empresas y conviene al país. Espero que el CAREC sea escuchado por los que tienen que hacer las políticas hacia la pyme.

Por Antón Costas, catedrático de Política Económica de la Universitat de Barcelona.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *