Notas feministas

Ha producido malestar entre los y las feministas la sentencia de un juez que no considera un insulto grave que el marido tache de zorra a su mujer. Al contrario, lo considera un elogio habida cuenta de la astucia que, según los fabulistas, caracteriza al citado animal. Ni considera una amenaza que asegure que le va a construir una caja de madera. Según el magistrado, no tiene por qué ser un ataúd. En un país donde la violencia de género cuesta anualmente la vida a un elevado número de mujeres, parecería conveniente no frivolizar con las palabras que pueden ser un indicio de posibles derramamientos de sangre.

La otra cara de la moneda es el guiño que el candidato Rubalcaba ha hecho al electorado femenino al prometer que, de salir victorioso de la contienda del 20 de noviembre, impondrá una cuota de mujeres en los órganos de gobierno de las grandes empresas, visto el escaso peso que aún tienen en ellos. Es curioso, pero este compromiso coincide en el tiempo con la polémica que se ha levantado en Estados Unidos tras el nombramiento de Chelsea Clinton, la única hija del expresidente y de la actual secretaria de Estado, como consejera de IAC/Interactive Corp, un importante conglomerado de medios de comunicación. El hecho de que solo cuente con 31 años y todavía curse estudios universitarios ha suscitado dudas sobre su idoneidad para ocupar el puesto y, en consecuencia, percibir 300.000 dólares al año más incentivos en forma de opciones sobre acciones. Un diario tan serio como The New York Times ha dedicado espacio a comentar la designación y discutir si en la decisión han pesado más el apellido y las relaciones que conlleva que los conocimientos de la joven. El artículo cita un estudio llevado a cabo por tres especialistas que, después de analizar los nombramientos de 700 celebridades en sendos consejos de administración, llega a la conclusión de que esta práctica incrementó, durante un periodo de tres años, el valor de mercado de las respectivas compañías. Mayor visibilidad de la entidad y el uso de las conexiones del fichaje fueron las razones de este efecto positivo. Pero el periodista no parece muy convencido del acierto del nombramiento, aunque tampoco lo descalifica. Sí recuerda que la compañía que ha originado la noticia está mal calificada por Governance Metrics International, una entidad que se dedica a puntuar la calidad de la gobernanza de las grandes empresas. Su dictamen es que en su consejo de administración apenas hay vocales independientes y que sus remuneraciones no están bien alineadas con los resultados de la compañía. ¿Logrará el nombramiento de la señorita Clinton mejorar esta opinión?

También en Francia el feminismo está en combate. Ya se ha abierto oficiosamente la batalla que debe desembocar en la elección del próximo presidente de la República. Parece que los sondeos no son favorables al actual ocupante del Elíseo. Si añadimos a la factura de la crisis económica los errores cometidos durante su mandato, es lógico que tenga difícil la reelección, aunque en el lado socialista aún no tengan un candidato claro y reconocido para disputarle la contienda. Pero los golpes bajos ya han hecho acto de presencia. Parece que la actual compañera de François Hollande, con casi toda seguridad el futuro cabeza de lista socialista, ha sido objeto de espionaje. Es de suponer que con la intención de descubrir secretos de alcoba para dañar la imagen del más que probable candidato. Ya se sabe: cherchez la femme. Pero más interés tiene un libro recientemente aparecido con el expresivo título, debidamente traducido: Palabras de mujer sobre estos machos que nos gobiernan. Libro que es un compendio de anécdotas que dejan en entredicho el comportamiento de algunos de los más ilustres nombres masculinos de la política francesa. Como es de imaginar, no falta un jugoso capítulo dedicado a las hazañas del priápico Strauss-Kahn y su condescendiente esposa. Y otro a las fantasías sexuales de un secretario de Estado, ya dimitido, empeñado en masajear los pies, y quizá algo más, de sus subordinadas.

Pero no siempre las anécdotas tienen este carácter picante. Una se refiere al bello Dominique de Villepin. Cuando era ministro de Exteriores, le organizaron un importante viaje a Japón. Sus diplomáticos prepararon con todo cuidado la expedición. Su esposa, que formaba parte de la expedición, recibió un documento donde le detallaban las distintas recepciones a las que debería asistir, para que pudiera meter en el equipaje los atuendos más adecuados para cada una de ellas. Pero lo curioso es que al final, como nota a pie de página, figuraba la siguiente petición: «Por favor, señora, vigile el estado de los calcetines de su esposo». Se ve que en alguna ocasión anterior algún diplomático había descubierto, horrorizado, unos conspicuos tomates entre los zapatos y los bajos de los pantalones de su jefe. Una mancha indecorosa para el prestigio de la France por culpa del descuido de su esposa. ¡Que se los zurza él!

Antoni Serra Ramoneda, presidente de Tribuna Barcelona.

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