Nuestras Fuerzas Armadas

En estos días de Navidad ya se ha convertido en una excelente y positiva tradición que los medios de comunicación se ocupen de los soldados españoles desplegados por todo el mundo. Así, este año, como todos los años, veremos reportajes y tendremos noticias de las tropas españolas desplegadas en países tan distintos y tan distantes como Bosnia, Afganistán, Líbano, Somalia, Uganda, Malí o República Centroafricana, o en el Cuerno de África.

Pero recordar en estos días navideños a nuestros soldados, marinos y pilotos que cumplen con su deber de defender a España en estratégicos y complicados escenarios de todo el mundo nos tiene que hacer reflexionar acerca de lo poco que nos ocupamos de nuestras Fuerzas Armadas el resto del año.

Nuestras Fuerzas ArmadasY es que ellas, nuestras Fuerzas Armadas, son la institución más olvidada de nuestra Nación. Lo que no deja de ser una anomalía de la que debemos tomar conciencia y que debemos remediar.

Probablemente una de las peores consecuencias de los años del franquismo sea la de que la sociedad española y, en primer lugar, su clase política tengan una especie de extraña prevención a la hora de hablar de nuestros Ejércitos y de la defensa nacional.

Una buena prueba de esto la tenemos en los muchos debates electorales que han tenido lugar desde la restauración de la democracia. La defensa nacional y las Fuerzas Armadas han sido casi siempre unos grandes ausentes en esos debates, a pesar de ser un asunto trascendental.

Parecería como si nadie quisiera expresar públicamente su concepción de lo que tiene que ser la defensa de la Nación y su criterio acerca del papel que en esa defensa tienen que tener nuestros Ejércitos.

Sin embargo, en el mundo de hoy estamos viviendo un momento histórico en el que la cuestión militar ha adquirido una importancia fundamental. Y esto es así también para España.

La Constitución de 1978 dedica

su artículo 8 a determinar la misión que el pueblo soberano encarga a nuestras Fuerzas Armadas, que no es otra que « garantizarla soberanía e independencia de España, defender suintegridad territorial y elorde namiento constitucional ». En los 36 años transcurridos desde la aprobación de la Constitución, España se ha ido incorporando a todas las alianzas económicas, políticas y militares que nos unen al resto de los países de Occidente.

Pero no son solo las alianzas formales las que nos unen a los países occidentales. Lo que más nos une a ellos es compartir plenamente los grandes valores de la civilización occidental: la libertad (con una especial atención a la libertad de conciencia y a la libertad religiosa), la dignidad esencial de las personas, la propiedad y el Estado de Derecho. Tenemos que ser conscientes de que, cuando alguno de esos principios está amenazado, somos todos los españoles los que estamos amenazados. No podemos mirar para otro lado. Por el contrario, debemos comprometernos firmemente en la defensa de esos valores, lo que implica, como es lógico, la defensa de nuestros aliados.

Por eso, para defender a España, para defender los intereses de los españoles y, además, para defender los valores de nuestra civilización, que compartimos con el resto de países occidentales, están desplegadas nuestras tropas, nuestros buques y nuestros aviones por todo el mundo.

Al abnegado y eficaz esfuerzo de nuestros soldados en todas esas difíciles y delicadas misiones en el extranjero se une la esmerada dedicación con que se instruyen y preparan en nuestros cuarteles y academias. De la que puedo dar testimonio directo, pues, hace apenas un año, tuve la oportunidad de pasar toda una jornada en la Academia General Militar de Zaragoza y pronunciar una conferencia ante sus cadetes.

Pues bien, a pesar de la trascendencia de la misión que las Fuerzas Armadas tienen asignada, a pesar de la brillantez con que la cumplen desde que la Constitución se la encomendó, a pesar de que, en estos momentos en que tantas instituciones españolas han dado muestras de estar en crisis, nuestros Ejércitos y nuestra Armada están en un magnífico estado de forma moral, a pesar de todo eso, creo que la sociedad española no les presta la debida atención.

La caída del Muro y el fin de la Guerra Fría nos hicieron concebir la esperanza de que Occidente había entrado en un período de paz perpetua. Muy pronto comprobamos que aquello había sido una falsa ilusión, y el 11-S fue la primera y mejor demostración. Desde entonces, el mundo libre, al que felizmente pertenece España, está amenazado. Por el fundamentalismo y el yihadismo islámico, de manera explícita. Y la mejor garantía de que nada ni nadie podrán arrebatarnos el ejercicio de nuestra soberanía y nuestra libertad son, precisamente, esas Fuerzas Armadas, a las que no hacemos todo el caso que se merecen.

Por todo ello, hay que desear que nuestros Ejércitos y nuestra Armada estén mucho más presentes en la vida cotidiana de los españoles, que sean mejor conocidos por todos, y especialmente por los más jóvenes, y que, igual que nuestros soldados están firmemente comprometidos con nuestra defensa, todos estemos cada vez más comprometidos con ellos y los conozcamos mejor.

Esperanza Aguirre, presidente del PP de Madrid.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *