Nueva era en Francia

¡Hecho! Gabriel Attal, primer ministro francés, saboreó el domingo su particular victoria: detener la mayoría absoluta de Reagrupación Nacional (RN) evitando su acceso, el de la extrema derecha, al Gobierno galo. Los resultados de la segunda vuelta de las legislativas desbarataron todos los pronósticos. Los desistimientos funcionaron: en auténtico apuro, recrearon el frente republicano, el único gran vencedor del escrutinio. La «clarificación» esperada por Emmanuel Macron con la disolución impuesta de la Asamblea nacional tras el resultado de las europeas es una bruma a resolver cuanto antes, sin Júpiter.

En Washington para conmemorar los 75 años de la Alianza Atlántica, Macron viajó aliviado por la sorpresa de las urnas: la alianza de izquierdas, Nuevo Frente Popular (NFP), quedó primera; le sigue Juntos por la República, formación de centro, compuesta y liderada por Attal para 'la emergencia'; en tercer lugar las huestes de Marine Le Pen, decepcionadas por la orientación final de los electores; y en cuarta plaza, la derecha tradicional, Los Republicanos, que unida a los representantes de Derechas Diversas remonta hasta formar grupo parlamentario.

En el Elíseo, enmudecido a medida que caían los datos, Macron tuvo que escuchar del jefe de Gobierno: «¡Hemos hecho bien en luchar hasta la extenuación!». Poco después, sin encogerse frente a «la falta de madurez» del presidente, Gabriel Attal compareció desde su sede de Matignon para felicitar a los franceses por evitar los tres riesgos que él percibió para el país: «una mayoría absoluta dominada por La Francia Insumisa, una mayoría absoluta dominada por RN y el riesgo de desaparición del movimiento que encarna nuestras ideas». Diezmada por perder 80 escaños, la antigua mayoría -Renacimiento, MoDem y Horizontes- resiste gracias al frente republicano. Pero la 'macronía' ha muerto. El bloque se divide entre el ala derecha de Édouard Philippe, Gérald Darmanin, y el ala izquierda de François Bayrou, rivales pensando en la presidencial de 2027. Y ahora descolocados por el arranque del 'attalismo'.

Ironía de la historia, tras siete años de una presidencia imperativa, la disolución abre la puerta a una democracia parlamentaria. Macron, que tanto había prometido cambiar el estilo de gobierno, se ve obligado a funcionar de otra manera: el centro del poder gira al Parlamento y a la cohabitación con un primer ministro dependiente de la Asamblea, no de él solo. Lo peor se ha evitado: Marine Le Pen en cabeza confabulando con Jean-Luc Mélenchon una dimisión presidencial anticipada. La Cámara baja queda compuesta por tres bloques sin que ninguno pueda imponerse. El presidente recupera aquí una palanca institucional, que también pudo perder.

Con una movilización masiva -sin parangón desde 1997-, los franceses han sido responsables. Por el honor de la República han votado a candidatos contrarios a su ideología con tal de frenar a la extrema derecha de Le Pen-Ciotti. Este objetivo no puede olvidarse con el balance sorpresa del 7 de julio. Egoístamente, Macron recupera un poco de oxígeno al precio de someter al país a un gran estrés. También a la geopolítica internacional. El resultado no es un cheque en blanco. No cabe descartar el peligro de RN como una constante para Francia y para Europa. El partido de Jordan Bardella crece: de 8 diputados en 2017, a 89 en 2022 y borda 143 electos en 2024. Es el primer grupo en la Asamblea y representa el 40% del voto. Lo sucedido es una moratoria hasta 2027 que requiere la humildad de los adversarios.

Entre los errores de Reagrupación Nacional destaca la insistencia de Bardella para controlar la defensa. Muchos legitimistas franceses no han pasado por esto. Cuando la madrina de RN contesta a Emmanuel Macron su título de jefe de los ejércitos (artículo 15 de la Constitución), no estamos en un debate académico, dice Jean-Louis Bourlanges, fino jurista: «La puesta en cuestión de los poderes del jefe del Estado en materia de defensa traduce la voluntad de Marine Le Pen de enviar a Putin un mensaje de connivencia sobre Ucrania. Y esto no es lo más grave».

Convicciones europeas fluctuantes, desconfianza en el vínculo transatlántico, más una musiquilla que acercaría a Francia al grupo de las democracias iliberales devuelven RN a partido peligroso. Los franceses lo vieron; votan alejarse de las 'democraturas'. Se conoce el principio: lo político por encima de lo jurídico. La mayoría política se impone sobre los textos fundamentales del Estado de Derecho. Para implantar la mencionada mayoría, se empieza siempre por asegurar el control de las más altas instancias jurídicas del país. «Claro está, habrá que meter en cintura al Consejo Constitucional», declaraba el abogado Pierre Gentillet una de las 'vedettes' ascendentes del movimiento R, en esta última campaña de vértigo. Quedan claras bastantes cosas.

Rosario Morejón Sabio, Doctora en Psicología.

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