Nueva vida para la atención de la salud en África

Nueva vida para la atención de la salud en África

A fines de octubre, la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (IFRC) confirmó una vieja sospecha de muchos: la existencia de un fraude multimillonario con fondos donados para combatir los brotes de ébola en Guinea y Sierra Leona. La organización humanitaria más antigua del mundo se declaró “escandalizada” por el hallazgo.

No hace falta decir que no fue la única.

En lo peor de la epidemia, fui coordinador nacional para el entierro de los muertos por el ébola en Sierra Leona. Desde 2014 y durante gran parte de la crisis, nos faltaron equipamiento y materiales para contener al virus asesino. En medio de la escasez de recursos perdimos a muchos trabajadores sanitarios, y no hubo un día en que no me aterrorizara la posibilidad de morir yo también, dejando solos a mi familia y a dos hijos pequeños. Fueron tiempos de zozobra para mi país.

El dolor no desapareció. Sigo pensando a menudo en los colegas que murieron durante el combate heroico. Y ahora que se confirmó el robo de sumas inmensas de dinero, además de dolor hay rabia y decepción, no sólo por el fraude en sí, sino también por lo que dice acerca de las dificultades que enfrenta África en el intento de mejorar la atención médica y la salud de la población.

El extendido fraude es un ejemplo de los problemas que pueden darse cuando los donantes canalizan recursos a través de grandes ONG como la Cruz Roja. Y lo que reveló la IFRC es sólo la punta del iceberg. El ministro de salud e higiene de Sierra Leona fue el primero en alertar, en mayo de 2015, sobre la posibilidad de un fraude a gran escala; incluso pidió que se hiciera una auditoría total del dinero recibido y de su utilización. Por desgracia, casi nadie le prestó atención.

Esta omisión es lamentable, pero no sorprendente; hacer seguimiento de las donaciones es extremadamente difícil. Cuando gobiernos y donantes privados comprometen fondos de ayuda, estos suelen pasar por una cadena de grandes organizaciones que determinan cómo se asignarán, pero no es frecuente que haya una contabilidad detallada. Por ejemplo, la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios estima que los países más afectados por el ébola recibieron 3300 millones de dólares en donaciones. Pero los datos del organismo no indican en qué se usó el dinero.

Los gobiernos, los socios para el desarrollo y los organismos de respuesta coinciden en que durante una crisis como la provocada por el ébola (o cualquier otra emergencia sanitaria), la buena gestión financiera es crucial. Sólo con una presupuestación disciplinada es posible equipar al personal y pagarle adecuadamente, proveer a los hospitales y abrir centros de priorización de los pacientes. Cuando las donaciones bienintencionadas no llegan a quienes las necesitan, el resultado es la falta de recursos, desde escasez de médicos hasta falta de vehículos para transportar a los enfermos y enterrar a los muertos.

Lo primero que sentí al enterarme del fraude con los fondos de la IFRC fue rabia. Pero el segundo sentimiento, decepción, es el que debe guiar los esfuerzos futuros de África. Para avanzar hacia la cobertura sanitaria universal (CSU) y mejorar la calidad de la atención médica para todos en el continente, el primer paso es garantizar que los recursos se usen en forma eficiente y justa.

Ya hubo avances en el fortalecimiento de los principios y procesos de planificación nacionales. Y según la Alianza CSU 2030, que trabaja para mejorar la calidad y accesibilidad de los sistemas sanitarios en todo el mundo, los países receptores han hecho mucho más que sus socios internacionales para establecer marcos presupuestarios más eficaces. Pero África todavía tiene mucho que hacer para que los sistemas de contratación pública y gestión financiera cumplan criterios adecuados.

Para mejorar la calidad de los sistemas sanitarios africanos y evitar que se repita un fiasco como el de los fondos de la IFRC para el ébola, los países receptores de ayuda necesitan mejorar los protocolos de gestión financiera. En una emergencia sanitaria, la ayuda inmediata es esencial. Pero para asignarla adecuadamente, los países receptores deben estar preparados desde antes para gestionar grandes sumas con transparencia. El objetivo debe ser que tengan control del modo en que se usan las donaciones.

Por el momento ocurre lo contrario, y la mayoría de los países africanos son como un náufrago sediento en medio del mar: estamos rodeados de dinero, pero no tenemos capacidad para usarlo. Para beber del océano de las ayudas, los países africanos primero deben tomar control de los destinos de fondos para atención médica.

Esto demanda usar los recursos con eficiencia. Es fundamental trabajar en forma regional y sectorial para mejorar la coordinación y evitar la superposición de esfuerzos. Por ejemplo, después de la guerra y el genocidio en Ruanda, el gobierno ruandés exigió a sus socios internacionales trabajar de conformidad con la agenda gubernamental. Hoy Ruanda es uno de los líderes mundiales en accesibilidad y calidad de la atención médica. La experiencia de Ruanda debe servir de modelo a otros países.

Mientras en diciembre el mundo celebraba el Día de la Cobertura Sanitaria Universal, yo me puse a reflexionar sobre los horrores de los años recientes, y a pensar en las medidas que debemos tomar para mejorar la atención médica en el futuro. En Sierra Leona, y en todas partes, hay que hacer hincapié en la creación de un marco sólido de liderazgo, gobernanza y cooperación. Pero sobre todo, debemos usar la insatisfacción colectiva con los fracasos del pasado para alentar esfuerzos que conviertan en realidad la provisión de una atención médica de calidad para todos.

Samuel Kargbo is Director of Policy and Planning at the Ministry of Health and Sanitation in Sierra Leone, a member of the UHC 2030 Steering Committee, and a 2015 Aspen Institute New Voices fellow. Traducción: Esteban Flamini.

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