Nuevo paradigma contra ETA

Por Andrés Montero Gómez, presidente de la Sociedad Española de Psicología de la Violencia (EL CORREO DIGITAL, 25/01/07):

El razonamiento humano es un camino plagado de trampas. Los políticos son seres humanos. Los terroristas, aunque no lo parezcan, también. Los asesores de los políticos también son ‘homo sapiens’. Todos tienen en común que suelen incurrir en errores de razonamiento, que a su vez comprometen sus procesos de extracción de juicios. Estos resbalones de la razón se intensifican en situaciones de alta presión contextual o en aquellas otras en donde las teorías y premisas previas de cada cual son tan inamovibles que contaminan, anclándolo, todo el proceso posterior de pensamiento. No digamos nada si una de las premisas-fuerza del proceso de razonamiento tiene que ver con cuestiones identitarias, con la propia supervivencia, con la dominancia, con obtener o alcanzar privilegios.

Con ETA hemos caído en muchas trampas y varias de ellas tienen que ver con las premisas de partida en nuestro razonamiento. Cuando ETA declara una tregua, razonamos a partir de esa tregua. A primera vista parece lo más sensato, pero no lo es. En algún momento hemos escrito aquí que ETA había decidido abandonar las armas y no es una afirmación errónea. ETA ha decidido abandonar las armas, pero todavía no hemos propiciado el escenario para que su disolución suceda. La desactivación de ETA vendrá cuando considere que ha cumplido sus objetivos o cuando la dejemos sin objetivos que cumplir. Dejarla sin objetivos que cumplir significa que o bien concedemos la autodeterminación para Euskadi o bien eliminamos a ETA de la ecuación de la autodeterminación y la comenzamos a tratar como una banda criminal. De la trampa conceptual de ETA todavía no hemos salido, y el último proceso de diálogo con la banda terrorista no viene más que a demostrarlo de manera esperpéntica.

El error más desastroso de las ciencias políticas académicas es haber considerado al terrorismo como violencia política. Hemos asumido implícitamente el argumento del criminal. Llevamos años haciéndolo. Y continuamos considerando a ETA como un concepto que puede compartir campo semántico con otros conceptos, como autodeterminación y territorialidad. La primera reorientación de paradigma contra ETA es negarle el espacio conceptual que ha pervertido con su violencia. Porque la autodeterminación es un derecho legítimo en democracia, canalizable a través de vías igualmente democráticas. Tenemos que quitarle a ETA la legitimidad para hacer uso de nuestro espacio semántico democrático, de nuestro lenguaje. Eso sólo podemos hacerlo con el impulso de nuestra clase política.

Cuando ETA declara una tregua, el Gobierno se sitúa inmediatamente en posición de tregua. Lo han hecho todos, desde Felipe González, pasando por Aznar hasta Zapatero. ETA marca el ritmo y el Estado lo baila. El segundo ingrediente en la reorientación de paradigma es que el ritmo lo marca el Estado. De esta manera, evitaremos que ETA utilice cada tregua para rearmarse. Es muy sencillo, aunque parezca complicado.

Batasuna no ha querido impulsar la vía posibilista respecto a ETA, de manera que ha perdido su oportunidad. De entrada, para que el Estado recobre el ritmo hay que detener a ‘Josu Ternera’, que la Fiscalía del Estado impulse todos los procesos contra Batasuna, sus líderes, y analice las posibilidades de abrirlos, si existen indicios de vinculación delictiva, con todas las siglas asociadas a la izquierda abertzale. Algunos dirían que en un proceso negociador con ETA ello significa incendiar los canales de comunicación, pero se equivocarían. ETA lo ha planteado muy claramente ante el desconcierto de todos: puede haber tregua y atentados al mismo tiempo. Pues adelante.

En el diálogo con ETA sólo puede prevalecer el Estado si la organización terrorista está totalmente debilitada. Y no puede debilitarse si le damos la oportunidad de regenerarse. De acuerdo, había que intentarlo. Lo hemos intentado con el esquema clásico, pero ahora debemos pasar a un esquema alternativo. El nuevo paradigma es negociar con ETA mientras detenemos a todos, mantenemos ilegal a Batasuna, asfixiamos económicamente a la izquierda abertzale, continuamos con la dispersión de presos y no aceptamos, de ningún modo, que en el discurso terrorista se emplee ninguna denominación de política democrática.

El nuevo paradigma es que, al tiempo que se desarticula la cúpula de ETA, se continúa investigando a Otegi, se descabeza el aparato empresarial en torno al terrorismo y se cierra toda posibilidad de acción política mientras exista el terrorismo, al mismo tiempo, como digo, se mantiene abierto el canal de diálogo con la banda. Cuando se encuentren en el mayor punto de debilidad, negociarán. Y cuando lo hagan, se les ofrecerá lo único que se les puede otorgar, esto es, un tratamiento individualizado de los presos y, a Batasuna, la posibilidad de que los dirigentes que no estén por entonces en la cárcel puedan presentarse a las elecciones y ocupar alguna concejalía de ayuntamiento.

Es momento de que ignoremos los zutabes, las ruedas de prensa y las tribulaciones tácticas en análisis que no sean los meramente técnicos para utilizar toda esa información en su contra. El Estado debe recuperar la iniciativa. Que Zapatero mantenga el diálogo con ETA, pero arrestando a ‘Josu Ternera’. Y después a ‘Txeroki’ y después a su sustituto. Quien quede, que dialogue o que lo hagan desde la cárcel. Cuando ETA esté en su máxima debilidad, negociará. La Fiscalía del Estado debe recuperar la iniciativa y acumular indicios con el trabajo intensivo de las Fuerzas de Seguridad. Al mismo tiempo, diálogo con ETA. Descartada la capacidad de maniobra de Batasuna respecto a ETA y asumida la preponderancia del terrorismo, ya es hora de que neguemos a la izquierda abertzale cualquier capacidad política. Ya tenemos la ecuación para conciliar todas las contradicciones. De este modo, además, Zapatero debería poder incluir en un pacto aglutinador a todas las sensibilidades políticas, porque la única sensibilidad que se descarta en la ecuación es la de ETA. Los independentistas que piden diálogo tienen diálogo; la derecha que reclama acción represiva puede encontrar acomodo. Incluso el PNV podría entrar con este planteamiento, pues parte de la garantía de mantener los canales abiertos pero asestando el estoque del Estado de Derecho. Tal vez no acabemos con ETA en esta legislatura y habrá más atentados, pero será desactivada. Es la hora del Estado.