Obama y las fotos de torturas

A la hora de justificar su espectacular anulación de la decisión de publicar las fotografías que muestran el maltrato de prisioneros a cargo de soldados de Estados Unidos en Iraq y Afganistán, el presidente Obama alegó que la publicación de las imágenes “exacerbaría aún más la corriente de opinión antiestadounidense y pondría a las tropas en mayor peligro”.

De hecho, la opinión mundial, en especial la de los musulmanes, juzgaría que la difusión de tales imágenes de horror representaría un giro positivo de la política estadounidense y de su política exterior en general. Se consideraría que Estados Unidos recupera su alta moral y afirma su respeto por la dignidad humana.

La asunción de la responsabilidad por parte de Obama de las iniciativas y medidas de la administración Bush, por horribles y dolorosas que sean, habrá de reforzar la ruptura con su predecesor, así como el carácter de su nuevo mensaje a la sociedad estadounidense y a la comunidad internacional: EE.UU. es un buen ciudadano del mundo, un país que se rige por leyes y que cumple escrupulosamente las leyes sobre la guerra. El nuevo mensaje del presidente cobraría así mayor fuerza y credibilidad.

No se puede negar que a corto plazo la publicación de estas imágenes de horror suministraría más munición a extremistas como Al Qaeda y otros grupos afines en guerra con Estados Unidos. Otros partidarios de la línea dura usarían y abusarían de las fotografías de los prisioneros para presentar a EE.UU. librando una guerra contra el islam y los musulmanes. Pero poco puede hacer EE.UU. para aplacar a Al Qaeda y otros militantes. La mayoría son irredimibles.

El principal objetivo ha de consistir en granjearse el favor de la opinión pública musulmana en general. Numerosos indicios y pruebas señalan que la apertura del presidente Obama a los musulmanes ha comenzado a dar sus frutos. En las encuestas y según mis propias entrevistas, cada vez más árabes y musulmanes dicen que tienen muy buena opinión del joven presidente y consideran que ejercerá un impacto positivo sobre Oriente Medio.

La diferencia esencial entre la perspectiva de buena voluntad de los árabes sobre Obama y Estados Unidos, respectivamente, guarda relación con la credibilidad del mensajero, el presidente Obama. Mientras el ex presidente Bush es odiado y se desconfía de él en el gran Oriente Medio, Obama es visto como un soplo de aire fresco que refleja la nueva faz humana de Estados Unidos. La credibilidad del mensajero es esencial, y cualquier decisión (como el bloqueo de la publicación de las fotografías de los malos tratos) susceptible de minar la confianza podría fácilmente hacer trizas la reserva de buena voluntad internacional que el presidente Obama ha edificado hasta la fecha.

El argumento de que la publicación de las fotografías exacerbaría a la opinión antiestadounidense no es de mucho peso, pues, según se ha informado, estas controvertidas fotografías reflejan una realidad menos vejatoria y humillante que las imágenes de Abu Graib en el 2004 que atizaron los sentimientos antiestadounidenses en todo el mundo. De hecho, Obama ha dicho que las fotografías en este caso no son “especialmente impactantes, sobre todo cuando se comparan con las dolorosas imágenes que todos recordamos de Abu Graib”. Muy bien. Entonces, ¿por qué no acatar la decisión del tribunal de apelaciones sobre la publicación de las imágenes?

Existe el peligro de que la nueva decisión de Obama de oponerse a la publicación de las fotografías pueda provocar el efecto contrario al esparcir rumores y teorías conspiratorias sobre lo que tales fotografías revelan, y por tanto podrían perjudicar más que beneficiar. En la era de los nuevos medios de comunicación, la transparencia es un arma poderosa en los dos ámbitos de la política interior y exterior.

Según el memorándum del 21 de enero del propio presidente Obama en honor de la ley de Libertad de Información, “el Gobierno no debe mantener la confidencialidad de la información por la mera razón de que los funcionarios públicos pudieran verse comprometidos por las revelaciones en cuestión, porque los errores y los fracasos pudieran de este modo ser revelados, o por temores teóricos o abstractos”.

El fallo de tres jueces del tribunal de apelaciones en el 2008 – que rechazó la importante aseveración de la administración Bush en el sentido de que la publicación de las fotografías añade escaso valor a la comprensión social de la cuestión-figuraba en la misma página web junto con la postura de Obama. “Este argumento omite el propósito esencial de la ley de Libertad de Información (FOIA) de promover la rendición de cuentas por parte del Gobierno”, concluyó el tribunal.

Sí, señor presidente, usted, como antiguo profesor de Derecho Constitucional, y el dictamen del tribunal de apelaciones coinciden en que la comunicación abierta y sin trabas entre el Gobierno y la ciudadanía, la transparencia y la rendición de cuentas son importantes, notablemente importantes. Los ciudadanos estadounidenses tienen derecho a conocer en su entera magnitud el horror perpetrado en su nombre.

Es menester, de forma apremiante, quedar limpio. En este caso, hacer públicas no sólo estas fotografías, sino las otras miles que presuntamente se hallan en poder del Pentágono. El secretario de Defensa, Robert Gates, atinaba al decir que había sostenido en una ocasión que acaso sería preferible “pasar el mal trago de una vez” y hacer públicas sin dilación una serie de imágenes, ya que muchas de ellas penden de resolución judicial en numerosos juicios.

Sin embargo, tanto él como el presidente mudaron de parecer cuando los generales estadounidenses en Iraq y Afganistán, yel general David Petraeus, mando de mayor rango en ambas guerras, expresó su “gran preocupación ante la eventualidad de que la difusión de tales fotografías cueste vidas estadounidenses”, según el informe de Gates al comité de las Fuerzas Armadas de la Cámara de Representantes.

Los generales, con razón, temen que la publicación de las fotografías podría socavar aún más la posición militar de Estados Unidos en el país y en el extranjero, aunque es difícil afirmar que la publicación costaría vidas estadounidenses.

El comandante en jefe debe sopesar seriamente los posibles temores de sus generales frente a las más amplias preocupaciones propias de los intereses públicos y nacionales y de la comunicación abierta y sin trabas entre el Gobierno y la ciudadanía. Esta última cuestión no es un lujo, sino una necesidad a la luz de lo ocurrido durante los últimos ocho años. El esfuerzo de lograr quedar limpio constituiría una dilatada tarea a fin de reparar cualquier perjuicio simbólico infligido a los militares y evitar una repetición de tales delitos en el futuro.

La administración Bush ya se manifestó en contra de la publicación por motivos de seguridad nacional… y perdió. El tribunal de apelaciones manifestó en septiembre del 2008: “Es claramente insuficiente sostener que cabe dar por sentado que la publicación de los documentos podría plausiblemente poner en peligro a miembros indeterminados de un grupo tan grande como el conjunto de los efectivos de las fuerzas armadas de Estados Unidos, de las fuerzas de la coalición y de los civiles en Iraq y Afganistán”.

“Se dice que la luz del sol es el mejor de los desinfectantes”, dijo Louis Brandeis (1856-1941), el “abogado del pueblo”, que fue posteriormente juez del Supremo, en una serie de artículos sobre la “Nueva Libertad”. Se espera que la Administración Obama abrace la luz del sol y la transparencia y levante el velo del secreto que ha perjudicado, en la mayoría de casos, los intereses nacionales de Estados Unidos.

Fawaz Gerges, de la cátedra Christian A. Johnson sobre Oriente Medio, Sarah Lawrence College, Nueva York. Autor de El viaje del yihadista: dentro de la militancia musulmana, Ed. Libros de Vanguardia. Traducción: José María Puig de la Bellacasa.