Obama y Zapatero: cómo recuperar América Latina

¿Hablarán alguna vez Obama y Zapatero sobre América Latina? Me refiero a hablar en serio. Pero, ¿alguien les imagina a ambos decidiendo sobre Cuba, Brasil o los grandes proyectos energéticos o de integración económica del Cono Sur? En el pasado, algo así todavía podía soñarse desde Madrid. Pero tanto han cambiado las cosas en América Latina en el último decenio, y tanto es el terreno cedido, que cualquier iniciativa al margen de los gobiernos de la región ha perdido toda posibilidad de prosperar.

Ironías de la Historia, la influencia norteamericana y española en la región ha corrido parecida suerte. El desembarco español de principios de los años 90 en la energía, la banca o las telecomunicaciones coincidió con la retirada del capital estadounidense y un desinterés político por parte de Washington, cada vez más atrapado en Oriente Medio y en el Golfo Pérsico. Aunque a Bill Clinton se le ocurrió la idea de crear un área de libre comercio desde Alaska a Tierra de Fuego, la desigualdad entre la hiperpotencia y los frágiles mercados del resto, así como la desigualdad en el interior de los países vecinos, era demasiado grande. Por su parte, la ‘rentrée’ española fue vista en su momento con suspicacia; y luego con distancia por la población, cuando los ‘nuevos conquistadores’ se han tambaleado tras años de falta de sensibilidad social. Para rematarlo, el revisionismo de los presidentes Hugo Chávez, Evo Morales o Rafael Correa ha repercutido en un cierto desprestigio español.

Nadie duda de que los gobiernos latinoamericanos necesitan una mayor autonomía. Sin embargo, eso no significa que EE UU y España renuncien a jugar un papel en el futuro. No es bueno para la región el descreimiento hacia el Fondo Monetario Internacional o el Banco Interamericano de Desarrollo, sin tener aún un recambio institucional viable y sólido. Tampoco es buena la fragmentación de proyectos solapados o rivales: el NAFTA de México, EE UU y Canadá; la Unión Sudamericana de Naciones (UNASUR); el Grupo de Río; el ALBA andino; o los Tratados que Estados Unidos y la UE, cada uno por su lado, intentan cerrar con los distintos países.

La única oportunidad que les queda a España y a EE UU para recuperar políticamente a América Latina es ofrecer un proyecto ambicioso de mayor integración hemisférica, donde ambos contribuyan en lo que pueden -que es mucho- a la prosperidad del área. El imperio español, el patio trasero norteamericano o la revolución guevarista se esfumaron en el tiempo; pero aún no ha surgido un proyecto nuevo que los sustituya. Así las cosas, más que el «¿Por qué no te callas?» que el Rey espetó a Chávez -en un vano intento de marcar el territorio perdido-, la pregunta que deberíamos hacernos es: «¿Por qué nos callamos?».

La gira de Obama por México y, posteriormente, la Cumbre de las Américas han puesto de manifiesto el interés renovado de EE UU hacia sus vecinos y la necesidad de no olvidar foros multilaterales como la Organización de Estados Americanos. Ahora cabe preguntarse: ¿qué proyecto para las Américas les interesaría más a Obama y a Zapatero y qué puede aportar España?

En el nuevo tablero latinoamericano, la sutil tentación de Lula es, diríamos, mantener a los brasileños ‘in’, a Chávez ‘down’ y a EE UU y la UE ‘out’. Mientras México parece absorbido por su vecino del norte, Brasil, por su parte, no está pidiendo permiso a nadie para colocarse en el centro de las transacciones. Para Estados Unidos y para la Unión Europea (que ha firmado una Asociación Estratégica con Brasil), que ésta se erija en mediador y líder puede servirles para quitarse problemas de en medio. Brasil va a actuar siempre con la moderación y la previsibilidad propias de una gran potencia, y, de otro lado, es la única capaz de neutralizar los movimientos reactivos del eje populista. México es el otro gran ‘partner’ para la energía, el desarrollo económico y social, además de en la lucha contra el narcotráfico.

Sin embargo, el proyecto que le interesa a España es otro: uno de carácter integrador (con Cuba, claro) en que las Américas relanzan la cooperación con nuestro país y la UE y se coordinan los foros existentes. En una palabra: una ampliación del hemisferio occidental. En esa ‘América para todos los americanos, más la UE’, se crearían poderosas sinergias y se impulsarían proyectos de grandes dimensiones en las infraestructuras, la energía o la innovación tecnológica. Si España lidera el refuerzo y la coordinación de las acciones europeas, se colocaría en el centro de múltiples triangulaciones: por ejemplo, en la Asociación UE-América Latina y Caribe; en las cumbres iberoamericanas, o en la OEA. ¿Por qué no ‘europeizar’, bajo liderazgo español, las iniciativas y los programas de cooperación existentes, en Bruselas y en Washington? Podemos aportar el ‘expertise’ español y europeo (Comisión) en energías renovables, en desarrollo social, la gobernabilidad o la capacitación técnica.

No estaría de más que Zapatero hablase de todo esto pronto con Obama. Si España no mueve ficha, las cosas van a ir por otros derroteros en las Américas, seguramente sin nosotros.

Vicente Palacio, subdirector del Observatorio de Política Exterior Española (OPEX) de la Fundación Alternativas.