Occidente se toma en serio el cambio climático

A medida que se aproxima la Cumbre del Clima de París, la necesidad de una acción global ambiciosa para luchar contra el cambio climático se hace cada vez más evidente. Catorce de los 15 años más calurosos desde que hay registros han tenido lugar en el siglo XXI, y el año pasado fue el año más caluroso de toda la historia registrada. Las emisiones de gases de efecto invernadero siguen al alza y, según el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC en sus siglas en inglés), han llegado ahora a niveles desconocidos desde hace al menos 800.000 años.

Después de décadas de progresos solo intermitentes, y principalmente en Europa, la situación crítica por la que atravesamos ha despertado por fin un liderazgo importante, que ha surgido de un lugar que algunos hubieran creído improbable: el hemisferio occidental. En los últimos días, tanto México como Estados Unidos han presentado unos objetivos sobre el cambio climático (las Contribuciones Nacionales, conocidas como INDC por sus siglas en inglés) oportunos, ambiciosos y transparentes a la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC). Dado que llegan en el primer trimestre del año, debemos esperar que estas acciones marquen la pauta de una cadena de planes ambiciosos por parte de socios de todo el planeta, sobre todo en las economías emergentes.

México es la primera gran economía emergente que presenta un objetivo para 2020, y también el primer país no incluido en el Anexo 1 (el de los países industrializados) que se somete de manera formal. Desde muchos puntos de vista, el plan de México supone un ejemplo que deberíamos esperar que sigan otras economías emergentes, estableciendo compromisos sólidos y sin condiciones. El plan de México incluye compromisos para reducir la contaminación por carbono, metano, óxido de nitrógeno e hidrofluorocarburos súper contaminantes en un 22% en 2030, y reducir las emisiones por carbón en un 51% en 2020. Se estima que el impacto combinado de estas medidas supondrá una reducción del 25% de los gases de efecto invernadero y de los contaminantes atmosféricos de corta vida.

Tal vez lo más notable sea que México se ha comprometido también a reducir las emisiones definitivamente en todos los sectores de su economía a partir de 2026. Es importante señalar que estos objetivos se apoyan en sólidas medidas políticas internas de reforma del sector de la energía, mejoras en el sector del combustible, y la puesta en marcha de una tasa sobre los combustibles fósiles.

Por su parte, Naciones Unidas ya ha formalizado el compromiso adquirido por el presidente Obama el pasado mes de noviembre en China, cuando hizo un anuncio histórico, junto al presidente chino, Xi Jinping. Para 2025, Estados Unidos habrá reducido su emisión de gases de efecto invernadero de un 26% a un 28% respecto a la cifra en la que se encontraban en 2005. Este compromiso supone alrededor del doble de la actual tasa de reducción de emisiones, y en la zona más alta del espectro encaminaría a Estados Unidos directamente a la reducción profunda de sus emisiones, del orden de un 80% a mediados de siglo. Unas cifras necesarias para conseguir la gradual eliminación de la dependencia de los hidrocarburos en nuestra economía.

Quienes estén preocupados por el hecho de que el compromiso de Estados Unidos no pueda hacerse realidad a causa de la presencia de un Congreso hostil y obstruccionista liderado por los republicanos, que estén tranquilos: estos objetivos pueden lograrse utilizando leyes que ya están escritas. Además, este verano, el plan de energías limpias (CPP) propuesto por la Agencia de Protección Ambiental habrá concluido. El CPP reducirá la contaminación por carbono del sector energético —la fuente principal de emisiones de efecto invernadero en Estados Unidos— en un 30% en 2030. El Gobierno de Obama también está dando pasos para aumentar la eficiencia del transporte, desarrollar más energías renovables, ir reduciendo los hidrofluorocarburos y disminuir las emisiones de metano de los sectores del petróleo y del gas.

Los pasos dados por Estados Unidos y México marcan un hito significativo en el camino hacia la cumbre de París. Estos planes, junto con las contribuciones de Europa y de China, ilustran no solo la voluntad de poner en marcha un conjunto de herramientas políticas para atajar el cambio climático, sino que evidencian la voluntad política de asumir responsabilidades.

Estados Unidos y México llevaron su compromiso con la acción contra el cambio climático un paso más allá, comprometiéndose también a fortalecer la colaboración bilateral a ambos lados de su frontera compartida. Tras el anuncio del plan mexicano, el presidente Obama y el presidente Peña Nieto anunciaron la creación de un nuevo equipo de trabajo bilateral de alto nivel para la energía limpia y la política climática, diseñado para profundizar en la coordinación política y regulatoria (incluyendo la electricidad limpia, la modernización de las redes de cableado, la calidad de los electrodomésticos y la eficiencia energética), y para promover en ambos países parques automovilísticos con un consumo más eficiente.

Ha llegado el momento de que otras economías importantes y emergentes tomen ejemplo; y concluyan y presenten contribuciones nacionales ambiciosas a la CMNUCC. Sabemos cuál es la manera de enfrentarse al cambio climático: tecnologías y soluciones legislativas para utilizar más energía limpia, menos energía contaminante, menos energía en general, y construir comunidades que tengan una mayor capacidad de adaptación. Ha llegado el momento de que el mundo convoque su propia voluntad de pasar a la acción. El cambio climático es un problema global que exige una solución global. También es un problema generacional que exige una anticipación generacional.

Todo el mundo debe poner de su parte para generar un espíritu de cooperación y ambición. Si lo conseguimos, entonces podremos forjar un pacto global sobre el clima que evite dejar a las generaciones del futuro un planeta dañado más allá de la capacidad que puedan tener ellos para arreglarlo.

John D. Podesta es miembro del consejo del Center for American Progress y fue asesor del presidente Obama para la energía y el cambio climático. Traducción de Eva Cruz.

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